operación robot cirugía
El doctor Richard Gastón realiza una operación de cáncer de próstata con el robot Da Vinci. JORGE PARÍS

En plena era digital, no todos esos aparatos tecnológicos que conviven con nosotros para supuestamente hacernos la vida más fácil están explotados a su máximo nivel. Tampoco la experiencia y sabiduría de los humanos para utilizarlos. Y mucho menos en el ámbito sanitario.

De esto sabe mucho Luis Villa, strategy director de Fjord. El paciente está cambiando, se está empoderando: "Ya no es solo paciente, pasa a ser consumidor y usuario. Ya no es aquel que iba al médico a pedir diagnóstico y ya está, ahora busca información en otras fuentes" (internet o aplicaciones de e-salud) y llega al médico para pedir tratamiento.

En 2017, de hecho, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el 67,3% de los usuarios utilizó internet para hacer consultas sobre salud, seis puntos porcentuales más que el año anterior.

¿Cómo humanizar digitalizando?

La salud digital (o e-salud) está transformando los cuidados sanitarios. El reto que tienen las empresas ahora es "transformar también las experiencias, tanto del paciente como del profesional", añadiendo humanidad —cariño, ética y alma— a la tecnología. ¿Humanizar digitalizando? Sí, aunque parezca contradictorio. "La tecnología nos debería hacer centauros a todos: unir la potencia y precisión de una máquina con la emoción y el intelecto de un humano, de un médico en el caso de la salud", afirma Villa.

La clave está en encontrar el modo de crear una digitalización inclusiva, de poner lo digital para "dar un mejor servicio, no para destruir, sino para crear". Hasta ahora los avances tecnológicos no han hecho más que empeorar la relación médico-paciente, que ya es "más de gestión y operación que de cuidado". Y muchos profesionales sanitarios, saturados por los recortes, emplean su poco tiempo de consulta en teclear y trasladar datos del paciente al ordenador, en vez de tener una relación más cercana con él.

"Todos o hemos sido o vamos a ser pacientes alguna vez y todos somos personas. Yo he visto médicos desesperados porque su vocación se ha ido a la mierda por los números. Y en varios sitios preguntas cómo están y te dicen: 'Me pagan por despachar'", comenta el director de estrategia de Fjord.

¿Solo para ricos?

Uno de los tres principales problemas que surge es —como plantea la película El precio del mañana— ¿el futuro será para quien lo pueda pagar? A lo que Villa contesta: "No, el futuro está aquí y aún hay que diseñarlo". "No es un tema de dinero, es del concepto de salud. El tema está en que la parte humana está completamente reventada: tienen una presión de costes, no les dejas trabajar como ellos quieren... Hay que replantearse los modelos de salud de una manera más generosa, no pensando en las siguientes elecciones", matiza.

Luis Villa pone el ejemplo de Suecia, donde existe un Ministerio del Futuro (para el Desarrollo Estratégico) que piensa en cómo mantener el país. "No hay luz, hace frío y hablan raro. ¿Cómo mantenemos a Suecia como un país relevante? Hay que sacar dinero porque el sistema obviamente hay que pagarlo, pero también es necesario un valor social", finaliza. Pero, para esto hay que empezar por el pilar base: la educación. ¿Hacia dónde van los nuevos trabajos? "Las carreras ya no van a ser lineales", irán enlazando diferentes ideas y conceptos. "La Universidad Politécnica de Madrid (UPM) está haciendo ya cambios: ahora necesitas estar pendiente de lo que pasa, formarte, mantenerte inquieto...", afirma Villa.

Lo que es cierto que "no todo el mundo vale para eso. Y ¿qué pasará con la gente sin formación que antes tenían derecho a un trabajo (cajeros, camioneros...), si todo se automatiza? Muchos dicen que aprendan, pero yo apuesto por el derecho a no tener talento. Pueden tener un trabajo normal", manifiesta. Su segunda preocupación son aquellos que querrán convertirse en "seres biónicos" y "se pondrán brazos de robots para ir más rápidos. Hay gente que está pensando en lo digital pero no está midiendo las consecuencias".

Ejemplos ya materializados

Las empresas están diseñando tecnologías para acercarse a los pacientes que van desde dispositivos que los monitorean en el hogar hasta aplicaciones mHealth que los ayudan con el seguimiento de los efectos secundarios, pasando por técnicas menos invasivas en el quirófano.

  • Da Vinci. Ya hay miles de robots capaces de emitir diagnósticos, vigilar la salud de los pacientes o contribuir a su recuperación física y psicológica. El Da Vinci se emplea sobre todo en las áreas de urología y ginecología. Gracias a una técnica milimétrica, permite finalizar, por ejemplo, una intervención de cáncer de próstata en poco menos de 60 minutos. Un facultativo lo maneja con los pies y con las manos, y un segundo médico colabora para poder manejar los cuatro brazos de la máquina.
  • Mediktor. Evaluador de síntomas basado en la inteligencia artificial. A través de preguntas al paciente, le da un primer diagnóstico que tiene más de un 90% de fiabilidad. No llega a tomar la decisión de qué tratamiento tiene que seguir, sino que lo traslada a un médico presencial, cuya labor agiliza gracias a la evaluación previa. '¿Qué le sucede?' es la primera cuestión que se contempla en su página web.
  • Prótesis sensitivas. Las hay activas y pasivas; las segundas son mucho más cómodas porque no pesan tanto, pero no hacen ningún tipo de movimiento, solo proporcionan una apariencia estética similar a la de cualquier brazo. La oseointegración, por otra parte, permite la conexión mecánica de la prótesis con los nervios, músculos y huesos gracias a unos electrodos implantados para manejar el control y la sensación. También se pueden hacer prótesis en 3D, aunque todavía son demasiado simples.
  • Robots para el cuidado de personas. La empresa Siasun —líder en el sector— presentó a finales del pasado año en China un robot que podrá atender las necesidades básicas de los ancianos y enviar imágenes a sus familiares para que controlen su estado; mide menos de un metro, y puede desplazarse por una vivienda y enviar imágenes para que el anciano pueda ser vigilado a distancia mediante un monitoreo remoto. Keeko, por su parte, es un robot-cuidador que también atiende a niños.
  • Telemedicina. Nos comunicamos con gente de otros países por teleconferencia y… ¿por qué no con un paciente? En los pueblos del campo, en los que no hay un médico ni centro de salud, la telemedicina soluciona los problemas más básicos de los vecinos sin necesidad de que se trasladen personalmente al hospital más cercano, simplemente con un dispositivo que transmite la imagen del especialista. Ya la utilizan pacientes españoles, pero está poco extendida.
  • Scanadu. Es un dispositivo electrónico diseñado para medir distintos parámetros fisiológicos, como la temperatura, el ritmo cardiaco, la oxigenación de la sangre, la frecuencia respiratoria, los movimientos del corazón y la presión sanguínea. Se dio a conocer el 29 de noviembre de 2012 y llegó a España tres años después. A largo plazo, se pretende combinar en Scanadu una amplia gama de sensores eléctricos y bioquímicos con algoritmos inteligentes para crear un sofisticado dispositivo de escaneo, análisis de datos y comunicación. Podría servir incluso para diagnosticar enfermedades comunes de forma rápida.
  • 'Apps' para contactar con el médico. A principios de febrero aterrizó en España KNOK Healthcare, una de las muchas y prometedoras aplicaciones que permiten llamar al médico en cualquier momento y desde cualquier lugar. La startup portuguesa detrás de ella ha sido destacada por la revista Wired en la lista de los 10 proyectos más innovadores a nivel mundial y que van a revolucionar los servicios relacionados con la salud. En Portugal, KNOK Healthcare cuenta ya con 12.000 pacientes, y el 95% de las consultas se valoran con la puntuación máxima.