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Vete y vive

Vete y vive - Cartel
Título V.O.
:
Va, vis et deviens
Año de producción:
2005
Distribuidora:
Golem
Género:
Drama
Clasificación:
No recomendada menores de 13 años
Estreno:
23 de diciembre de 2005
Director:
Radu Mihaileanu
Guión:
Radu Mihaileanu
Intérpretes:
Roschdy Zem, Yaël Abecassis, Moshe Abebe, Moshe Agazai, Sirak M. Sabahat
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Fotogramas de la película

Sinopsis

En 1984, Estados Unidos e Israel organizaron la "Operación Moisés", un proyecto en el que se conducía a la comunidad etíope judía (falashas) hacia el país semita. Parten desde un campamento en Sudán al que han llegado refugiados africanos de más de veinte países. Entre ellos, se encuentra una madre cristiana que convence a su hijo para que diga que es judío y así poder escapar de una muerte segura sin alimento, sin bebida y sin protección alguna por parte de los gobiernos. El niño llega a la Tierra Prometida donde es acogido por una familia francesa-sefardí de Tel-Aviv, que finge ser devota del judaísmo. Allí debe ocultar su verdadera identidad, que es un simple niño negro, hasta convertirse en un judío más. Cerca de 8.000 etíopes cruzaron la frontera con Sudán para ser evacuados por los ejércitos americano e israelí. La mitad de ellos murieron de hambre, agotamiento o asesinados. El director Radu Mihaileanu (El tren de la vida) quería reflejar el drama de miles de personas ante una delas diásporas más dramáticas del siglo XX. El humor y el drama se conjugan creando un equilibrio que interpretan a la perfección Yael Abecassis (La herencia), Roschdy Zem (Mi pequeño negocio), Moshe Agazai, Mosche Abebe y Sirak M. Sabahat.

Crítica

La "Operación Moisés" es una de tantas notas a pie de página en libros de historia, uno de esos muchos dramas de la modernidad a cuya vera pasó el oprobioso tren del olvido, y la limosna solidaria de Occidente que suele ser perezoso a la hora de mirar del hemisferio sur para abajo, por lo que de desagradable se pueda encontrar, que ya se sabe que ojos que no ven, corazón que ni siente ni padece. He aquí la resurrección de la memoria colectiva de los falashas, aquellos etíopes que en virtud de su condición de descendientes de Salomón y la reina de Saba, tuvieron un hueco en una tierra de abundancia acogidos por un Israel que tiende a abrirse de brazos para dar posada al correligionario, por extraterrestre que sea, mientras practica una feroz endogamia poniendo, si es preciso, puertas al campo para mantener lejos al extraño. El rumano Radu Mihaileanu, firmante de la muy interesante El tren de la vida decide saldar las cuentas del cine con este sangrante ninguneo a través de la odisea de un menor deorígenes cristianos empujado por su madre al exilio al primer mundo, refugiado en la mentira de un pasado judío, en busca de un atajo para eludir hambre y miseria. Estructurada en tres bloques: infancia, adolescencia y juventud, Mihaileanu, que mete en antecedentes con un puñado de imágenes documentales de archivo, va de más a menos, desde la desoladora y formidable secuencia inicial en un campamento sudanés en que el pequeño Schlomo deja atrás su particular maldición desértica entre lágrimas, añorando desde el primer minuto la vida que nunca tendrá, pasando por toda la odisea infantil del falso judío clandestino, y su integración en una familia hebrea de clase media, Vete y vive funciona sin dejar rastro, pero componiendo un convencional periplo vital lleno de trampas, salpicado además por una crítica abierta y sin tapujos a la ignominiosa intolerancia estatal, oficial, judía contra todo aquello queno lleve el estigma de David o sus amigos y descendientes. Mihaileanu no se esconde y fotografía la intolerancia polimórfica de la sociedad judía y la práctica de un racismo arraigado a todos los niveles de la sociedad jerosolimitana, una suerte de esnobismo étnico que anatematiza con peligrosa asiduidad la diferencia. Poco a poco al cineasta rumano la cinta se le escapa de las manos, cayendo en un discurso tan ingenuo e intencionadamente modélico que tiende a desandar todo lo andado en la buena dirección. Desde que Schlomo aterriza en la adolescencia Vete y vive se va desinflando y empantanando en la propia naturaleza de sus pretensiones y en el despliegue de claves elementales de integración y convivencia. Mihaileanu salta entonces de lo sencillo a lo simple cayendo en la tentación de las moralejas de urgencia. La cinta se eterniza más allá de las dos horas y veinte minutos girando sobre sí misma incapaz de dar pasos decididos al frente. A esas alturas Vete y vive es monotonía sofisticada y conmensaje, pero nada más que eso. Y que las segundas lecturas o la profundidad de la carga del subtexto no hace mella se demuestra en la escasa autonomía del filme más allá de la sala. Las dramáticas desventuras de Schlomo se olvidan y no quedan más que los ecos de una descomunal tragedia, que al final es sobre todo una instantánea del cordón umbilical perpetuo de un chaval incapaz de olvidar a su madre, pero que no duele ni la mitad siquiera de lo que debería doler.

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