Sin microplásticos ni manchas de tomate: tengo estos 'tuppers' y merecen cada céntimo

Basado en hechos observados y verificados directamente por nuestros periodistas o por fuentes informadas.
Las fiambreras de plástico son muy populares, pero desde luego no son las más recomendables.
Desde hace ya unos cuantos años tomé la decisión de desterrar los tuppers de plástico de mi cocina y pasarme definitivamente a los recipientes de cristal. Lo hice, en primer lugar, por una cuestión puramente práctica y de higiene: estaba harto de esos tuppers de plástico que, después de guardar un guiso con tomate o unas lentejas, se quedaban teñidos de naranja para siempre, por mucho que los frotaras, y que además acababan reteniendo olores de comidas pasadas.
Pero, más allá de la comodidad al fregar, el cambio lo hice principalmente por salud. La evidencia sobre cómo el plástico, especialmente al calentarlo en el microondas o al guardar alimentos calientes, libera microplásticos, disruptores endocrinos y otros químicos nocivos en la comida es cada vez más clara.

Pack de cuatro fiambreras de cristal (bosorilicato)
Por 11 eurosPor eso, no puedo dejar de recomendar a todo el mundo que haga el cambio al cristal. Además, la realidad es que, si tienes un mínimo de cuidado y no los rompes contra el suelo, a la larga salen muchísimo más baratos porque no se deforman ni se degradan como los de plástico.
Y para ponerlo aún más fácil, he visto que ahora mismo hay un pack de cuatro recipientes de distintos tamaños que se puede conseguir por apenas 11 euros, con envío gratis, lo cual es la excusa perfecta para renovar el arsenal.
La principal ventaja del cristal, y en concreto del vidrio de borosilicato con el que suelen estar fabricados estos recipientes de calidad, es su inercia química. Esto significa que el material no interactúa en absoluto con los alimentos que contiene.
Da igual si guardas algo muy ácido como una salsa de tomate o algo muy graso; el cristal no va a absorber nada ni va a transferir ningún sabor a la comida. Tu comida sabe a lo que tiene que saber, hoy, mañana y dentro de tres días.
Además, esta resistencia térmica del borosilicato los hace increíblemente versátiles. Puedes sacar el recipiente del congelador y, quitándole la tapa, meterlo directamente en el microondas o incluso en el horno convencional sin miedo a que estalle por el choque térmico. Intenta hacer eso con un tupper de plástico y verás cómo se derrite en minutos.
Este pack en concreto te soluciona diferentes necesidades de golpe gracias a sus cuatro tamaños escalonados. Al tener distintos tamaños, también son muy fáciles de guardar cuando no los usas, ya que se pueden apilar uno dentro de otro, ahorrando un espacio precioso en los armarios de la cocina.
Otro punto fundamental de estos recipientes es el sistema de cierre. Las tapas, que sí suelen ser de plástico por razones de flexibilidad, cuentan con juntas de silicona y sistemas de pestañas abatibles que garantizan un cierre completamente hermético.
Esto tiene dos beneficios directos. El primero es que puedes meterlos en la mochila o en el bolso para ir al trabajo sin el pánico constante a que el caldo se derrame y te arruine el día. El segundo es que, al sellar herméticamente y evitar la entrada de aire y humedad, los alimentos se conservan frescos y en perfecto estado durante mucho más tiempo en la nevera. Además, las juntas de silicona se pueden desmontar fácilmente para lavarlas por separado, evitando que se acumulen restos de comida o moho en los bordes.
