El escritor marroquí Tahar Ben Jelloun destacó la doble faceta de "visionario y valiente" del escritor egipcio de quien dijo que "ha sido testigo de su época, testigo a la escucha de su pueblo, al que encontraba cotidianamente en su calle, en su café".
Ha sido testigo de su época, testigo a la escucha de su pueblo, al que encontraba en su calle, en su café
Su obra "hace honor no sólo a las letras árabes sino a la literatura universal", dijo en un comunicado en el que comparó su obra con la de escritores como Balzac, Zola, Tolstoi y Faulkner.
En el plano personal subrayó que Mahfuz apoyó el acuerdo de paz entre su país e Israel en 1979 porque "no le gustaban los conflictos" y lamentó que algunos "países árabes lo castigaron por eso y se equivocaron, porque confundieron al escritor con la persona".
A este sentir también se unieron políticos como el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, quien afirmó que "pocos como él se han esforzado por entender a los demás y por buscar una vía de encuentro y diálogo entre culturas y religiones".
Pocos como él se han esforzado por entender a los demás y por buscar una vía de encuentro y diálogo entre culturas y religiones
En México la pérdida de Mahfuz ha sido muy sentida: la magia de sus libros fue llevada al cine en dos ocasiones por directores mexicanos,"Principio y fin" (1993), de Jorge Fons, y "El callejón de los milagros" (1995), de Arturo Ripstein.
El poeta nicaragüense Ariel Montoya aseguró que "fue un escritor abierto a la tolerancia y a la libertad en la disidencia de las ideas".
Siempre sostuvo posiciones de tolerancia y respeto ante las difíciles negociaciones políticas entre egipcios y palestinos, subrayó Montoya, y recordó que fue un defensor de los acuerdos de Paz que se firmaron ambas partes en 1979.
En su opinión Mahfuz fue un gran escritor, que dio una dimensión de universalidad a El Cairo, al usar la ciudad como epicentro de las calamidades y virtudes humanas demostradas por los personajes de sus novelas como hicieron Jorge Luis Borges con Buenos Aires, Victor Hugo con París, o Vargas Llosa con Lima.
El escritor salvadoreño y director de la Biblioteca Nacional, Manlio Argueta, lamentó la muerte del escritor egipcio al que calificó de "gran escritor" porque sus escritos "expresan la cultura de su pueblo con sencillez. Lo malo, la violencia, las costumbres".
Fue un escritor abierto a la tolerancia y a la libertad en la disidencia de las ideas
Bush extendió su pésame a la familia y los amigos de Mahfuz "por la pérdida de un artista extraordinario que transmitió al mundo la riqueza de la historia y sociedad egipcias".
El presidente de Francia, Jacques Chirac, manifestó "gran emoción" por la muerte del escritor egipcio, de que dijo ser un "creador fuera de lo común" y "gran figura de la literatura mundial y hombre de tolerancia y diálogo".
Por su parte, el presidente de Túnez, Zine el Abidín Ben Alí, envió un mensaje de pésame a su homólogo egipcio, Hosni Mubarak, en el que afirma que el finado deja una obra "fecunda e imperecedera, que honra la cultura árabe".
Mahfuz plasmó en sus obras el clima de cambio político que siguió al derrocamiento de la monarquía egipcia en 1952, en su "Trilogía de El Cairo" (1956-1957), inspirada en su propia biografía, y narra la historia de una familia de clase humilde durante los años 1917 y 1944 en Egipto.
Su producción comprende unas cuarenta novelas y colecciones de cuentos, la mayoría traducida al inglés y francés.
Entre sus obras cabe destacar "Chicos de Gebelawi" (1959), "El ladrón y los perros" (1961), "Miramar" (1967), "La Azucarera" (1990) y "Palacio del deseo" (1990).


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