La Schleswig-Holstein Haus de Schwerin, capital del Estado federado alemán de Mecklemburgo-Pomerania Occidental , ha inaugurado la primera gran retrospectiva en un espacio público de Alemania dedicada al que fue escultor preferido de Adolf Hitler, Arno Breker.
Breker (1900-1991) era antes del nazismo un reconocido artista, pero con la llegada al poder de Hitler, en 1933, se convirtió en escultor predilecto del Führer y exponente de la estética monumentalista del régimen.
La exposición parte cronológicamente de los años 20, en que Breker se colocó en la línea del artista francés Auguste Rodin.
Se centra luego en su más controvertida etapa, de 1933 a 1945, en la que realizó para Hitler algunas de sus más famosas piezas, así como trabajos destinados a Germania, la megalómana ciudad que planificó -y nunca realizó- el arquitecto más representativo del nazismo, Albert Speer.
El "estigma" de Hitler
El escultor es el equivalente en la escultura a lo que Leni Riefenstahl representó en el cine con sus documentales sobre el congreso nazi de Nuremberg en 1934 y los Juegos Olímpicos de 1936, que la estigmatizaron hasta su muerte en 2003, a los 101 años de edad.
Como en el caso de Riefenstahl, sobre la reputación de Breker planea la pregunta de hasta qué punto "sirvió" al régimen o sólo trabajó para éste o si puede convertirse en proscrito a un artista, de reconocido valor como tal, por su relación con Hitler.
Breker trabajó con entusiasmo para Hitler, quien lo consideró entre sus amigos, y por encargo de éste realizó, asimismo, las imponentes esculturas que siguen en el Olympiastadion berlinés.
En el Mundial 2006, más polémica
La celebración en el remodelado estadio de algunos partidos del Mundial de Fútbol 2006 -incluida su final- reavivó la polémica en torno a Breker.
En las semanas previas al torneo se lanzaron propuestas para retirar o al menos "tapar" esas esculturas.
Más o menos lo mismo ha ocurrido con la exposición que estará abierta hasta finales de octubre en Schwerin.
Representantes de la intelectualidad alemana, como el presidente de la Academia de las Artes de Berlín, Klaus Staeck, calificó al artista de "decorador de la barbarie" y, por tanto, de "inaceptable" la exhibición de su obra en un espacio público.
Otros la defendieron, como Grass, y el ex vicepresidente del Consejo Central de los Judíos de Alemania, Michel Friedman, la calificó de puerta a la reflexión sobre las relaciones entre el arte y el nazismo.




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