El elegante Parador en un palacio renacentista del siglo XV

El alojamiento sorprende por su decoración de estilo medieval, con armaduras y tapices nobiliarios. También cuenta con una relajante piscina exterior y un restaurante de comida tradicional.
Parador de Zamora.
Parador de Zamora.
Paradores
Parador de Zamora.

Sobre los restos de una antigua alcazaba, se construyó en el siglo XV un majestuoso palacio renacentista: el Palacio de los Condes de Alba. Tras siglos de historia, ya en la actualidad, esta residencia noble en pleno centro de la ciudad de Zamora se transformó para acoger un espectacular alojamiento, un Parador Nacional de Turismo que promete a sus huéspedes una experiencia de conexión con la historia.

De palacio a correccional

El Palacio de los Condes de Alba es un espléndido ejemplo de la arquitectura renacentista de España. Fue construido en 1459 por orden de Enrique Enríquez de Mendoza, el primer conde de Alba de Liste, como una residencia para su familia. A lo largo de su historia, el edificio fue sufriendo diferentes reformas. Por ejemplo, tras los daños que le ocasionó las guerras comuneras, el IV conde de Alba de Liste, Enrique Enríquez de Guzmán, tuvo que restaurarlo. Más adelante, en el año 1653, un grave incendio deterioró su estructura, de modo que quedó abandonado.

Ya en 1797, fue comprado por el Duque de Frías y Breza, quien lo convirtió en la Real Casa Hospicio de Zamora, un correccional de mujeres y de recogida de niños abandonados. Finalmente, en 1966, fue remodelado de nuevo y transformado en un impresionante hotel: el Parador de Zamora.

Patio del Parador de Zamora.
Patio del Parador de Zamora.
Paradores

Piscina, patio renacentista y restaurante tradicional

El Parador destaca por su sobria apariencia exterior y sus refinados y elegantes interiores, con una decoración de ambientación medieval compuesta por armaduras y tapices nobiliarios. El alojamiento destaca su espléndido patio renacentista con una galería doble acristalada de madera, escudos heráldicos y columnas con decoración de grutescos en sus capiteles. 

No podemos olvidar sus cómodas habitaciones, con camas con dosel al más puro estilo del medievo. El hotel también cuenta con salas de convenciones, una piscina y una majestuosa escalera interior bajo dos arcos.

Parador de Zamora.
Parador de Zamora.
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Para completar la experiencia, nada mejor que probar las delicias de su restaurante de comida tradicional zamorana. Es obligatorio probar los guisos de legumbres como los habones de Sanabria y los garbanzos de Fuentesaúco; las carnes de cerdo ibérico y de ternera de Aliste; los embutidos; las chacinas, los quesos con Denominación de Origen; las migas de la trashumancia, y el bacalao a la tranca.

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