La madre del bebé que murió en el parto cree que su hija estaría viva si la cesárea se hubiera hecho antes

Cuando se realizó, la niña ya había fallecido

La madre del bebé que murió en el parto, un hecho por el que el Servicio Cántabro de Salud deberá abonar una indemnización de 100.000 euros, cree que su hija estaría viva si la cesárea se hubiera hecho antes.

En declaraciones a Europa Press Televisión, la mujer que dio a luz, Anabel Fernández, ha explicado que cuando se puso de parto, hacía la una y media de la noche del 15 de enero de 2008, estaba embarazada de 41 semanas.

"Fui de urgencias, y al romperme la bolsa de agua me salió meconio (sustancia viscosa y espesa de color oscuro a negro compuesta por células muertas y secreciones del estómago e hígado del recién nacido), por lo que me asusté un poquitín, porque siempre había oído que si te salía agua verde tenías que ir de urgencias, pero me tranquilizaron", explicó.

Anabel recuerda que poco más tarde notó "que las pulsaciones de los latidos de la niña iban muy lentas", por lo que le dijo a su marido que avisaran a las enfermeras. Éstas tranquilizaron a la pareja, por lo que ambos se quedaron dormidos. A lo largo de la noche, el personal sanitario acudió a la habitación que ocupaba la parturienta, y le eximinaron.

Sin embargo, hacia las ocho de la mañana, les comunicaron que tenían que hacerle una cesárea "de urgencia". "Cuando desperté me dieron la noticia de que la niña se había muerto", recuerda.

A la joven le explicaron que la niña, entre otras cosas, se había muerto tras haber sufrido varias taquicardias, que tenía el cordón umbilical alrededor del cuello, y que la habían intentado reanimar varias veces "sin éxito". "Nos dijeron que iban a abrir una investigación interna y nada más", agregó.

Anabel recurrió a los tribunales tras constatar, entre otras cosas, que había llevado "un embarazo normal". "Yo llegué con la niña viva, porque la notaba, y lo único que te hace sospechar es cuando vi las aguas verdes, que eso decían siempre que era malo. Yo no sé si es por el tiempo que esperaron, que inhalaría o lo tragó. Es por lo que sospechamos toda la familia, y por eso nos llevó a pensar que algo había pasado. No es normal que vayas bien, y la niña esté viva y en el transcurso de esas horas fallezca", enfatiza.

La joven ha explicado que finalmente acudió a los tribunales convencida de que había sido "una negligencia". "Si no hubiese pasado, la niña estaría aquí. Te metes (en juicio) no por el dinero, sino para hacer justicia y que no vuelva a pasar en los hospitales. Para que tomen más precauciones en los hospitales", declara.

Anabel se muestra convencida de que si en vez de haberle practicado la cesárea a las ocho de la mañana se la hubieran practicado a las tres de la madrugada "la niña estaría viva".

El fallo

En el fallo se explica que el SCS deberá abonar a la pareja la indemnización más los intereses legales por los daños y perjuicios sufridos por la "mala praxis y disfunción asistencial" que llevó a la muerte de su hija en el transcurso del alumbramiento.

Y es que aunque finalmente se practicó la cesárea, cuando ésta se hizo el feto, —que había sufrido un deterioro progresivo que "no había sido detectado" por los médicos—, ya estaba muerto.

Según la sentencia, alrededor de la una de la madrugada la paciente, de 26 años, comenzó a presentar dolores de parto, con contracciones cada cinto minutos, por lo que fue ingresada en Valdecilla.

A los pocos minutos de iniciarse la monitorización, el registro se volvió anómalo y, a pesar de que persistieron estas anomalías del patrón, se interpretó como correcto. Más tarde, cuando el registro ya era "extremadamente grave" en lugar de finalizar el parto se indicó nuevamente la perfusión de oxitocina.

En la asistencia que consta en la historia clínica de la joven se señala que no se extremó en ningún momento la precaución ni se actuó conforme a una buena praxis médica.

De hecho, el jefe del servicio de obstetricia y ginecología de Valdecilla manifestó que "ya en las primeras exploraciones puede observarse un riesgo de pérdida del bienestar fetal" y que tras la bradicardia grave —que por sí misma constituye un patrón de "grave riesgo"— debió procederse a la extracción fetal para evitar así peligro para el feto.

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