Los efectos de las redes y los filtros de Instagram en la autoestima: "Nos cuesta exponernos ante las imperfecciones"

Una mujer mirándose al espejo.
Una mujer mirándose al espejo.
UNSPLASH

En el mundo actual las redes sociales son ubicuas, y a veces nos puede pasar desapercibido el verdadero impacto que tienen sobre nuestras vidas. Gracias a esta tecnología, la gran mayoría de quienes habitamos en los países desarrollados disponemos de un escaparate desde el que mostrarnos al mundo y, al mismo tiempo, de manera casi inevitable, desfilan ante nuestros ojos los escaparates de los demás.

Una de las consecuencias que tiene esta saturación tiene que ver con la percepción que tenemos de nosotros mismos, y especialmente (aunque no únicamente) de nuestra propia imagen corporal, tan importante en estos escaparates. Precisamente, no es de extrañar que numerosas investigaciones hayan constatado el impacto negativo que tienen las redes sociales en la salud de muchos jóvenes, incluyendo algunas realizadas nada más y nada menos que por Facebook.

"La autoestima siempre depende de la comparación social"

Por supuesto, las redes sociales son sólo un elemento en la compleja ecuación que es la formación de la propia imagen corporal. Así lo explica a 20Minutos Marcos de Andrés Ortega, psicólogo, trabajador social y divulgador en el canal de Youtube enGrama, desde donde ha tratado ampliamente la cuestión de la imagen corporal y más específicamente la anorexia.

"Nuestra imagen corporal la construimos en base a la socialización. No hay ideas innatas sobre lo que es estético o no lo es", señala Ortega. "En rasgos generales una persona se sentirá insatisfecha con su cuerpo en el momento en el que este no se adecúe a lo que hemos consensuado socialmente, a todos  esos patrones culturales que hemos ido aprendiendo y asumiendo".

Ortega aclara que "una persona puede no adecuarse, y sin embargo darle igual. Aquí entra nuestra interacción individual y personal con el entorno: nuestra historia de vida. La autoestima siempre es dependiente de terceros, de la comparación social. Por lo tanto, que a una persona le afecte más o menos dependerá de las conductas que nos hayan castigado o reforzado durante su historia. Si por ejemplo a alguien le han reforzado mucho conductas que busquen por preservar la imagen corporal, por buscar lo estético, lo bello, es probable que dentro de su autoconcepto la estética sea un pilar fundamental".

"En cuanto ocurre cualquier acontecimiento que hace tambalearse ese pilar, la persona se siente muy vulnerable", prosigue, y recuerda que "la personalidad no es algo innato, no es más que un repertorio conductual relativamente estable. El cómo solemos comportarnos en determinados contextos".

Esto se vuelve problemático "en el momento en el que provoque angustia o sufrimiento de forma recurrente; en el momento en el que eluda planes o empiece a condicionar su vida", aunque matiza que "no significa que la persona tenga una patología o esté enferma".

Sea como sea, "cumplir o no con todos los requisitos de un manual no es motivo para no pedir ayuda profesional, no hace falta un diagnóstico para que una persona esté llevando a cabo conductas problemáticas". Y advierte: "todas las personas somos susceptibles a ello si se dan las contingencias".

"Vivimos todo el rato en un escaparate"

Este refuerzo o castigo de determinadas conductas puede darse en muchos entornos diferentes, explica Ortega, algo que ejemplifica con "una persona que pueda ser tímida con sus familiares y el alma de la fiesta con sus amigos. Esto no significa que haya cambiado o se haya desinhibido, sino que su familia le refuerza y le castiga conductas opuestas al otro entorno".

En todo caso, explica que "todas las personas estamos sujetas a un marco de socialización similar, genérico. Cada persona tiene su propia historia de aprendizaje, pero al final todas vivimos en el mismo mundo y hay una serie de pautas culturales que son comunes".

De hecho, argumenta que "siempre han existido los problemas relacionados con la conducta alimentaria y la propia imagen". Sin embargo, añade, "hoy día vivimos todo el rato en un escaparate, todo el rato exponiendo nuestra cotidianidad. Por lo tanto, se cae más fácilmente en la comparación social".

"Antiguamente, esa comparación se daba entre la gente del propio entorno. Pero hoy en día entras en cualquier momento a cualquier red social y todo el día te están bombardeando con información que te hace comparar". Por eso, opina, "puede que hayan proliferado más ahora estos problemas".

Otro cambio que Ortega cree observar es que "antiguamente la imagen corporal no parecía ser tan importante en los hombres. Ahora mismo, los problemas de imagen corporal siguen afectando mayoritariamente a mujeres, pero también se dan cada vez más en los hombres".

"Lo que es injusto es culpar al individuo"

Este psicólogo destaca también la significación que tienen en este sentido fenómenos como los famosos filtros de Instagram. "Los filtros y el retocar las fotos va haciendo que paulatinamente nos cueste cada vez más exponernos a nuestra propia imagen y a nuestras propias 'imperfecciones'".

A pesar de todo, es cierto que las redes sociales también albergan movimientos que tratan de luchar contra el daño que genera esta insatisfacción corporal, siendo el más visible quizás el conocido como Body Positive. Pero, aunque Ortega admite que "no tengo una opinión muy formada sobre el Body Positive" y que "buscar la aceptación de todos los cuerpos y la no normatividad obviamente puede ser positivo", argumenta que "lo fundamental es no dar tanta importancia al cuerpo y reforzar otros aspectos de la persona". 

"Que el atractivo, lo deseable, no provenga todo el rato de lo superficial y de lo estético, sino también de otras facetas", apostilla.

Se trata de un cambio que, reconoce, es difícil de lograr. "Si paulatinamente vamos actuando en nuestro entorno, quizás a la larga se puede lograr un cambio sistémico. Es muy difícil que pasos desde lo 'micro' lleguen a calar en lo 'macro', pero no hay otra vía". Y pone un ejemplo: "tratar de evitar comentarios como decirle a una persona que ha adelgazado que está guapa, porque así reforzamos comportamientos orientados a adelgazar incluso cuando no sean sanos".

En cualquier caso, "lo que es injusto es señalar al individuo. La propia persona no puede hacer nada por sí sola no puede hacer gran cosa si su entorno le sigue reforzando o castigando las mismas conductas". 

"Señalar al individuo es parte de la lógica neoliberal que lo culpabiliza de su propia condición, pero eso no es así. Un individuo, por más que se convenza de que da igual si su cuerpo no es normativo, es bastante difícil que no caiga en ese sufrimiento si todo un sistema vela por lo contrario".

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