Cómo afecta y qué secuelas deja en niños y adolescentes la violencia intrafamiliar

  • La violencia doméstica es más probable si hay niños en la familia, comenzando ya durante el embarazo o tras el nacimiento de los hijos.
  • Los niños que han sido testigos de violencia tienen más posibilidad de ser abusadores o víctimas de nuevos abusos cuando se convierten en adultos.
<p>Una imagen de violencia doméstica.</p>
Una imagen de violencia doméstica.
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Según datos recientes, en las familias donde se da violencia doméstica los niños presencian aproximadamente dos tercios de los incidentes de abuso y alrededor de la mitad de éstos han sido golpeados duramente. De hecho, la violencia intrafamiliar es más probable si hay niños en la familia, comenzando ya durante el embarazo o tras el nacimiento de estos.

Las estadísticas a nivel mundial suman otras cifras demoledoras: una de cada cuatro mujeres sufre abuso de su pareja, la violencia doméstica está presente en la mitad de las separaciones que ocurren cada año y el abuso sexual y emocional es más frecuente en las familias donde se produce violencia doméstica.

¿Cómo afecta todo ello a los niños? Según un documento elaborado por el Royal College of Psychiatrists (la principal organización profesional de psiquiatras en el Reino Unido) y publicado por la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP) los niños se sienten muy alterados cuando ven a uno de sus padres abusando o atacando al otro, lo puede derivar en numerosos problemas.

Por su parte, los responsables del Máster en evaluación, prevención e intervención de adolescentes con riesgo y violencia filoparental (MEPIAR), organizado por la Universitat de Valencia, añaden en su página web que: “Los niños no solo sufren si son diana del maltrato. También si presencian que su madre o su padre son vejados física y verbalmente, si tienen que defender a alguien de su familia, si como consecuencia de la violencia son desatendidos (no se les prepara comida, no se les lava, no se cuida de ellos...), si deben huir de la casa o si ven cómo uno de sus progenitores les abandona”.

¿Qué efectos tiene para los niños convivir con la violencia doméstica?

Los niños más pequeños suelen desarrollar:

- Gran angustia

- Ansiedad

- Dolores de barriga o de cabeza

- Descontrol de esfínteres, generalmente mojar la cama

- Problemas de sueño

 
- Arrebatos de mal genio

- Comenzar a comportarse como si fueran mucho más pequeños

Por su parte, los niños mayores y adolescentes suelen manifestar su dolor de una forma más ‘hacia fuera’:

- Agresividad y violencia

- Desobediencia

- Cuestionamiento de la autoridad

- Faltas en clase

- Abuso de alcohol y drogas

El documento del SEP advierte que en el caso de las niñas y chicas es más habitual que se guarden esa angustia. “Pueden aislarse de otras personas y desarrollar problemas de ansiedad o depresión, pensar mal sobre sí mismas o quejarse de síntomas físicos. Las chicas tienen más posibilidades de desarrollar un trastorno de conducta alimentaria, tomar una sobredosis de medicamentos o autolesionarse”.

Es común que los niños con este tipo de problemas comiencen a tener un peor rendimiento en la escuela así como a desarrollar síntomas de trastorno por estrés postraumático, como tener pesadillas y ser fácilmente asustadizos.

Como hemos comentado anteriormente los niños no solo sufren daño emocional cuando son víctimas directas del abuso, también pueden manifestarlo en los siguiente supuestos:

  

- Cuando ven a otras personas de su familia sufrir abusos.

 
- Cuando tienen que defender a alguien de la familia o se les increpa a que se unan en el abuso.

 
- Cuando no están siendo cuidados adecuadamente, especialmente si la madre se deprime o comienza a beber demasiado.

 
- Cuando otras personas evitan la familia porque saben lo que está pasando; los niños pueden perder amigos y resultarles difícil hacer nuevos.

 
- Cuando pierden a uno de los padres debido a la separación o incluso por muerte.

 
- Cuando la madre se va de casa con ellos. Pueden entonces tener problemas económicos, tener que mudarse, perder amigos y tener que empezar en una nueva escuela.

 
- Cuando los padres se separan y las discusiones empeoran siendo los niños utilizados como moneda de cambio en las batallas legales sobre el dinero y el contacto con ellos.

Efectos a largo plazo

¿Hay efectos a largo plazo? Por supuesto. Según el Royal College of Psychiatrists los niños que han sido testigos de violencia tienen más posibilidad de ser abusadores o víctimas de nuevos abusos. “Los niños tienden a copiar la conducta de sus padres y aprenden de ellos a ser violentos con las mujeres. Las niñas aprenden de sus madres que la violencia es inevitable y es algo con lo que tienen que vivir”, afirman.

Por supuesto, no todos los niños que han sufrido la violencia intrafamiliar repiten el mismo patrón de conducta cuando crecen. “Incluso así, los niños de familias violentas con frecuencia crecen sintiéndose ansiosos y deprimidos y tienen dificultad para tener relaciones con otras personas”.

En la misma línea se pronuncia la Oficina para la Salud de la Mujer (OWH), establecida en 1991 dentro del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos. Según describen, los niños que viven en hogares donde se produce violencia doméstica “tienen mayor riesgo de repetir el ciclo cuando sean adultos e involucrarse en relaciones abusivas o volverse abusivos. Por ejemplo, un niño que ve a su madre ser víctima de abuso es 10 veces más propenso a abusar a su pareja cuando sea adulto. Una niña que crece en un hogar donde el padre abusa de la madre es seis veces más propensa a ser abusada sexualmente que una niña que crece en un hogar no abusivo”.

Además, la OWH señala que los niños que son testigo de o son víctimas de abuso emocional, físico o sexual tienen mayor riesgo de padecer problemas de salud cuando sean adultos. Estos pueden ser afecciones de salud mental, como depresión y ansiedad, y también pueden incluir diabetes, obesidad, cardiopatías, baja autoestima y otros problemas.

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