Nuevos casos de infección por el virus del Nilo Occidental en Sevilla: cómo se contagia, cuáles son sus síntomas y cómo puede tratarse

La presencia de mosquitos se agrava en las zonas donde la temperatura y la humedad son muy elevadas.
La presencia de mosquitos se agrava en las zonas donde la temperatura y la humedad son muy elevadas.
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La Consejería de Salud y Familias de la Junta de Andalucía ha informado este jueves de dos nuevos casos de infección de meningoencefalitis por Virus del Nilo Occidental, uno de ellos en Coria del Río al igual que el primero de este año notificado este pasado miércoles y el restante en Villamanrique de la Condesa, con lo que ya son tres los casos confirmados este verano, todos ellos en la provincia de Sevilla.

Cuando se habla del potencial que tiene el cambio climático para propiciar la expansión de enfermedades fuera de su zona de origen, provocando brotes epidémicos o pandemias, el virus del Nilo Occidental se cita frecuentemente como ejemplo. 

Su recorrido, en este sentido, es evidente, ya que desde que se aisló por primera vez en África se ha extendido hasta llegar a estar presente también en Europa, Australia, Oriente Medio, India y Norteamérica, y los expertos temen que podamos ver mayores avances en los próximos años.

¿Qué es el virus del Nilo Occidental?

Se trata de un virus perteneciente al género Flavivirus, emparentado por tanto con los que causan otras fiebres tropicales como la fiebre amarilla, el dengue o el zika. Se aisló por primera vez en Uganda en 1937. Desde entonces, se ha detectado otras zonas de África, en Asia, Europa y América.

En concreto, en España se encuentra presente especialmente en el sur de la península ibérica y en zonas húmedas con poblaciones importantes de mosquitos y que sirven de paso a aves migratorias.

Se clasifica en siete linajes diferentes, siendo los dos primeros los más extendidos y los que incluyen las cepas más patógenas.

Cuando afecta a las personas, suele producir lesiones consistentes en degeneración neuronal y neuronofagia con neuritis de los nervios craneales y ópticos, mielitis y polirradiculitis, así como edema cerebral con petequias y sufusiones hemorrágicas. 

Adicionalmente, se han observados casos de pacientes que presentaban miocarditis, pancreatitis o hepatitis fulminantes, dependiendo frecuentemente de la cepa concreta (y siendo que en las del primer linaje es más frecuente la nefritis, la hepatitis y la depleción linfoide del bazo, mientras que en las del segundo linaje aparece necrosis de miocardio y alteraciones a nivel hepático.

¿Cómo se contagia?

El virus del Nilo Occidental es un ejemplo paradigmático de la transmisión a través de vectores animales (esto es, zoonótica).

En primera instancia, afecta a distintas especies de aves, sus principales reservorios, lo que explica su presencia en zonas de paso de aves migratorias y su dispersión por zonas geográficamente muy distantes entre sí.

Sin embargo, puede afectar también a ciertas especies de mamíferos, como los equinos (la familia de los caballos) o los seres humanos.

El contagio, tanto dentro de la misma especie como a otras, se produce a través de la picadura de mosquitos del género Culex (al que pertenece, por ejemplo, el mosquito común, Culex pipiens)  y de los géneros Aedes (que incluye al mosquito tigre, Aedes albopictus, y el mosquito egicpcio, Aedes aegypti), por lo que estos pequeños insectos son el verdadero vector transmisor de la enfermedad.

Estos mosquitos, varios de los cuales tienen una cierta preferencia por las aves (es decir, son ornitófilos) son los que hacen posible el paso de la enfermedad a equinos y humanos, que no son reservorios importantes del virus, tras picar previamente a un ave infectada.

No obstante, se sabe que es posible la transmisión entre humanos, si bien se produce en circunstancias bastante excepcionales y de baja relevancia epidemiológica como son lactación, a través de la placenta, por transfusiones, trasplantes de órganos o accidentes clínicos y de laboratorio.

¿Cuáles son sus síntomas?

En los humanos, habitualmente las infecciones provocadas por el virus del Nilo Occidental cursan sin síntoma alguno. Sin embargo, en otros casos, puede provocar fiebre, dolor de cabeza y corporal, sarpullidos e inflamación de los ganglios linfáticos.

En los  casos más graves, el cuadro puede evolucionar hasta incluir dolor de cabeza, fiebre alta, rigidez en el cuello, estupor, desorientación, temblores, convulsiones, parálisis, coma y hasta la muerte.

En humanos, el riesgo aumenta con la franja de edad que estudiemos, siendo el grupo de más riesgo las personas mayores de 50 años.

Además, la gravedad de la sintomatología depende en gran medida de la cepa concreta, lo que explica el elevado número de muertes que, comparativamente, se han venido registrando en años recientes en Estados Unidos, donde predominan las cepas del primer linaje y donde el virus no sólo ha demostrado una mayor infectividad en humanos sino que provoca infecciones graves con mayor frecuencia (si bien existen factores ambientales que también pueden contribuir a la epidemiología del virus en esta zona).

¿Cómo se trata?

No existe un tratamiento específico para la infección por el virus del Nilo Occidental, por lo que normalmente la asistencia se limita a suministrar al paciente tratamientos sintomáticos y terapias de apoyo cuando se presentan complicaciones graves. En la mayoría de los casos, la infección acaba por remitir por sí sola.

Es por ello que la principal herramienta en el control del virus es la profilaxis, haciendo un control de las poblaciones de mosquitos de una zona determinada y limitando el movimiento de équidos para limitar en lo posible la expansión de la enfermedad. Por otra parte, la protección de los espacios de paso de las aves migratorias, limitando así el contacto que pueden tener las personas con ellas y los mosquitos que se encuentren en las proximidades, puede ayudar a minimizar el impacto.

A pesar de todo, muchos expertos han expresado preocupación de cara al futuro, ya que el cambio climático está propiciando la aparición y mayor implantación de mosquitos transmisores en zonas en las que no son endémicos, propiciando el avance de la enfermedad.

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