Pon a prueba a tu Sherlock Holmes interior: transforma la lógica en un juego de detectives

Basado en hechos observados y verificados directamente por nuestros periodistas o por fuentes informadas.
Ochenta crímenes por resolver con lápiz y lógica: Murdoku cruza la mecánica del sudoku con la deducción detectivesca en un solo libro.
Cuenta cuántas veces has desbloqueado el móvil hoy sin motivo. Ahí está el hueco que ocupa Murdoku sin pedir batería: un libro de ochenta casos de asesinato que se resuelven con lápiz, paciencia y esa satisfacción concreta de encajar la última pieza sin que nadie te sople la respuesta.
El sistema es más simple de lo que suena. Cada caso trae una cuadrícula, unos personajes y unos elementos alrededor: habitaciones, muebles, animales, objetos. Es decir, colocas a cada sospechoso en su casilla siguiendo la regla básica del sudoku, uno por fila y columna, y las pistas te van diciendo quién no pudo estar dónde. Cuando el tablero cuadra, el culpable se queda solo.
Murdoku cuesta 17 euros en Amazon, lo mismo que una novela de bolsillo pero con bastantes más horas por delante. Lo firma Manuel Garand, creador de rompecabezas afincado en Montreal cuyos juegos han aparecido en el Financial Times. Es decir, no estamos ante un pasatiempo montado a última hora para aprovechar el tirón del género, sino ante el trabajo de un profesional.
La variedad es lo que sostiene el libro. Un caso transcurre en una panadería, el siguiente en un casino, luego en un torneo de ajedrez, una granja o una ópera. Ese cambio de decorado evita el efecto página cincuenta, ese momento en que los libros de acertijos empiezan a parecerse demasiado a sí mismos y acaban en un cajón.
La dificultad sube por escalones. Los primeros casos funcionan como entrenamiento y se despachan casi de un vistazo; los últimos obligan a cruzar varias pistas antes de que la cuadrícula ceda. No hace falta saber nada de lógica formal ni haber tocado un sudoku antes, así que cualquiera puede empezar hoy mismo sin sensación de estar perdido.
Ahora bien, hay una crítica que conviene conocer antes de pagar. Varias opiniones de lectores coinciden en que el reto se queda corto: en cuanto atas dos pistas importantes, el resto del caso se desmonta prácticamente solo. Si lo que buscas son acertijos que te bloqueen media hora y te obliguen a empezar de nuevo, ese es el aviso.
Para el resto de perfiles funciona muy bien. Encaja en el trayecto de tren, en la mesa de la terraza, en los veinte minutos antes de dormir en los que apetece cualquier cosa menos otra pantalla. Y admite jugarse en compañía, discutiendo las pistas en voz alta, lo que convierte un pasatiempo individual en plan de sobremesa.
Como regalo tiene recorrido evidente, lectores de novela negra, veteranos del Cluedo y cualquiera enganchado a los juegos de deducción. El sello ya publica un segundo volumen y un estuche con ambos, además de propuestas hermanas como Murdle, así que la fórmula tiene continuidad si el primer libro engancha en lugar de aburrir.
Por tanto, Murdoku apunta a quien quiere entrenar la cabeza sin que parezca deberes, desconectar del móvil un rato o dejar un regalo que no acabe en el fondo de una estantería. Por 17 euros y ochenta casos, cumple lo que promete dentro de sus límites, que quedan claros desde la primera página.

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