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"Con tantas extraescolares y buenos colegios se nos olvida que lo importante es construir vínculos con nuestros hijos"

  • La psicóloga infantil Mª Luisa Ferrerós publica 'Dame la mano', una guía para lograr la conexión emocional con los hijos.
  • "Es importante reivindicar el tiempo libre para aburrirse e imaginar lo que realmente le gusta a cada niño".
  • "Tras el confinamiento hay niños enganchados a 'me refugio detrás de las pantallas en mi mundo virtual'.
Mª Luisa Ferrerós, psicóloga infantil y autora de 'Dame la mano'
Mª Luisa Ferrerós, psicóloga infantil y autora de 'Dame la mano'
ANTONIO NAVARRO / CORTESÍA PLANETA

¿Ser padre se ha convertido en una ‘profesión de riesgo’? A veces puede parecerlo. En el mundo actual ha aumentado la presión social por ser (y parecer) los mejores padres, los más entendidos en un sinfín de cuestiones - nutrición, medicina, educación...- y por convertir a los hijos en nuestro mejor reflejo, a veces a un precio muy alto: no disfrutar de su propia niñez. Sin embargo, muchas veces, se nos olvida que más allá de una buena educación o un sinfín de extraescolares lo más importante pasa por compartir momentos únicos que se convertirán en “tatuajes en su memoria emocional”, como dice la psicóloga infantil María Luisa Ferrerós. Esto es, precisamente, lo que aborda en su reciente libro Dame la mano (Editorial Planeta, 2021), en el que ofrece a los padres las herramientas para lograr esa conexión emocional y mejorar el vínculo con sus hijos.

Su libro gira alrededor de un tema fundamental: cómo aprender a crear vínculos con los hijos. ¿Cuáles serían las ideas principales que deben guiarnos en este proyecto para conectarnos emocionalmente con ellos?

En los últimos tiempos los padres andan muy despistados con esto y la checklist que tienen en mente para conseguir este objetivo de ser los padres perfectos, de darles la mejor educación a los niños o de conseguir un hijo ideal se basa en cuál es el mejor colegio, cuáles son las mejores extraescolares, a qué le tengo que apuntar... Estamos tan preocupados por conseguir objetivos que al final nos estamos despistando. El foco importante no es ese, lo que tú has de generar y construir en esta primera etapa infantil es un buen vínculo con tu hijo y no tanto someterle a 300 extraescolares o actividades... Parece que si te dejas algo tu hijo no va a alcanzar un nivel y nos olvidamos que para que tu hijo aproveche todas las oportunidades que nosotros le podemos brindar ha de tener motivación. Y la motivación, precisamente, la consigues con el vínculo. 

"Los niños de hoy tienen una agenda más amplia que la de un ministro pero todo eso no va a dar sus frutos si detrás no hay una motivación y nos conectamos con él"

Es decir, a un niño desmotivado, le puedes apuntar a 200 extraescolares que no aprovechará nada. Y ese es el gran problema que hay ahora mismo, los niños tienen organizado todo su horario con una agenda más amplia que la de un ministro pero todo eso no va a dar sus frutos si detrás no hay una motivación y a no ser que realmente nos conectemos con él. Puedes apuntar a tu hijo a piano desde que tiene tres años pero si luego tú no tocas con él, no cantas con él y no te vinculas con él llegará a una edad en la que te diga que ya no quiere seguir con las clases. Nos olvidamos de que todas estas actividades que podemos hacer para potenciar a nuestros hijos son herramientas para comunicarnos y conectarnos con él, porque el niño en realidad lo que quiere cuando es pequeño es estar y hacer cosas con nosotros. Tenemos esa presión social de que los tres primeros años del niño son muy importantes para su educación y es verdad pero para llevarlo a cabo nos hace falta la parte de emoción, de sentimiento y de conexión.

"Olvidamos que somos madres y padres, no profesores ni monitores de tiempo libre. Lo que tu hijo quiere es que le abraces y compartas cosas con él"

¿Por qué cree que en los últimos años se ha agravado tanto esta presión social que obliga a los padres a demostrar que entienden de todo?

A través de los medios se está potenciando mucho esto. Hay que tener no sé cuantos métodos para que el niño aprenda a comer, a dormir... Y nos estamos olvidando de que eres madre y padre, no eres profesor ni monitor de tiempo libre. Lo que tu hijo quiere de ti es que le abraces, que le achuches, que compartas cosas con él, que te rías con él... Una cosa que en realidad es muy difícil de conseguir: que cuando llegues a casa agotado tengas ganas de estar un rato con él y no de sacar esa lista tan grande de cosas que tenemos que hacer antes de que se vaya a dormir y que nos estresa tanto. Lo que hay que hacer es olvidarse de tantas checklist. Tienes que llegar a tu casa y si tienes ganas de achuchar a tu hijo, pues hazlo. No hace falta que sepamos a hacer magdalenas, que tengamos que aprender a jugar a nosequé o que le expliquemos el cuento. Cada uno tiene que encontrar su manera de conectar con su hijo y cada uno tendrá una: a uno haciendo una pizza, a otro bañando a su hijo, otro pintando... Dejémonos de que todos tengamos que hacer de todo. Si tienes que conectar desde la emoción has de conectar con algo que a ti te produzca también emoción. En el momento en que lo hagas por obligación, la emoción se nos va y no conectamos.

"Si ponemos listones tan altos eso solo produce mucha frustración, tanto en el niño como en los padres"

 
¿Hasta qué punto esto repercute de una forma directa en los niveles de estrés y ansiedad de los niños y en que se conviertan en adultos insatisfechos?

Si ponemos listones tan altos lo que conseguimos es que el niño tenga esa sensación de ‘yo nunca voy a llegar a allí porque me exigen mucho’. Y eso produce mucha frustración tanto en el niño como en los padres. Es un problema de expectativas. Hemos de olvidarnos de tantas metas y conectarnos con lo realmente importante. Entender que el niño está empezando a andar en esta vida y hemos de darle la mano para guiarlo en su crecimiento personal y aprender a quererlo como es, no intentar cambiarlo para que sea de otra manera. Darle la vuelta a las cosas. Si es un niño muy tozudo intentar conseguir que esa tozudez se convierta en perseverancia, aprovechar su inercia para conseguir cosas positivas y potenciarlo. Ver qué cosas se le dan mejor y muchas veces es tan fácil como ponerse a mirar a qué dedica su tiempo libre. Qué hace cuando no tiene nada que hacer y le dejamos libre: construcciones, pintar... Y ahí veremos realmente cuál es su tendencia y eso nos servirá para impulsar que la desarrolle. Me parece muy importante reivindicar el tiempo libre para aburrirse, imaginar y descubrir qué es lo que realmente les gusta. Porque si los llevamos tan cronometrados no lo van a descubrir nunca. Aburrrise es un tiempo perfecto para investigar, pensar y buscar qué les puede apetecer hacer. Y el confinamiento, por ejemplo, nos ha ayudado a esto.

"La sobreprotección hace que el niño se sienta inseguro y le convierte en un ser dependiente"

También habla de los peligros de sobreproteger e infantilizar de alguna forma a los niños porque de esta forma bloqueamos su propio desarrollo y autonomía. ¿Cuáles son los principales peligros de actuar así?

La sobreprotección genera dos cosas importantes. Si tú con el niño estás todo el día ‘no toques, esto no, no subas, cuidado...’, esto le transmite al niño el mensaje de todo lo que hay fuera es peligroso y, por tanto, consigue que el niño tenga miedo. Por una parte le haces sentir inseguro, que todo lo que hay alrededor es peligroso, tener miedo y eso, de rebote, conlleva que el niño sea totalmente dependiente. Hay que ir soltando un poquito la cuerda para que el niño vaya explorando e investigando. Obviamente, hay tener algún límite pero no todo puede ser ‘vigila, cuidado, no toques...’. El niño se ha de manchar, ha de tocar, se ha de caer... Muchas veces cuando vamos al parque, bajan por el tobogán y se dan el culetazo final el niño antes de reaccionar mira a su padre o madre para ver qué cara pone. Si le dices ‘qué bien, no pasa nada, volvemos a bajar’, suele levantarse y volverse a tirar pero como en cambio le digamos ‘ay pobre, ¿te has hecho daño?’, el niño se pondrá a llorar. El niño interpreta lo que le pasa en función a nuestra reacción siempre. Ellos todavía no tienen criterio para valorar las cosas y las valoran según la cara que tú pongas. Por eso, nosotros le ayudamos mucho a gestionar toda esa parte emocional.

"Los padres hemos de hacer el esfuerzo de desconectar los móviles al llegar a casa. Si no, ¿cómo les vamos a pedir a nuestros hijos que no se conecten? "

Otro tema importante que trata en el libro es el uso de las pantallas. Usted es partidaria de no prohibir pero sí de establecer unos límites.

El tema de las pantallas hay que llevarlo con mucho sentido común y normalidad. Los niños aprenden lo que viven. Por tanto, ¿qué debemos hacer nosotros? Dar ejemplo. Cuando llego a casa y ya se ha pasado mi hora de estar conectados los papás hemos de hacer el esfuerzo de desconectar los móviles, las tabletas y los ordenadores, ponerlos en silencio y dejarlos en una cestita o cajón igual que dejamos las llaves. Y entonces, nos conectamos con nuestra familia, con nuestra cena, con la preparación de esto o lo otro. Si nosotros no hacemos esto, ¿cómo les vamos a pedir a nuestros hijos que no se conecten? Primero debemos hacerlo nosotros, después hacerles entender a los niños que primero están los deberes y luego los dispositivos como un divertimento. En el día a día entre semana prácticamente no da tiempo, porque con las extraescolares, los deberes, la ducha, la cena... hay muy poco tiempo y es mejor intentar que éste sea poco adictivo. Deben entender que no nos cabe por falta de tiempo. Y si durante la semana funcionamos bien, el fin de semana podrán tener un ratito para jugar pero siempre poniéndolo en positivo nunca te voy a prohibir. 

Por otro lado, hemos de compartirlo con ellos y jugar a cosas que no sirvan para aislar sino para unirnos. ¿Qué eso nos implica un esfuerzo? Pues claro. Pero si tú te conectas al Instagram y al niño le dejas que se conecte a lo que le dé la gana entonces lo que hacemos es aislarnos. Hemos de tener en mente que la etapa infantil en la que nosotros podemos compartir con nuestros hijos es muy corta y si no la disfrutamos se nos habrá pasado. Y es verdad que el día a día nos pasa por encima pero hemos de intentar participar de esos juegos, que ellos entiendan que las pantallas son un medio para compartir. Y enseñarles a que lo controlamos nosotros, nosotros decidimos cuándo encendemos y cuándo apagamos porque ellos ni se cansan ni se saturan.

"Estamos teniendo muchas terapias de niños pequeños con miedo a salir... que se han metido en esa concha de caracol de su habitación porque ahí lo tienen todo"

Menciona a los llamados ‘niños caracol’, un fenómeno especialmente extendido en países como Japón donde algunos jóvenes cuentan con todo tipo de avances tecnológicos en su habitación y dejan de relacionarse a todos los niveles con el exterior. ¿Es posible que en España podamos llegar a este extremo?

Bueno, yo creo que durante el confinamiento esto ya ha pasado en nuestro país. Hemos tenido bastantes niños con este problema porque no había otra forma de socializarse y todo era online: el colegio, las clases, los juegos... Hemos tenido que bajar el nivel de permisividad y después nos hemos encontrado niños que han desarrollado fobia social, agorafobia, miedo a salir fuera, percibían en exterior como algo algo muy peligroso y catastrófico... Hay niños enganchados a esta historia de me refugio detrás de las pantallas en mi mundo virtual, estoy en una zona de confort, y a muchos les está costando salir. Tengo la esperanza de que nuestro país como las ciudades son más amables, tenemos un clima más cálido y más actividades al aire libre en cuanto nos desconfinen un poco más y nos dejen hacer más cosas esto lo podremos reconducir. Pero sí que es verdad que debido en parte a que todos los canales que informaban en las noticias que todo era catástrofe y peligro estamos teniendo muchas terapias de niños de ocho, nueve, diez... con miedo a salir, al covid, al exterior, a que se mueran sus padres... y que se han metido en esta concha de caracol de su habitación porque ahí tienen todo. Yo aconsejo a los padres que la tele, ordenador... si pueden los saquen fuera porque puede generar este aislamiento que no es bueno para ellos. Todos los instrumentos tecnológicos debemos utilizarlos para compartir no dejar que nos sirvan para aislarnos.

También dedica una parte importante al acoso entre niños. ¿Cómo puede ayudar un padre cuando sospecha que su hijo es acosado? ¿Y cómo actuar cuando tu propio hijo es el acosador?

Aquí sí que vamos a necesitar ayuda profesional. Cuando detectamos algún problema de este tipo hay que ponerse en contacto con el colegio, ver qué está pasando y tanto si es víctima como acosador ver con qué opciones de solución contamos. Cuando un niño es acosador tiene peor solución porque significa que está sufriendo algo que hace que su única opción para sentirse bien sea machacar a otro. Ese niño está sufriendo a nivel emocional, se siente inseguro, tiene miedo... y para él la mejor defensa es un buen ataque. Hemos de interpretar que cuando un niño está en esta situación necesita muchísima atención psicológica profesional, hay tratarlo para reconducir todo esto. Las señales de alarma serían todos los cambios conductuales que veamos en nuestro hijo, es decir, que el niño no sale de su habitación, que no queda, que tiene problemas de sueño, no come... Ahí es donde debemos empezar a investigar.

"Vamos a quitarnos de la cabeza que los niños para ser felices necesitan millones de cosas. Si tú explicas con razones 'hoy no toca esto', lo entienden perfectamente"

Se habla de que esta es una generación de niños que cada vez tienen más problemas relacionados con la poca tolerancia a la frustración. ¿Qué deben cambiar los padres en la educación de sus hijos para que esto se modifique?

Entender que la vida es una frustración constante, no tenemos un mando a distancia para conseguir todo lo que quieres: no puedes elegir los amigos que tienes, si te van a elegir para jugar el partido... Los padres no se dan cuenta de que no se puede comprar todo para conseguirles la felicidad y de que hay cosas que no se pueden comprar: la amistad, el esfuerzo, el conseguir subir en tu carrera... Hemos de enseñarles la realidad a los niños y que no pasa absolutamente nada, por ejemplo, por no tener el móvil último modelo aunque lo tenga su amigo. Vamos a quitarnos de la cabeza que los niños para ser felices necesitan millones de cosas. Solo necesitan estar contigo, que les des la mano, que les acompañes, que juegues con él, que le abraces y que le quieras. Y si tú le dices al niño hoy no toca esto, el niño lo entiende perfectamente. Tenemos mucho miedo a que el niño se enfade o se traumatice y ni lo uno ni lo otro si se lo explicas con normalidad. Si tú mismo te vas cargando de razones y estás realmente convencido se transmite el mensaje con mucha seguridad. El niño sabe perfectamente cuando tú eres susceptible de ceder si te chantajean durante un rato o cuando has decidido que aquello no se hace. El problema es que no nos lo creemos, pero si estás convencido es algo mágico. Con esto además le estamos enseñando un montón de cosas al niño: el niño aprende que su criterio es válido, que el criterio de la mayoría no es lo importante, el saber por qué hace las cosas, a ser coherentes... Y eso solo se aprende viviéndolo no con un sermón. ¿Y para qué me sirve esto? Para que cuando sea adolescente y diga: ‘es que todos van’, ‘todos beben’... él mismo dirá 'bueno ya pero lo que vale no es lo de la mayoría sino lo que yo pienso'. El 'porque lo hacen todos' no debe de servirnos. Confiamos muy poco en nuestro propio poder como padres pero a la que tú te empoderas y empiezas a creer en que tus criterios son válidos, todo funciona.

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