No importo a nadie pero no me importa

Desde 1978 soy un votante entre millones, desde 1987 soy un afiliado entre los centenares de miles que tiene mi sindicato, desde el 15 de mayo de 2011 he sido uno más entre los miles de ciudadanos que exigimos democracia real en las plazas de toda España, y poco más. No soy militante, Rubalcaba no me preguntará, Rajoy tampoco. Lo sé y no me importa.

Sólo hago mi trabajo, intento hacerlo bien, no sé si soy rentable, pero sé que valgo mucho aunque me han bajado el sueldo y mis conciudadanos lo aplauden, convencidos como están de que el servicio que presto como empleado público es un obstáculo para el bienestar colectivo, ese que nos proporcionarán sólo los emprendedores, que nos podrían hacer ricos a todos si el Estado desapareciera y la riqueza fuese gestionado por los que saben de esto. Para el éxito se necesitan líderes de la excelencia, estrategas con visión de futuro, gestores de riesgo…, que surgen siempre de actos de voluntad individual, a tales seres superiores nunca podremos encontrarlos a través de las urnas.

Este es el verdadero riesgo: hurtar a las votaciones, internas o externas, su valor democrático. Impedir esto si me importa, por eso seguiré votando, mantendré mi afiliación y protestaré con todas mis fuerzas cuando sienta la democracia en riesgo bajo las botas de los iluminados.

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