Vicky Cristina Barcelona

Vicky Cristina Barcelona - Cartel
Título V.O.:
Vicky Cristina Barcelona
Año de producción:
2008
Distribuidora:
Warner Bros. Pictures International España
Género:
Comedia Dramática
Clasificación:
No recomendada menores de 13 años
Estreno:
19 de septiembre de 2008
Director:
Woody Allen
Guión:
Woody Allen
Fotografía:
Javier Aguirresarobe
Intérpretes:
Penélope Cruz (María Elena), Javier Bardem (Juan Antonio), Kevin Dunn (Mark Nash), Patricia Clarkson (Judy Nash), Scarlett Johansson (Cristina), Rebecca Hall (Vicky), Chris Messina (Doug)

Fotogramas de la película

Sinopsis

Vicky y Cristina, dos amigas americanas, pasan unos días de vacaciones en Barcelona. Mientras Vicky es sensata y está prometida, Cristina es apasionada y tiene una vida sexual bastante desinhibida. Cuando conocen a Juan Antonio, un carismático pintor de la ciudad, se lanzan a vivir una serie de líos amorosos poco convencionales en los que también participará María Elena, la temperamental y sensual ex mujer de Juan Antonio. Todos aprenderán sobre el amor, pero también se descubrirán a sí mismos.

La nueva comedia del genial Woody Allen tiene como trasfondo la bella capital catalana. "Vicky Cristina Barcelona" se presenta como uno de los grandes estrenos cinematográficos de la temporada, en parte, por el aliciente de ver juntos a la pareja de moda, Javier Bardem y Penélope Cruz. El director de "Balas sobre Broadway" y "El sueño de Casandra" es un amante confeso de Barcelona y de todo lo que tiene que ver con el cine europeo, y eso se nota en un guión que también recorre escenarios de Asturias. Como nos tiene acostumbrados, Allen explora las relaciones humanas a través de unos personajes con una psicología muy diferente, pero en este caso el amor se cuela entre ellos, de una forma que termina siendo más emocional que sexual.

La película cuenta con un reparto de lujo. Las dos mujeres que dan nombre al título están interpretadas, respectivamente, por Rebeca Hall (El truco final: El prestigio) y la actriz con más sex-appeal del momento, Scarlett Johansson, que ya ha trabajado a las órdenes de Woody Allen en "Match Point" y "Scoop". Junto a ellas, la pareja española más internacional. Javier Bardem sigue agrandando su estela en Hollywood después de su Oscar por "No es país para viejos" y Penélope Cruz se confirma como uno de los rostros preferidos por los realizadores después de aspirar a la estatuilla por "Volver".

Crítica

"Vicky Cristina Barcelona" es el cuarto proyecto europeo consecutivo del genio neoyorquino, y sin embargo, lejos de abundar en las nuevas rutas que exploraban sus tres trabajos precedentes, la aventura españolade Allen es una vuelta formal a los orígenes, un reencuentro, en cierto modo, con el Allen estereotípico. Lejos de las arenas del drama criminal existencialista, de los dominios del crimen y el castigo, de los irrespirables infiernos de la culpa, vuelve el director de "Annie Hall" a las profundidades de la comedia amorosa neoyorquina, pero en Barcelona. A vueltas, de nuevo, con las efervescencias del amor, con los límites maleables del afecto y del deseo, con los vericuetos de la identidad sentimental, "Vicky Cristina Barcelona" nos devuelve al Woody Allen en plan etológico, que se ríe de la vida por no llorar, maléfico demiurgo presto a inundar de obstáculos y trampas la inestable estabilidad de sus criaturas.

Allen reflexiona con la frívola profundidad de costumbre sobre las múltiples facetas del amor, sobre la indescriptible variedad de formas de ejercerlo: a dúo, a tres, a cuatro, con ternura, pasión animal, posesión enfermiza, compasión o, simplemente, libertad sin barreras. Todas esas mil y una caras del amor caben comprimidas a lo largo y ancho de los cien minutos largos de pasiones abismales y falacias emocionales con denominación de origen. Y caben entre reminiscencias del Allen americano, el de los museos de arte contemporáneo, personajes neuróticos, artistas atormentados de verbo fácil, tertulias de alta cultura y altoburgueses bien duchos en las vanguardias de las artes plásticas. En ese sentido Barcelona no es sino un apéndice exótico de Manhattan, un Nueva York de sensuales formas mediterráneas.

Sin embargo, y a pesar del rigor cómico-dramático global del producto, "Vicky Cristina Barcelona" se define a sí misma como un Allen menor, de enjundia media, encantador e incisivo hasta los huesos pero liviano. Al cineasta norteamericano le sentó de miedo el aire británico, en tanto en cuanto su cine enfiló una ruta nueva, en busca de una insólita maduración en las alturas de la gran tragedia criminal aristocrática. El regreso al Allen de fábrica es inevitablemente el reencuentro con un cineasta con sus mejores trabajos habitando en el pasado remoto. Sus piezas cómicas, sus miniaturas sociales de última generación no tienen el peso específico de las viejas.

Y es que quizá para reencontrarse con un Allen en la plenitud de sí mismo es preciso remontarse a "Desmontando a Harry", allá por 1997. El paréntesis británico ha insuflado nueva vida a su cine, y la vuelta atrás, que escenifica "Vicky Cristina Barcelona" descubre, nobleza obliga, a un Allen sembrado, inmenso dramaturgo que sólo palpa esporádicamente la excelencia magistral de los viejos tiempos. Eso a pesar de la mejor Scarlett Johansson de siempre, a un Bardem maduro en imparable crecimiento y a una Penélope Cruz sembrada, más a base de desparpajo que de recursos dramáticos pero inmensa al fin y al cabo. Volvemos al tópico: cualquier Allen menor vale su peso en oro. Éste no es una excepción: divertida, irónica, extraordinariamente lúdica y cabal, pero no sublime, no inolvidable.

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