Natascha Kampusch, que tiene ahora 18 años, no aludió al 'contacto sexual' al que, según la policía, hizo mención cuando huyó de él la semana pasada. Un portavoz policial dijo anteriormente que no estaba claro si el contacto había sido consensuado o forzado.
'Éramos igualmente fuertes, no era mi maestro', dijo en un comunicado leído por su psiquiatra, Max Friedrich, en rueda de prensa en Viena, en la descripción de las circunstancias de un secuestro que ha conmocionado a los austriacos.
Kampusch dijo que su captor, Wolfgang Priklopil, de 44 años, le pidió que le llamara 'maestro' pero ella se negó. También describió cómo ella amuebló la celda de seis metros cuadrados junto con su secuestrador, desayunaba con él, le ayudaba a cocinar y charlaba con él,
'Para darles una metáfora, me llevó en brazos pero también me pisoteó', dijo en un comunicado.
En 1998, Priklopil la secuestró cuando la joven tenía diez años e iba al colegio y la encerró en una celda sin ventanas oculta bajo su garaje en un pueblo a las afueras de Viena.
Después de que la joven huyera cuando le limpiaba el coche, el hombre se tiró a un tren en Viena. Para su cautiva, su muerte fue en vano.
'Bajo mi punto de vista, su muerte fue innecesaria. Era parte de mi vida y es por eso por lo que, de alguna forma, lo lamento', dijo Kampusch en un comunicado. 'Siento lástima por su madre', añadió.
A diferencia de lo que recogían algunas informaciones, no lloró cuando conoció su muerte, añadió.
PROFUNDA HUELLA
Los expertos han dicho que sufre el síndrome de Estocolmo, un trastorno psicológico en el que el prisionero se identifica con el captor.
Su psiquiatra dijo que el cautiverio le había dejado profundas cicatrices psicológicas, pero añadió que era también una mujer madura.
'Natascha está muy, muy traumatizada', dijo Friedrich. 'Fue víctima de un delito muy grave'.
Kampusch dijo que se dio cuenta de que su adolescencia había sido diferente a la de la juventud de su edad.
'Mi juventud fue diferente', dijo. 'Pero también me privé de muchas cosas - no comencé a fumar ni beber y no salí con malas compañías', añadió.
Kampusch, que vive en un lugar secreto y está siendo cuidada por un psiquiatra y por policías, dijo que estaba en contacto con sus padres por teléfono, pero pidió que los medios la dejaran en paz.
'Soy muy consciente del impacto que los últimos días han tenido en ustedes', dijo Kampusch, dirigiéndose a los periodistas.
'Saber que algo como esto ha podido ocurrir es sorprendente y da miedo, pero no voy a responder a más preguntas sobre detalles íntimos y personales', añadió.
'Denme algún tiempo para poder contar yo misma la historia', concluyó.
/Por Alexandra Zawadil/


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