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Una ruta por los cinco castillos más imponentes de la Bretaña francesa

Castillo de Trévarez.
Castillo de Trévarez.
©BERTHIER Emmanuel

En una simbiosis perfecta entre historia, patrimonio y bellos paisajes, la Bretaña francesa espera a sus visitantes con los brazos abiertos. Viajar a esta región del oeste del país galo nos trasporta de inmediato a la Edad Media, a un tiempo donde la guerra obligaba a construir imponentes fortalezas para defenderse del enemigo.

Es a través de esos castillos como podemos adentrarnos de lleno en la cronología de la región, entender sus leyendas y tradiciones y conocer al detalle las idas y venidas de su historia militar. Las opciones son muchas, y es que estas tierras de espesa vegetación y pueblos perfectamente conservados están repletas de fortificaciones que han sido testigo de batallas y contiendas. Sin embargo, la Oficina de Turismo de Bretaña recomienda a 20minutos una selección concreta de cinco castillos clave que podremos visitar y descubrir a través de una maravillosa ruta.

Castillo de Fougères

La primera parada de este recorrido a través de la historia es la ciudad de Fougères y su horizonte marcado por una mole de granito. Su castillo es sencillamente descomunal, y es que se trata de una de las fortalezas más grandes de toda Europa. Fue a principios del año 1000 cuando, en un cruce de importantes rutas comerciales, se construyó el castillo original con el objetivo de defender la frontera del Ducado de Bretaña. Por lo tanto, la enorme fortificación, durante cinco siglos de reformas y mejoras, estuvo en medio de las luchas entre poderes en la zona.

Castillo de Fougères.
Castillo de Fougères.
©PORIEL Thibault

Después de convertirse en un imbatible edificio militar, en la actualidad se presenta como un testigo vivo de la historia bélica de la región. Después de abandonar su misión de defensa, el castillo fue prisión e incluso fábrica de calzado, pero ahora está abierto para visitas y alberga colecciones de museos y un recorrido interactivo por el patio y sus tres torres que nos sumerge de lleno en la Edad Media.

Castillo de Vitré

Continuamos el recorrido hacia el sur y llegamos a Vitré. El castillo domina el río Vilaine y el centro histórico de la comuna desde un promontorio de pizarra, y marca la silueta de la localidad con sus majestuosas torres y torreones.

Castillo de Vitré.
Castillo de Vitré.
©BERTHIER Emmanuel

En el siglo XI se empezó a construir una fortaleza para defender la entrada al Ducado de Bretaña, ya que Vitré gozaba de una importante situación estratégica. El portal románico de esa primera construcción aún se puede ver en el patio del castillo. Más adelante, durante la primera mitad del siglo XIII, empezó a levantarse el edificio actual alrededor de la obra original. Se añadieron torres en las esquinas de las murallas, el puente levadizo, los arqueros de tiro... en definitiva, todos los elementos de un castillo fortificado.

Con el paso del tiempo, su uso pasó a residencial y años después se utilizó como prisión. A día de hoy, esta obra maestral medieval alberga el Ayuntamiento de Vitré, además del Museo de Arte e Historia. El centro cultural expone piezas tan valiosas como un tríptico del siglo XV con 32 escenas de la vida de Cristo; piezas de orfebrería religiosa de los siglos XVII, XVIII y XIX; ornamentos litúrgicos, y esculturas medievales y del Renacimiento.

Castillo de Josselin

Viramos hacia el este y encaminamos nuestros pasos hacia Josselin. En el corazón del pueblo, yergue imponente su castillo, a orillas del río Oust. Desde hace diez siglos, esta increíble residencia ha sido habitada por la familia Rohan.

Castillo de Josselin.
Castillo de Josselin.
©PEREZ Rafa

A principio del siglo XI, el vizconde de Porhoët decidió establecerse en el lugar, y con el paso de los años se fueron añadiendo elementos a esta construcción. Sin embargo, la época de esplendor del castillo acabó cuando las guerras de religión del siglo XVII y más tarde la Revolución Francesa impulsaron su degradación. Después de años de abandono, en 1850 la construcción fue restaurada y volvió a convertirse en una residencia, aún de la familia Rohan.

Los visitantes podrán adentrarse en el interior de este edificio de fachada gótica flamígero, admirar su detallada decoración y pasear por sus impecables jardines lleno de tejos, bojes, rosales, hortensias y esculturas de piedra.

Castillo de Suscinio

Seguimos el recorrido hasta llegar a la costa sur de la región. La península de Rhuys se adentra en el mar como una lengua de tierra y arena. En este territorio que combina marismas, playas de arena suave y costas rocosas, se alza el Castillo de Suscinio, rodeado de humedales y bosques que se extienden sobre la ensenada de Landrezac.

Castillo de Suscinio.
Castillo de Suscinio.
©BOURCIER Simon

En el siglo XIII, Suscinio era tan solo un priorato alrededor del cual se desarrolló una finca agrícola. Sin embargo, fueron los Duques de Bretaña los que impulsaron su crecimiento. Primero, construyeron una pequeña casa solariega y, más adelante, esta fue reformada hasta convertirse en la residencia favorita de los duques y de Ana de Bretaña, reina de Francia. Hasta nuestros días, la amplia fortaleza ha llegado como un enorme edificio amurallado con seis torres y rodeado de fosos.

Castillo de Trévarez

Por último, al este de la región encontramos el pueblo de Saint-Goazec. Allí, en las faldas de la cadena montañosa de las Montañas Negras, James de Kerjégu, un político adinerado, decidió construir un impresionante y ambicioso castillo rosa en contraste con el verdor que lo rodea.

Castillo de Trévarez.
Castillo de Trévarez.
©BERTHIER Emmanuel

Hace más de un siglo que se levantó el Castillo de Trévarez en el corazón de un frondoso parque de 85 hectáreas y ha llegado hasta nuestros días bajo un marcado estilo de la Belle Epoque e instalaciones muy modernas para el momento en el que fue edificado. Inmerso en un entorno rural en el cual todavía se utilizaban lámparas de aceite para iluminarse, el Domaine de Trévarez contaba con electricidad, sistema de calefacción de agua caliente, teléfono y ascensor.

Durante la Segunda Guerra Mundial, fue propiedad de los alemanes, e incluso fue bombardeado. Después de años de abandonado, fue rehabilitado, y hoy en día se pueden visitar el comedor y la biblioteca, así como los antiguos establos, que ahora acogen exposiciones de arte. Además, los terrenos que rodean el castillo nos ofrecen varias colecciones botánicas importantes, como por ejemplo uno de los jardines de camelias más grandes del mundo.

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