Blair, que dio su apoyo a Maliki pocos días después de que se formase un gobierno de unidad nacional entre chiíes, suníes y kurdos, no quiso entrar en fechas concretas, al igual que el presidente estadounidense, George W. Bush, que se mostró cauto sobre esta cuestión.
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'Lo que queremos ver en Irak es una nación independiente y soberana (...) con los iraquíes en control de todos los aspectos, incluyendo la seguridad', declaró el primer ministro británico en una rueda de prensa.
Maliki sostuvo que los iraquíes necesitan más entrenamiento y equipamiento, y reconoció que la profusión de fuerzas supone un riesgo de guerra civil, una situación que complicaría enormemente cualquier retirada extranjera,
Sin embargo, Samawa y Amara - dos provincias sureñas chiíes que están en paz desde hace tiempo y están controladas por las tropas británicas - podrían ser entregadas a los iraquíes el mes próximo y un comunicado conjunto de los dos gobiernos dijo: 'A finales de año, la responsabilidad de casi toda la seguridad territorial de Irak debería haber sido transferida a control iraquí'.
En diciembre, solo Bagdad y Anbar - la provincia desértica occidental donde dominan los insurgentes árabes suníes - permanecerían bajo control estadounidense.
Washington ha dicho que es demasiado pronto para establecer un calendario de salida de sus 133.000 soldados - Londres tiene unos 7.000. Bush señaló que responsables estadounidenses consultarán a Maliki sus necesidades.
'A medida que el nuevo gobierno iraquí aumenta en confianza y capacidad, América jugará un papel cada vez más de apoyo', dijo Bush.
Nueve personas murieron el lunes en Bagdad durante la visita de Blair, a lo que hay que sumar al menos otras 20 muertes violentas en el resto del país.
'UN NUEVO COMIENZO'
Washington y Londres cuentan con el duro Maliki - que se ha comprometido a usar la 'máxima fuerza contra los terroristas' - y esperan que la participación de la minoría suní - que dominó el país durante el régimen de Sadam - pueda desactivar la rebelión en Anbar y otras zonas.
'Ha durado más y ha sido mucho más duro de lo que ninguno de nosotros queríamos que fuera, pero es un nuevo comienzo', declaró Blair, que ha empleado mucho capital político en esta polémica guerra. 'El gobierno de unidad debe aprovechar ahora este momento', añadió.
Un alto responsable de seguridad que le acompañaba dijo que espera que todas las tropas de combate puedan irse durante el mandato de cuatro años del nuevo gabinete:
El control total probablemente seguirá en manos norteamericanas aunque sean los iraquíes los que patrullen las calles. Maliki espera mostrar que puede llevar la independencia y la seguridad al país, pero reconoció que los 325.000 soldados y policías iraquíes necesitan más medios.
Las dificultades persisten: aún no hay ministros del Interior ni de Defensa, y no se sabe cómo quedará la distribución de las reservas petroleras de Irak, las mayores del mundo.
/Por Katherine Baldwin y Fredrik Dahl/


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