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Yvonne Laborda: "La sociedad tendría que estar al servicio de la infancia y no al revés; es la época que más nos marca"

  • Yvonne Laborda acuñó en España el término 'Crianza consciente' hace una década: “No basta con querer respetar al niño, primero tenemos que sanar nuestra propia historia”.
  • Terapeuta humanista, acaba de publicar la quinta edición de su libro 'Dar voz al niño'.
Yvonne Laborda es terapeuta humanista y autora del libro 'dar voz al niño'
Yvonne Laborda es terapeuta humanista y autora del libro 'dar voz al niño'
Anna Pifarré

Yvonne Laborda acuñó hace más una década lo que conocemos como ‘crianza consciente’, un concepto de crianza que va aún más allá de respetar al niño y que profundiza en cómo las vivencias de nuestra infancia influyen en cómo nos comportamos con nuestros hijos. Terapeuta humanista, Yvonne se dedica a ayudar a otras familias en este proceso, a través de conferencias, talleres, cursos, las redes sociales y su libro, ‘Dar voz al niño’, del que acaba de ver la luz su quinta edición.

Enhorabuena por la quinta edición de ‘Dar voz al niño’. ¿Vamos a encontrar algo nuevo en esta edición?

Sí, es una revisión actualizada en la que hay unas 40-50 páginas más. Se ha ampliado todo el general, sobre todo el capítulo de ‘las cuatro raíces’, he añadido ejercicios y ejemplos nuevos, mis hijos han crecido y ahora soy madre de tres adolescentes… y como esto de la crianza consciente en un camino que nunca acaba… Pero el mensaje de base es exactamente el mismo.

El libro es de 2017, pero tú llevas bastantes años más hablando de la crianza consciente. ¿Por qué decidiste escribir este libro, esta guía?

Yo empecé en 2010 a hablar de criar con conciencia, de hecho, fui quien bautizó el término crianza consciente, en charlas y conferencias en la provincia de Lleida, que es donde vivía. En 2012 empecé a escribir un modesto blog y no tenía casi referentes. Estaba Carlos González con su maravilloso libro Bésame mucho, Rosa Jové… pero yo quería ir un poco más allá de respetar al niño, al bebé, porque luego crecen y empezamos a gritarles, criticarles… a ejercer el poder sobre ellos. Y eso tiene que ver con nuestra historia, nuestro pasado, con lo que necesitábamos en nuestra infancia y no pudimos obtener… Y pensé que si a mí, que había sido madre hacía unos años, tenía experiencia como profesora 15 años, me costaba cambiar, que con intención y voluntad no era suficiente, habría muchas madres y muchos profesionales a los que le pasaría lo mismo. Por eso decidí dar voz al niño, y no solo a los de nuestra vida, sino al niño que todos una vez fuimos, para honrar la infancia, porque la infancia es sagrada.

¿Crees que aún les damos poca voz a los niños?

Sí, pero más que dar voz literalmente, es permitirles ser para que se conviertan en la persona que ha venido a ser. Los niños están reprimidos muchas veces, se tienen que adaptar a un entorno, tienen que convertirse en la persona que los adultos esperamos… la sociedad tendría que estar al servicio de la infancia, y no al revés, porque la infancia es la época de nuestra vida más corta, pero la que más nos va a influenciar en el resto de nuestra vida. Si nos diéramos cuenta de las necesidades reales de los niños, necesidades de vínculos, motrices, de confianza… no necesitaríamos leer libros como ‘Dar voz al niño’, porque es el libro que, si leemos como padres, nuestros hijos no necesitarán leer.

Siempre hablas de lo que pesa nuestra infancia a la hora de criar a nuestros hijos. ¿Es lo que nos impide ser los padres que nuestros hijos necesitan?

Sí, es nuestra historia, lo que nos faltó a nosotros en nuestra infancia… Hasta que yo no conecte con la niña que fui, con la adolescente que fui, qué le pasó, qué merecía y no obtuvo … va a ser muy difícil que yo pueda conectar con mi hijo, porque aprendemos a respetar habiendo sido respetados, a dar habiendo recibido lo que necesitábamos, a amar habiendo sido amados incondicionalmente… Si no lo hemos recibido, no lo podemos dar. Si hemos sido criticamos, gritados, castigados, pegamos…trasmitimos eso, y él aprenderá eso, y lo reproducirá. Por desgracia todavía está muy normalizada la violencia contra los niños, y mientras esté normalizada, tendremos una sociedad violenta.

¿Somos conscientes de esa mochila?

No, y la prueba es que libros como el mío todavía se venden demasiado. Yo me alegro de que se venda, de que llevemos la quinta edición y de que me hayan pedido otro, pero mi sueño es que me libro deje de venderse porque deje de ser necesario y que mis nietos se sorprendan de que hiciera falta un libro así, de que no se respetara a los niños.

"Si amamos más y mejor a los niños, vamos a mejorar el mundo"

¿Qué hacemos para quitarnos esa mochila de la que hablas?

Primero aceptar la verdad, que es lo que más cuesta y duele, aceptar que quizás nuestra infancia no fue tan feliz como pensábamos, que nuestras necesidades no fueron satisfechas… Esto es duro de reconocer, tanto que a veces decidimos taparlo y perpetuarlo una generación más. Yo que negamos, lo perpetuamos, porque por mucho que yo la niegue se seguirá manifestando a través de mi actitud y de mis problemas emocionales.

¿Qué es lo más te sueles encontrar en las mochilas de las personas que acuden a ti?

Lo que más me llegan son madres a las que la maternidad les pone de manifiesto toda su verdadera historia, a las que no les gusta cómo se comportan con sus hijos y lo que sienten hacia ellos. Personas que, a lo mejor, han tenido trastornos de alimentación, de pareja, en el trabajo… y no le han dado mucha importancia, pero cuando ven que la actitud que tienen con sus hijos, no les gusta y quieren cambiar. Y eso es maravilloso, porque se dan cuenta de que sus hijos merecen otra cosa… Esa es mi especialidad como terapeuta humanista, analizar la influencia de nuestra propia infancia en la madre o el padre que somos, cómo tomar consciencia de ello, responsabilizarnos, y pensar qué puedo hacer para mejorar en lugar de culpar a los demás.

¿Todas tenemos una niña interior herida?

A mí me encantaría responder que no, pero a día de hoy, solo tenemos que mirar a la sociedad, ver cómo se trata a los niños, cómo es el sistema educativo… para darnos cuenta de lo herida que aún está. Solo tenemos que lanzar preguntar al aire del tipo ‘¿Te sientes inseguro?, ‘¿necesitas de la aprobación de los demás?’, ‘¿Has tenido algún problema de alimentación’?, ‘¿dependencia emocional tu pareja?’, ‘¿Puedes ser tú mismo’?, ‘¿tienes alguna adicción?’, ‘¿Puedes mantener una actitud calmada con un niño?’… Esa niña interior herida se manifiesta a través de nosotras: culpo, critico, me quejo, juzgo… no me hago responsable de mí, necesito amor, cariño, aprobación… Cuesta encontrar un adulto que no tenga una niña interior herida, otra cosa es que la hayamos sanado, pero está ahí. Todos podemos tomar la decisión y cambiar y mejorar, que es lo que hice yo con 22 años. No me gustaba la persona que era, pero tomé conciencia de lo que había supuesto mi infancia para mí y cambié, pero hacer este trabajo personal requiere de un compromiso.

En el libro das cuatro claves, 4 raíces para mejorar cómo nos relacionamos con nuestros hijos. ¿Nos las puedes resumir?

Se trata de cuatro raíces que enfoco en la crianza de los hijos, pero que se pueden aplicar a cualquier relación, porque son necesidades universales. La primera de ellas es la presencia, porque lo que más confirma a un niño ‘tú vales, tú mereces y tú importas’ es pasar tiempo con él y dedicarle nuestra atención, porque los niños saben que los adultos dedicamos tiempo y atención a aquello que nos importa. Si no les dedicamos la atención que merecen, el mensaje que les llega es que no valen, que no lo merecen, no soy importante…

La segunda raíz es validar sus emociones y sus necesidades, porque todos los seres humanos sentimos y necesitamos y no podemos elegir no hacerlo. Habrá necesidades que no podremos satisfacer, pero tenemos que legitimarlas, validarlas para que el niño no tenga la sensación de estar equivocado y piense que no puede sentir o necesitar determinadas cosas.

“Aprendemos a respetar habiendo sido respetados, a dar habiendo recibido, a amar habiendo sido amados incondicionalmente… Si no lo hemos recibido, no lo podemos dar”

La tercera es nombrar la verdad de lo que me pasa a mí para liberar el niño de toda culpa. Y la verdad es que actuamos de una determinada manera (gritos, castigos…) por lo que nos provoca lo que él hace: no se termina la comida, no para de moverse… lo culpamos a él cuando el problema lo tenemos nosotros.

La cuarta y última raíz es crear una intimidad emocional, un espacio libre de críticas, en el que puedan ser ellos mismos, en el que le hablemos de nosotros, nuestra infancia… para que nuestros hijos puedan acudir a nosotros en caso de necesidad. Y es que, lo peor no es lo que hacemos o decimos a los niños, es la soledad con la que tienen que vivir esas experiencias.

Seguro que tras leer tu libro mucha gente tendrá la sensación de que lo ha hecho todo mal con sus hijos. ¿Hay tiempo para enmendar nuestros errores con nuestros hijos?

Nunca es tarde para mejorar, y en nuestras manos está mirar atrás y pensar ‘qué mal lo he hecho’, o mirar atrás y celebrar que te has dado cuenta de que no quieres seguir haciéndolo. Si nos damos cuenta antes, mejor, pero si es después, también estás a tiempo. Yo tengo 51 años y me haría mucho bien que mi madre, de 70 y pico, a día de hoy, viniera y que me dijera ‘discúlpame porque me fui de casa, porque tu padre te pegaba y yo no te daba voz…’. Si a mi edad esto me haría mucho bien, imagínate a un niño, tenga la edad que tenga, porque jamás es tarde para amar más y mejor.

Una frase que repites mucho en el libro es que estás convencida de que ‘en una sola generación podemos mejorar el mundo, simplemente amando más y mejor a los niños de nuestra vida’. Tienes una visión muy optimista…

Para mí no es optimismo, es una realidad que si amamos más y mejor a los niños, vamos a mejorar el mundo, otra cosa es que estemos los adultos dispuestos a hacerlo o no. Pero es cierto que un niño respetado, amado y escuchado… no necesitará ejercer el poder y el control sobre los demás… porque todas actitudes violentas, agresivas y hostiles vienen de la falta, de amor, de presencia, de autoestima…

“Mi sueño es que mi libro deje de venderse porque deje de ser necesario y que mis nietos se sorprendan de que hiciera falta un libro así, de que no se respetara a los niños”

También dices que ‘Mi mayor misión y propósito de vida es crear una «epidemia» de niños respetados, escuchados y amados incondicionalmente’. ¿Crees que lo estás consiguiendo?

Por supuesto, si no esta entrevista no tendría lugar. Yo estuve en casa unos años con mis tres hijos y luego empecé a divulgar sobre el tema porque necesitaba compartir con el mundo que realmente es posible revertir nuestras infancias, nuestros traumas, inseguridades, autoestima… Cada uno tiene algo que aportar al mundo, yo tengo esto…

¿Ha cambiado mucho la crianza y la visión que tenemos de ella desde que empezaste hasta ahora?

Sí, mucho. Yo llevo 10 años de forma muy activa, desde que empecé a poner nombre a la crianza consciente, y en ese momento no había casi referentes. Mira hoy cuántas hay, cada vez hay más gente en nuestros cursos, talleres, el master… porque hay mucha gente que quiere especializarse en crianza consciente para ayudar. El movimiento de la crianza consciente se ha convertido en un movimiento mundial, porque mucha gente se ha dado cuenta de que no basta con querer respetar al niño, sino que primero tenemos que sanar nuestra propia historia. 

Cubierta del libro 'Dar voz al niño'.
Cubierta del libro 'Dar voz al niño'.
Penguin Random House
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