Un posible tratamiento para la obesidad basado en la función mitocondrial ofrece resultados prometedores en ratones

Perder peso
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Un novedoso enfoque farmacológico podría convertirse en una nueva estrategia para tratar la obesidad inducida por la dieta. Se trata de un esfingolípido (un tipo de lípido, o grasa, especialmente común en los tejidos de animales y plantas) sintético inicialmente propuesto como agente anti-cáncer pero ahora probado para este fin por científicos de la Universidad de California en Irvine (Estados Unidos).

Así lo recoge un estudio publicado en el medio especializado EMBO Molecular Medicine que detalla los resultados alcanzados en las pruebas realizadas hasta ahora de este esfingolípido en ratones.

Tal y como explican los autores, el esfingolípido (llamado SH-BC-893) logró, entre otras mejoras, restaurar el peso corporal normal de los ratones, así como corregir muchas de las secuelas metabólicas que tiene la obesidad por una dieta alta en grasas.

Efectos sobre la fisión mitocondrial

Para entender cómo actúa el SH-BC-893 es necesario comprender el papel que juegan las mitocondrias en la obesidad y en las disfunciones metabólicas que a menudo le van asociadas.

Existe un tipo de grasa en concreto, el ácido palmítico, que es especialmente abundante en el organismo de humanos y animales, así como en la dieta humana (y aún más, concretamente, en la dieta occidental). Se trata del ácido graso saturado más presente, por ejemplo, en las carnes, lácteos o aceites vegetales. Sin embargo, el exceso de esta sustancia provoca un exceso de fisión mitocondrial (un proceso por el que estos orgánulos celulares coordinan numerosos procesos biológicos, entre ellos el metabolismo). El resultado de esto es que se produce un exceso de residuos tóxicos de la actividad mitocondrial, que en algunos casos se asocian a la resistencia a la insulina en determinados tejidos (un fenómeno que está detrás de determinados tipos de diabetes).

Así, el esfingolípido desarrollado por los autores inhibe una serie de eventos desencadenantes de la fisión mitocondrial, manteniendo los orgánulos en proceso de fusión (a grosso modo, el proceso contrario), lo que preserva la función normal de las mitocondrias y elimina estos efectos nocivos.

Al mismo tiempo, la corrección de la disfunción mitocondrial permitió normalizar los niveles de dos hormonas metabólicas (la leptina y la adiponectina) lo que, a su vez, facilita la pérdida de peso (entre otros procesos, la leptina cumple una función en la regulación del apetito) y disminuye la incidencia de problemas metabólicos.

Así, en los ratones en los que se probó el SH-BC-893 se normalizó la función mitocondrial en los tejidos hepático, cerebral y adiposo blanco. El resultado es que no sólo normalizaron su peso, incluso cuando continuaron consumiendo una dieta rica en grasas (y especialmente ácido palmítico) sino que, además, se produjo una reducción en la incidencia de problemas metabólicos relacionados con la obesidad.

Posibilidades como tratamiento

Más allá del buen funcionamiento que ha demostrado en estos modelos animales el SH-BC-893, el compuesto presenta algunas características muy importantes de cara a una posible aplicación clínica en el futuro.

Concretamente, los ratones toleraron bien la sustancia sin presentar ningún efecto secundario o daño relevante, y sus efectos fueron aditivos a los de otras estrategias para combatir la obesidad en los roedores, como un régimen de ejercicio físico. Esto último apunta a las posibilidades como parte de un plan de tratamiento que comprenda también otras intervenciones. Además, se trata de una sustancia biodisponible de forma oral.

Con todo, es preciso recordar que el estudio se ha llevado a cabo exclusivamente en ratones, por lo que aún quedan algunos pasos (particularmente pruebas en humanos) antes de que el SH-BC-893 pueda ser aprobado para uso clínico.

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