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Fotos
Los personajes de los lienzos y grabados de Otto Dix (1891-1969) son deformes hasta la caricatura, tienen miradas inquisidoras, maliciosas o perversas y viven en un mundo torcido y miserable. Lo más aterrador es que, incluso mirándolos ahora, no resultan irreales.
En sus autorretratos, el expresionista alemán tiene el ceño fruncido y la mirada desconfiada de un animal al que apalearon. Lo que vivió en la I Guerra Mundial tuvo la culpa.
La Kunsthalle de Hamburgo inaugura la exposición Otto Dix. Der Krieg (Otto Dix. La guerra). Es una colección de 50 dibujos nacidos de los bocetos que Dix hizo en el campo de batalla de la primera guerra moderna de la historia.
Se alistó por fervor romántico
El acontecimiento le cambió la vida a los 22 años, cuando se alistó, movido por un fervor romántico e idealista, como voluntario. Aunque no murió en la contienda y las heridas físicas se curaron, su mente se quedó allí, revisando en bucle los cadáveres apilados en las trincheras.
La Gran Guerra (como se llamó en el momento) fue el primer conflicto bélico en el que los dos bandos (Alemania, por un lado, y los aliados, Francia, Inglaterra; Rusia y los EE UU, por otro) utilizaron gases venenosos, bombardearon con aviones ciudades enteras y utilizaron armas de repetición. Las batallas ya no eran cuerpo a cuerpo, las máquinas convertían la guerra en la más letal que se había conocido.
Los dibujos que reúne la Hamburguer Kusthalle son el principio del viaje artístico de Otto Dix a las cloacas de la humanidad. Es una colección que se hermana con Los desastres de la guerra, de Goya: dibujos rápidos, en blanco y negro, que muestran hasta dónde puede llegar nuestra bestialidad.
Un soldado loco, otro comiendo en el hueco de una trinchera junto a un esqueleto congelado, combatientes enterrados vivos, cráteres de bombas...
Las atrocidades son igual de goyescas, salvo que mutilaciones, cadáveres y descomposición se mezclan con los avances de la técnica del gas mostaza y las metralletas. Los guerreros del siglo XX, tras los cascos de acero y las máscaras de gas, ya ni siquiera parecen humanos.

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