Los Juegos Olímpicos, ¿gasto o beneficio para la ciudad sede?

Estadio Olímpico de Barcelona
Imagen del Estadio Olímpico de Barcelona durante los Juegos de 1992. (GTRES)
  • La celebración de unos Juegos es un escaparate mundial para la ciudad.
  • El impacto socioeconómico y su rentabilidad no siempre son los esperados.
  • En los últimos años se intercalan grandes aciertos, como Barcelona y Sidney, con otros tantos fracasos. El desastre más llamativo es el de Atenas 2004.
  • Madrid encara su tercera candidatura. ¿Qué papel juega la actual crisis?
  • "Si una inversión se hace bien, los Juegos deberían ser rentables", afirma José María Mella, profesor de economía de la Universidad Autónoma de Madrid.

La celebración de unos Juegos Olímpicos es un escaparate mundial para la sede organizadora, una inmensa campaña publicitaria que proyecta la imagen de la ciudad.

Por ello, muchas ciudades se lanzan a la carrera olímpica en busca de una oportunidad que les reporte esa fama y notoriedad mundial. Buscan recibir grandes beneficios en términos socioeconómicos y de liderazgo político.

Pero no siempre es así. El impacto de los Juegos Olímpicos en las sedes organizadoras, sus costes y beneficios, es un tema de controversia y debate continuo. Aunque virtualmente parece imposible conocer el coste real de la celebración de unos Juegos, hay datos o variables que sirven para hacerse una idea de si unos Juegos han resultado rentables o no para la ciudad organizadora.

Según El impacto de los Juegos en las sedes Olímpicas, del Director del Centro de Estudios Olímpicos en la Universidad de Nueva Gales del Sur Richard Cashman, el calado de unos Juegos en una sede varía durante cuatro periodos:

- La candidatura. Para organizar unos Juegos Olímpicos, la ciudad debe desarrollar un plan que sea atractivo tanto para el COI como para la comunidad de acogida y de los grupos clave de interés en la ciudad anfitriona. Para ganar un concurso de oferta frente a otras ciudades, ésta debe prometer que el impacto de los Juegos no será perjudicial para la ciudad y el país en cuestión. Se debe demostrar que la ciudad anfitriona logrará un beneficio y evitará una carga excesiva a los ciudadanos, mejorando su calidad de vida.

Si las instalaciones no tienen un importante aprovechamiento, pueden convertirse en el blanco de las críticas; Rogge lucha contra los 'elefantes blancos'

- Los siete años para la organización de los Juegos. Es un período difícil para los organizadores, ya que deben administrar bien debido a la euforia de ganar la elección, enfrentándose con los diversos problemas que se han de superar en un corto período de tiempo. Algunos de los problemas son un aumento desfasado de las expectativas (no se pueden realizar todas las promesas), los intereses políticos, las promesas medioambientales incumplidas, las obras en las ciudades —uno de los puntos fuertes de Barcelona '92—, o las crisis externas (podría ser el caso de Atenas y algo que le podría pasar o haber pasado a Madrid).

- La celebración de los Juegos. Si bien la puesta en escena de los Juegos es el momento en que hay un mayor impacto en una ciudad, es un período en el que los ciudadanos se sienten con menos carga asociada a ellos. Unos optan por permanecer en la ciudad, y pueden vivirlos asistiendo incluso a los eventos deportivos. Otros prefieren 'huir' ante el agobio que conlleva ser la sede. Si los Juegos tienen éxito, la gente de la ciudad anfitriona puede disfrutar de la diversión y la gloria del evento. Sin embargo, si hay problemas de transporte o de seguridad, este estado de ánimo positivo puede disiparse rápidamente.

- Después de los Juegos. Históricamente, ha habido una atención inadecuada a la planificación para la etapa después de los Juegos y su legado. Las sedes se centran en ganar la candidatura, en la planificación de los Juegos y su puesta en escena. Uno de los aspectos más importantes es decidir qué se debe hacer con la infraestructura de los Juegos, sobre todo los nuevos espacios creados para la ocasión. Más atención debe prestarse para ver si se puede dar algún beneficio a los recintos olímpicos. Si las instalaciones no tienen un importante aprovechamiento, pueden convertirse en el blanco de las críticas. Por eso, en la última década, el presidente del COI Jacques Rogge lucha contra los proyectos olímpicos 'lujosos' que podrían convertirse en 'elefantes blancos' —término referido a los edificios y monumentos demasiado lujosos, ejemplos de despilfarro—. Londres, por ejemplo, tiene estadios y pabellones desmontables.

Grandes aciertos... y fracasos

El balance de la celebración de unos Juegos suele ser positivo. El tiempo ha demostrado que ha habido grandes aciertos en cuanto a reporte de beneficios en las ciudades sede de unos Juegos, pero también desastres que han lastrado la economía de la ciudad e, incluso, del país.

En los últimos años, ejemplos de éxito son los Juegos de Barcelona '92 y Sidney '00. El modelo de Barcelona es el que más alegrías ha dado a una ciudad organizadora en los últimos años. La celebración de esos Juegos hace ahora 20 años se considera un ejemplo de rentabilización. El secreto del éxito está en la obra civil: su capacidad de estructurar la ciudad. Las inversiones olímpicas de Barcelona y su impacto socioeconómico no tienen comparación con ninguna otra ciudad organizadora de los Juegos. Años después, Pekín siguió (de lejos) este modelo, Londres tendrá un impacto menor y un beneficio económico mayor (26.000 millones), y Río '16 espera obtener los resultados de la ciudad española basándose, otra más, en el modelo catalán.

El balance de la celebración de unos Juegos suele ser positivo

El coste total de los Juegos de 1992 fue de 6.728 millones de euros, y su impacto económico fue de 18.678 millones. Barcelona dinamizó su turismo, remodeló su ciudad y tuvo un gran impacto internacional, a pesar de suponer un golpe importante para las arcas del Estado y la Comunidad de Cataluña. Por eso, Barcelona sigue siendo hoy en día el mejor ejemplo de renovación urbana y crecimiento turístico (pasó de 1,7 millones de visitantes en 1992 a los casi 8 en 2007) después de unos Juegos.

En el otro lado de la moneda están los tres casos más claros de fracaso: Montreal '76, donde los Juegos resultaron un desastre financiero que aún hoy siguen pagando sus ciudadanos; Atlanta '96, queriendo organizarlos sin apenas impacto urbano, infraestructuras y donde, además, hubo un atentado; Atenas '04, donde falló la organización y hubo mucha corrupción. El caso de esta última es el más llamativo, ya que muchos analistas buscan el origen de la crisis económica actual de Grecia en los Juegos de 2004.

¿Y Madrid?

Al tanto de todos estos pros y contras, Madrid se lanzó hace ya algunos años a la carrera olímpica. Descartada para organizar los Juegos de 2012 y 2016, actualmente es una de las tres candidatas para organizar los del año 2020.

La tercera candidatura madrileña a unos Juegos llega en plena crisis económica y sin consenso político. Por ello, esta candidatura low cost ha prometido que no gastará ni un euro en nuevas infraestructuras hasta 2013, cuando el Comité Olímpico Internacional decida al ganador. A pesar de contar con el 80% de lo necesario construido, faltan el estadio olímpico, el centro acuático y la villa. Pero el objetivo es que el 100% de la inversión sea privada. La duda radica en saber cómo lograrlo.

José María Mella, catedrático de economía de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) afirma a 20minutos.es que "si una inversión —sea pública o privada— se hace bien, los resultados pueden ser positivos. Unos Juegos deberían ser rentables".

La crisis en la candidatura de Madrid 2020 afectará dependiendo de cómo se financie la inversión privada

Mella cree que "la economía así no puede continuar", por lo que "sería bueno animarla" con la candidatura de Madrid a los Juegos. "Hay que hacer un incremento de la inversión, recortar solo empeoraría las cosas. La marca Madrid y España se proyectarían en el mundo. Además, se incrementarían el consumo, el número de turistas y el capital extranjero para crear empleo, que es el importante, llegaría".

La crisis, cree Mella, "podría jugar una mala pasada a Madrid en cuanto a la elección de la sede para los Juegos de 2020. "Lamentablemente, la crisis influye negativamente. No podemos seguir así. España está, injustamente, muy mal vista en el exterior. Digo injusto porque la economía real (PYMES, energías renovables...) funciona bien, es la financiera la que está mal".

En el caso de que Madrid sea elegida, Mella espera que se hagan las cosas bien, "sin trampas". "El Ayuntamiento de Madrid es el más endeudado de España. La inversión no debe hacerse solo para los 15 días de los Juegos, después hay que saber reutilizar todo".

Según Mella, la crisis que nos azota "podría causar un efecto negativo" en los patrocinadores que, espera Madrid, financien ese 100% de la inversión. "Depende de cómo se financie la inversión privada. El dominio de los bancos impide que la economía real se pueda financiar y no fluye el crédito a las empresas privadas. Ese sería el gran problema para los patrocinadores".

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