Así tienes que limpiar los cristales de tu coche para que queden impecables
Limpiar el coche no es una tarea sencilla.  Freepik

Mantener el coche impoluto no es una misión fácil, menos si se quiere que parezca como nuevo, y cuando llega el momento de someterlo a una profunda limpieza, pocas veces se sabe por dónde empezar. La carrocería (que muchos optan por limpiar a mano) es la parte que más se nota tras pasarse toda una mañana con frotando con agua y jabón (aunque también puede hacerse en los túneles de lavado). Sin embargo, hay otros elementos del vehículo que acumulan suciedad casi sin darnos cuenta y a las que se les presta menos atención a la hora de limpiarlas. El techo del interior del coche, la tapicería, las alfombrillas y los faros del coche son esas partes que pasan desapercibidas y que no deberían, puesto que suponen un foco de gérmenes.

Lo mismo ocurre con los cristales, donde se acumula polvo y suciedad independientemente del uso que se le de al vehículo. Y no, no vale darle al botón de agua y jabón y limpiarlo con los limpiaparabrisaa que, por cierto, también requieren de sus propios cuidados. Las lunas del coche exigen un tratamiento especial que garantice la visibilidad desde el interior del habitáculo y su correcto mantenimiento ya que, de lo contrario, puede mancharse de forma permanente e incluso rayarse.

Trucos para conseguir unos cristales impecables en el coche

  • Emplear agua a presión. El primer paso es eliminar los restos de polvo y tierra del cristal empleando agua a presión. Es necesario para que los productos que posteriormente se empleen se puedan usar con precisión. 
  • Elegir el mejor material. Igual que existen productos especiales para eliminar las machas de resina o los excrementos de pájaro, los cristales necesitan de los materiales adecuados para su limpieza. Lo más recomendable es emplear una bayeta específica para esta parte, mejor si está fabricada con materiales sintéticos. También se pueden aprovechar algunos trucos caseros, como una mezcla a base de agua y vinagre, o agua, jabón y amoniaco. Este último no se debe aplicar sobre las lunas tintadas. 
  • Dejar reposar. Sea cual sea la mezcla empleada, será mucho más efectivo si se aplica y se deja actuar durante unos minutos, ya que, así, la suciedad se adhiere más al producto. Además, hay que retirar todos los restos para que no queden manchas. 
  • Secar tiene truco. Puede parecer que, una vez aclarado el producto, en cuanto los cristales se sequen van a quedar impecables. Sin embargo, se suelen quedar marcas de agua. Para evitarlas, hay que pasar un papel de periódico, papel de cocina o un paño sobre las lunas.