El Limbo, ese lugar de perpetua espera en el que ni se sufre ni se goza y que estaba reservado hasta ahora para los niños que morían sin bautizar, cerrará muy pronto sus puertas.
La Comisión Teológica Internacional, que se reúne anualmente en el Vaticano, ha determinado la supresión de este concepto al considerar que los niños que fallecen sin recibir el sacramento del bautismo quedarán en manos de "la misericordia de Dios" e irán, quizá, al paraíso.
Benedicto XVI ya había dicho en1984 que, como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Limbo era solamente "una hipótesis teológica" y ya no era "pastoralmente operativa".
Sin embargo, en contra lo que se esperaba, durante la misa del pasado viernes el Pontífice no hizo ninguna referencia a este tema.
Algunos medios habían asegurado que el Sumo Pontífice cancelaría el viernes formalmente la existencia del limbo, pero el arzobispo italiano Bruno Forte, un importante miembro de la comisión, dijo que su grupo aún estaba afinando detalles del documento que trata la supresión.
El Limbo tendrá que seguir donde está, al menos, unos meses. Pero sus días están contados.


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