Cómo recuperar una buena relación con tus padres, cuando los desencuentros o el distanciamiento la han dañado

  • Si la relación con unos padres está deteriorada es muy posible que tenga un efecto directo en el resto de las relaciones.
  • Es preciso que ambas partes tengan voluntad de empatizar, reconocer errores, asumir esponsabilidades y dedicar tiempo.
Para que padres e hijos puedan reconciliarse tras un conflicto es necesario que cada uno asuma su parte de responsabilidad.
Para que padres e hijos puedan reconciliarse tras un conflicto es necesario que cada uno asuma su parte de responsabilidad.
©GTRESONLINE

¿Es posible recuperar y volver a tener una buena relación con nuestros padres cuando ésta lleva tiempo deteriorada? Sin duda, los conflictos filioparenteales son unos de los más difíciles de afrontar y causan destrozos a nivel personal y anímico cuyos pedazos cuesta recomponer, sobre todo, cuando estos problemas acaban por enquistarse e incluso magnificarse con el paso del tiempo.

La ruptura con unos padres puede tener su origen en distintas situaciones: malos entendidos, problemas del pasado que han quedado sin resolver, diferencias en apariencia irreconciliables... Todos ellos hechos que producen un terrible dolor en ambas partes además de un tremendo malestar porque la familia, y sobre todo los padres, son uno de los pilares fundamentales de cualquier persona.

Si la relación con ellos no funciona y está muy deteriorada es muy posible que tenga un efecto directo en el resto de nuestras relaciones personales, que impacte de forma muy negativa en el desarrollo de nuestra vida diaria y consecución de nuestras metas; y repercuta negativamente en nuestro estado de ánimo provocando sentimientos de tristeza y culpa.

¿Cómo podemos reconstruir ese vínculo y recuperar una relación cuando se ha producido tanto dolor y tristeza por el camino? Los especialistas señalan que es posible siempre que ambas partes pongan interés por conseguirlo y cada una de ellas tenga voluntad de empatizar, reconocer sus errores, asumir parte de responsabilidad y dedicarle tiempo ya que no se trata de un objetivo que pueda conseguirse de forma inmediata. Esta son algunas de las pautas que recomiendan para empezar de nuevo:

Antes de dar el paso de volver a verse y abordar una posible reconciliación es importante hacer un ejercicio interior relacionado con las emociones que habitan dentro de uno. En primer lugar, aceptar nuestra parte de responsabilidad en el conflicto. No se trata de culpabilizarse pero sí de reconocer y aceptar que hemos tomado parte en ese distanciamiento.

También es imprescindible asumir que no solo nosotros hemos sufrido por esta separación y empatizar con el dolor que también han sentido nuestros padres. Ver más allá de nuestro propio sufrimiento ayuda a entenderles y a encontrar soluciones. Si por el contrario nos regodeamos solo en nuestro dolor será difícil abrir una puerta a la reconciliación.

Por otro lado, hay que intentar comprender su punto de vista. Ponernos en su lugar en el momento en que se produjo la ruptura o entender la situación por la que estaban pasando para que todo se rompiera. Muchas veces podemos pasar por alto que tenían motivos o razones de peso en ese momento para actuar como lo hicieron o que, simplemente, no lo supieron gestionar mejor. Si se les juzga y echa la culpa constantemente por la forma en la que actuaron o se comportaron no conseguiremos pasar página.

Esto nos obligará, por extensión, a aceptar que los padres, como cualquier otra persona, no son perfectos, que no está en nuestras manos cambiarles y que no hay que pretender tener en control sobre ellos sino intentar verlos de la manera más positiva y realista posible.

El objetivo de todo ello es dejar de culpabilizarles por todo lo que pasó y dar paso al perdón. Hay que entender que si no se perdona va a ser imposible recuperar la relación - ya que difícilmente vamos a poder quedar con ellos como si nada hubiera ocurrido- e incluso, aunque no queramos volver a tener una relación fluida ese perdón se hace necesario para poder pasar página, soltar lastre y seguir con nuestra vida.

Primera toma de contacto

En el momento de volver a verse para iniciar el camino de la reconciliación los especialistas recomiendan elegir un lugar neutral, donde todas las partes se sientan cómodas y no haya límites de tiempo para poder conversar sin presiones. No se trata, en absoluto, de reencontrarse y llevar la conversación hace temas intrascendentes y poco conflictivos. Al contrario, con toda la educación del mundo debemos abordar el asunto que nos ha llevado allí, trasmitirles - sin culpabilizarles- como nos hemos sentido durante todo este tiempo y hacerles sentir que también queremos saber como lo han pasado ellos.

Si nos sentimos preparados, este sería un momento idóneo para disculparse por algunas de las cosas que hemos hecho o dicho antes de perder la comunicación. Hacerlo puede crear a la vez el ambiente propicio para que nuestros padres asuman también su parte de responsabilidad. Es importante también ir con la mente abierta y no formase una idea preconcebida de lo que va a ocurrir ni sentirse decepcionado si las cosas no avanzan a la velocidad que habíamos esperado. Hay que recordar que se trata de un proceso lento.

Si tras este primer encuentro se percibe que la relación puede sanar y además mejorar, es el momento de ponerse manos a la obra. Proponer un nuevo encuentro inicia el camino para darle continuidad y poner fin al distanciamiento. Darles de nuevo una puerta de entrada en nuestra vida consiste en hacerles partícipe de ella: pedirles consejo, dejar que nos ayuden, interactuar con ellos de forma continua y, de manera recíproca, ofrecerles también nuestro apoyo para que sientan que pueden contar con nosotros.

Como en el caso del primer contacto, es importante que sigamos manteniendo unas expectativas realistas durante todo el proceso. Volver a fortalecer los vínculos con nuestros padres es una cuestión, sobre todo, de tiempo y constancia, de saber reconocer que habrá altibajos pero que estos pueden superarse, que cada parte necesitará su propio ritmo y que dar carpetazo a los sentimientos negativos y dar entrada a los positivos solo se hará de manera gradual. A veces, recurrir a la ayuda de un terapeuta familiar durante esta etapa puede ayudar también a superar los peores momentos del proceso.

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