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"La falta de información sexual y los silencios generan vulnerabilidad en jóvenes con determinadas discapacidades"

Diputación y la Mancomunidad de Huéscar editan una guía de educación afectivo sexual dirigida a los más jóvenes
Guía de educación afectivo sexual.
20M EP

¿Es el placer sexual un privilegio reservado a las personas sin discapacidad? ¿Por qué la salud sexual de las personas que no son autónomas sigue siendo un tema tabú? “Una educación en sexualidad de calidad es para la UNESCO aquella que incluye una educación sobre los derechos humanos, la sexualidad humana, la igualdad de género, la pubertad, las relaciones sexuales y la salud reproductiva. Y para una inclusión real de las personas con discapacidad en situación de dependencia es fundamental garantizar esta educación y el derecho a desarrollar una vida sexual plena”. Así se expresaba Mar Ugarte, adjunta a la presidencia de CEDDD en la reciente la jornada sobre Sexo y discapacidad, organizada por el Consejo Sectorial de Salud del Consejo Español para la Defensa de la Discapacidad y la Dependencia.

El evento ha contado con la participación de la pedagoga terapéutica y sexóloga Yeni Martín, presidenta de Dialogasex, asociación que entre otras muchas actividades desarrolla talleres de formación y asesoramiento sexual para personas con discapacidad intelectual. Martín, que ofreció una interesante exposición sobre cómo educar en el ámbito de la sexualidad a las personas con discapacidad defiende que “los derechos sexuales son para todas y para todos”, aunque reconoce que la educación sexual en España, “ya sea a personas con discapacidad o a personas sin discapacidad”, sigue siendo deficiente. Especialmente, en el primer caso.

Según la pedagoga “la falta de información y los silencios generan vulnerabilidad en jóvenes con determinadas discapacidades”, por ellos es importante “que aprendan que su cuerpo les pertenece y que no todo el mundo puede acceder a él”, especialmente si no quieren o se sienten incómodos, “para que puedan reconocer un abuso”.

La experta señala que para avanzar en este aspecto es importante reflexionar sobre la idea que tenemos de lo que es la sexualidad para las personas con diversidad funcional y cómo asumimos los mitos que sobre la sexualidad de las personas con discapacidad existen: “Es muy habitual que asumamos que son personas asexuales, que no tienen desarrollada su sexualidad, a las que se infantiliza… Además, en ocasiones preferimos no tocar este tema porque si les hablamos lo que vamos a generar es una sexualidad exacerbada. Por eso es tan importante el rol del profesional. Primero tenemos que revisar nuestra propia sexualidad, qué ideas tenemos sobre la sexualidad y luego qué ideas y mitos tenemos sobre el sexo en las personas con diversidad”.

Para Martín es absurdo negar la sexualidad de las personas con discapacidad. “Claro que tienen idea de la sexualidad, les llegan determinadas informaciones, el problema es que la mayoría de las veces nadie les explica ni les da más información de aquello que escuchan, oyen o ven…”. Por lo que resulta fundamental que se les eduque en este terreno ya que “la educación sexual es mucho más que prevención. Es un proceso de enseñanza-aprendizaje a través del cual el alumnado aprende a conocerse, aceptarse, a gestionar y disfrutar de su erótica así como a establecer relaciones sanas e igualitarias y esto lo pueden hacer todas las personas. Hay personas funcionales que apenas conocen su cuerpo y personas con diversidad funcional que lo conocen perfectamente. Lo que hay que hacer es atender al momento evolutivo de cada persona, adaptando los contenidos a los distintos ritmos de aprendizaje”.

La sexóloga insiste en que cuando trabajan con chicos y chicas con discapacidad intelectual existen determinados aspectos diferenciales en cuanto a la información que manejan. Entre ellos destaca: menos personas que les hablan de sexualidad, menos modelos sociales de la sexualidad entre personas con discapacidad, que en muchas ocasiones no se les permite tomar sus propias decisiones, una sobreprotección, falta de redes sociales y habilidades para relacionarse, falta de espacios para la intimidad así como falta de apoyos para expresar y disfrutar su sexualidad y su orientación sexual con libertad.

“Si existe falta de información y silencios se produce la vulnerabilidad porque no tienen herramientas para defenderse. Tenemos que trabajar que aprendan que su cuerpo les pertenece y que no pueden acceder a cualquiera, esto hará que reconozcan lo que es un abuso. A veces no trabajamos esos círculos de confianza con los chicos y chicas con discapacidad y es importante que aprendan a distinguir quién puede o no puede acceder a su cuerpo”, concluye.

La experta aportó además algunas claves para las familias:

- Hablar de sexualidad, no esperar a que pregunten.

- Mostrarnos con naturalidad: “cuando no sepamos que contestar, si no lo sé lo digo y voy a buscar la información”.

- No infantilizar: “porque pueden tener alguna dificultad en algún área pero no en todas”.

- Proporcionar intimidad: que tengan sus espacios para desarrollar su sexualidad y desarrollarse como personas.

- Respeto a su cuerpo y su pudor: “que reconozcan que no todo el mundo puede acceder a su cuerpo”.

- Dotarles de habilidades sociales.

- Dotarles de autonomía y decisión.

- Proporcionar redes sociales: de su misma edad, que salgan y se relacionen.

- Corregir conductas: “por ejemplo si se masturba en público enseñarle a que lo haga en privado pero no demonizar el placer”.

"Acceder al propio cuerpo es un derecho"

Por su parte, Antonio Centeno, miembro de la Oficina de Vida Independiente de Barcelona, co-director del documental Yes, ¡we fuck! y responsable de asistenciasexual.org, abordó en esta charla la asistencia sexual. 

Con tetraplejia desde los 13 años, Centeno es uno de los principales promotores y activistas por la figura del asistente sexual como apoyo imprescindible para mejorar la autonomía de las personas con discapacidad y/o en situación de dependencia.

“Existe la tendencia general a asexualizar a las personas con discapacidad, porque se nos ve como niños y parece natural que estemos dependiendo de nuestras familias. Entonces”, añade, “la idea de un asistente sexual aparece aquí como un elemento potente para romper con esa imagen de asexualización de las personas con diversidad funcional”.

“La asistencia sexual es un elemento que además del valor intrínseco que posee como apoyo para resolver toda toda el área de acceder sexualmente al propio cuerpo, de poder explorarlo, saber qué gusta… también tiene un valor a nivel simbólico ya que ayuda a situarnos en el imaginario colectivo como seres sexuales alejándonos de la idea de infantilizar la diversidad funcional”, insiste.

Figura todavía en situación alegal en nuestro país, Centeno explica así el planteamiento que desde la Oficina de Vida Independiente hacen de la labor del asistente sexual: “Cuando hablamos de tareas que tiene que ver con la sexualidad, entendido como aquello que la mayoría de personas hacen de forma autónoma, trasladado a las personas con diversidad funcional es hacer las cosas con las manos de otra persona pero las propias decisiones. Para que muchas personas con diversidad funcional puedan tener acceso a su cuerpo desde un punto de vista sexual, para que puedan conocer su propio cuerpo y vivir el autoplacer es necesario este apoyo específico que es la asistencia sexual. Esta figura es análoga a la asistencia personal en cuanto al planteamiento y en cuanto a la configuración como derecho porque al final estamos hablando de acceder al propio cuerpo y acceder al propio cuerpo es un derecho”.

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