El magistrado militar responsable del juicio contra el analista militar Bradley Manning, acusado de entregar documentos clasificados a la web Wikileaks, ha rechazado la petición de la defensa para que se apartase del proceso.
Tras un receso de 90 minutos en la vista para estudiar la solicitud, el coronel Paul Almanza, investigador jefe de la audiencia y equivalente de un juez civil, dijo que se consideraba una "persona razonable" y que, pese a los temores de la defensa, actuará de manera imparcial en este juicio, según ha informado The New York Times.
Se consideraba una "persona razonable" y, pese a los temores de la defensa, actuará de manera imparcial El abogado de Manning, David Coombs, había pedido la retirada de Almanza por rechazar a 36 de los 38 testigos de la defensa, en un claro gesto de "parcialidad", según el letrado.
Manning, que desde su detención en mayo de 2010 todavía no ha realizado declaraciones, se encontraba presente en la sala, vestido con pantalones militares y con gafas de pasta negra, según informó un corresponsal de la cadena BBC en la sala de la base militar Fort Meade, donde se celebró la audiencia.
El soldado, de 23 años -este sábado cumplirá 24, durante el segundo día de la sesión--, está acusado de 22 cargos criminales por los que podría ser sentenciado a cadena perpetua, licenciamiento con deshonor y suspensión permanente de paga. La acusación más grave es la de "ayudar al enemigo", un delito castigado con la pena de muerte. La Fiscalía militar, no obstante, asegura que no pedirá esta sentencia.
Denuncias de vejaciones
Organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional, han criticado las condiciones de detención de Manning, cuyo abogado denunció a principios de marzo que el soldado estaba recibiendo vejaciones y tratamientos "inapropiados" en Quantico.
Según estas informaciones, Manning estaba confinado 23 horas al día en una celda casi desprovista de mobiliario, sin almohada, sábanas y objetos personales, y además se le obligaba a dormir desnudo, supuestamente para garantizar su seguridad y evitar que pueda suicidarse con "la goma de su calzoncillo".
La polémica aumentó cuando el ahora exportavoz del Departamento de Estado, Philip Crowley, tachó el trato que daba el Pentágono a Manning de "ridículo, contraproducente y estúpido", afirmación por la que posteriormente dimitió. Tanto el Departamento de Defensa como el presidente Barack Obama negaron las acusaciones.


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