La compras una vez y te acompaña siempre: adiós a los dolores de cuello en tus viajes

El descanso empieza antes de bajar del avión.
El descanso empieza antes de bajar del avión.Cirorld-Gemini
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Basado en hechos observados y verificados directamente por nuestros periodistas o por fuentes informadas.

Dormir sentado tiene truco y casi siempre está en el cuello: la almohada Cirorld ajusta su tamaño con botones para sujetar la cabeza.

Llevas dos horas de vuelo, cierras los ojos, y la cabeza se desploma hacia un lado hasta que el tirón te despierta. Repetido cuarenta veces. La almohada Cirorld ataca ese fallo concreto: sujetar la cabeza en su sitio para que el cuello deje de trabajar mientras duermes.

La diferencia frente a las almohadas de aeropuerto está en el ajuste. Lleva botones a presión que permiten abrir o cerrar el diámetro según tu cuello, algo que suena menor hasta que has probado una talla única que aprieta demasiado o baila. Ajustada bien, sostiene también el mentón y evita que la barbilla caiga sobre el pecho, que es de donde sale la mitad de las agujetas del día siguiente.

En cuanto al precio, la almohada Cirorld cuesta 19 euros en Amazon, la cifra de dos cafés de aeropuerto por un accesorio que dura años. El relleno es espuma viscoelástica, el material que cede bajo el peso y recupera su forma después, de modo que se amolda al hueco entre hombro y mandíbula en lugar de empujar la cabeza hacia arriba como hacen las hinchables.

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El detalle que la distingue está detrás. La parte trasera es más plana que en la mayoría de modelos en forma de U, lo que evita ese empujón que te inclina la cabeza hacia delante cuando reclinas el asiento. Traducido: la nuca queda pegada al reposacabezas y la postura se mantiene erguida en vez de terminar con la barbilla clavada en el esternón.

Ocupa poco, que en un equipaje de mano es media batalla. Se pliega, entra en su bolsa de transporte y se cuelga de la mochila sin robar espacio a nada. Frente a los modelos rígidos que hay que llevar colgando del asa de la maleta, aquí el bulto desaparece dentro del propio equipaje hasta que la necesitas.

La funda es de terciopelo suave, extraíble y lavable, un punto práctico cuando el mismo accesorio pasa por trenes, aviones y coches durante meses. Ahora bien, conviene retener la instrucción del fabricante: la espuma no se lava ni se pone al sol. Se airea y punto. Es el tipo de detalle que arruina una almohada buena si se ignora.

Funciona perfectamente esa sujeción física del cuello, el valor real del producto reside en poder bajarte del avión tras muchas horas de vuelo descansado y no con esa incómoda sensación de haber pasado un mal rato. Por lo que vale, es un acierto.

Su terreno va más allá del avión, ya que sirve en autobuses nocturnos, en trenes de largo recorrido, de copiloto en carretera y hasta en una siesta de oficina. Quien encadena viajes de trabajo o cruza España varias veces al año la amortiza en el segundo trayecto, porque el descanso condiciona el día entero que viene después.

La almohada Cirorld apunta a quien viaja lo suficiente como para haberse cansado de llegar con el cuello agarrotado. No hace milagros, pero por 19 euros resuelve un problema concreto que se repite en cada trayecto largo.

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