Desde el minuto 1 del año 2012 el mensaje de los gobernantes de todo el mundo era claro: hay que prepararse para un año difícil, quizá más que el anterior (tal y como aseguró la canciller alemana, Angela Merkel). Las previsiones son pesimistas: se espera que el problema del paro, lejos de solucionarse, empeore aún más, que la inflación crezca, que el fantasma de la recesión no nos abandone en todo el año, que la políticas de ajustes no cesen debido al déficit público, las primas de riesgo y la rentabilidad de las deudas soberanas.
Los pronósticos, según señalan desde Consumer, pueden ayudar a entender por dónde pueden ir los tiros en el caso concreto español.
PIB (Producto Interior Bruto): muchos analistas, Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas), creen que la economía española puede entrar en recesión durante los primeros seis meses de 2012. Esto, de ocurrir, significa que no generará más riqueza, sino que destruirá parte de la actual y el Estado del Bienestar se deteriorará.
Desde Funcas se estima que la economía española se retraerá un 0,5% el próximo año. La contracción afectará, sin duda, a los ciudadanos. Si no se genera riqueza, es más que probable que las posibilidades para crear empleo sean muy reducidas. Además, ante la situación de debilidad económica, el nuevo Gobierno ya ha impuesto medidas para tratar de hacer frente a los deficitarios ingresos públicos. Suben los impuestos (el IRPF y las retenciones sobre los productos financieros), lo que hará que el ahorro de los ciudadanos sea menor.
Paro: la cifra de desempleados en España es crítica y se espera que la cosa pueda empeorar durante este 2012. Las previsiones de la OCDE apuntan que la tasa de parados llegará al 23% (previsión compartida por Funcas) en 2012 y que mejorará “ligeramente” en 2013, aunque la cifra de cinco millones de parados no bajará de esa cifra el año que viene.
Si a esto unimos la mala situación económica de muchos negocios, la caída en picado de un sector como el de la vivienda o que muchos trabajadores cualificados españoles se ven obligados a marchar a países como Alemania o Suiza, el panorama es desolador.
IPC (Índice de Precios al Consumo): los precios continuarán con la tendencia alcista de 2011, que terminó con una inflación del 2,9% (los precios crecieron en este porcentaje en todo el ejercicio). Las previsiones de Funcas apuntan que en 2012 el IPC (índice de precios al consumo) se elevará un 1,6%; los ciudadanos tendrán que hacer frente a una cesta de la compra más cara. En el índice se esperan incrementos en los alimentos básicos, como el pan y hortalizas (tomate o zanahoria).
Por otro lado, la bajada de tipos decretada por el Banco Central Europeo a finales de 2011 (pasaron del 1,50% al 1,25%) ha supuesto una caída de la rentabilidad media de depósitos y cuentas corrientes, los principales vehículos financieros de sesgo conservador. Quedan, sin embargo, reductos de los cuales el contribuyente se puede beneficiar. Por ejemplo, las Letras del Tesoro también pueden ayudar a combatir el IPC en este 2012. La crisis de deuda sigue sin amainar, algo que mantiene a España en el punto de mira. El Tesoro Público se mantiene presionado por el mercado para pagar más por colocar sus activos. El inversor puede aprovechar estas oportunidades. Hoy en día, las Letras del Tesoro a un año suponen rentabilidades medias del 3,5% en el mercado secundario.
Vivienda: todo indica que habrá nuevos retrocesos de precios (se esperan retrocesos que oscilarán entre el 5% y el 10%, de media). En 2011, el precio medio de la vivienda nueva libre cayó un 4%, según datos de Sociedad de Tasación. La empresa estima que el año pasado se iniciaron 81.000 casas, la cifra más baja desde 1985. Según sus cálculos, en los cuatro últimos años de crisis, los pisos se han abaratado un 18,2% sin contar la inflación y un 27%, en términos nominales (descontado el IPC).
Reforma en la banca: según cálculos del Ministerio de Economía, los bancos españoles necesitan 50.000 millones de euros para cubrir pérdidas derivadas por su exposición al sector inmobiliario. En 2012 son posibles nuevas intervenciones por parte del FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) y fusiones entre entidades. ¿Cómo afecta esto al ciudadano? Si su entidad cambia de manos, deberá estar atento a las posibles modificaciones aplicadas en su política comercial. Además, víctimas de la crisis de deuda y de la debilidad económica, los bancos se mantendrán muy restrictivos al conceder préstamos. Los tipos de interés de las hipotecas no dejan de crecer.
Bolsa: en 2011, el Ibex concluyó con una pérdida del 13%, pero los números rojos ascienden al 28,9% si se tienen en cuenta los dos últimos años. Algunas casas de análisis, como Renta 4, estiman que el Ibex puede subir un 20% hasta el cierre del ejercicio, aunque aventuran que los altibajos y la volatilidad seguirán muy presentes. Se prevén oscilaciones en el índice entre 7.300 y 11.200 puntos. El ahorrador conservador, por prudencia, debería mantenerse alejado de este mercado de riesgo.
Crisis de deuda: la gran incertidumbre y uno de los términos económicos clave de este año. En 2011, copó un elevado protagonismo el término prima de riesgo, es decir, la rentabilidad que deben pagar los Gobiernos por colocar su deuda en comparación con Alemania, país de referencia en Europa. Grecia se vio (y todavía se ve) obligado a pagar rentabilidades de hasta el 35% por sus bonos a diez años, Italia abonó el 7% y España llegó casi a este mismo porcentaje. En este ejercicio, serán claves las intervenciones del Banco Central Europeo: deberá comprar importantes paquetes de deuda e inyectar liquidez a los bancos. Se espera que actúe como cortafuegos para evitar el contagio a economías solventes y que mantengan los costes de financiación en niveles razonables. El mercado también exige mayor disciplina fiscal y que se flexibilice la postura de Alemania. Si este país cede, el mercado debería asistir a una moderación del riesgo soberano. Si no cede, se extremará la tensión al máximo. Para el ahorrador español, eso supondrá tener interesantes oportunidades de compra de deuda pública, con tipos de rentabilidad elevados, por encima del precio oficial del dinero (en el 1,25%). Si la tensión se disipa, sin embargo, será beneficioso para que la economía recobre fuelle, ya que facilitará la disminución del gasto público.


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