El 'síndrome de la cabaña' o el miedo a salir tras el confinamiento: "Cuando bajo la basura, vuelvo a casa descompuesta"

Una joven con el móvil en el balcón de su casa en Barcelona.
Una joven con el móvil en el balcón de su casa en Barcelona.
EUROPA PRESS

El Gobierno considera que ya se ha "doblegado la curva" y ahora hablan de un 'Plan para la transición hacia una nueva normalidad'. Este plan de desescalada del confinamiento está dividido en cuatro fases y ahora mismo estamos en la cero, que consiste en la preparación de la transición. En ella, además de las medidas de alivio comunes que han empezado ya con los niños, está la proyectada para el próximo sábado 2 mayo en la que se podrá realizar deporte y pasear de manera individual.

Sin embargo, lo que para muchas personas es un alivio, para otras no lo es, no lo ven claro y hablan del pánico que les produce salir a la calle. Aquí es donde surge lo que algunos psicólogos llaman síndrome de la cabaña. Aunque existen psicólogos que rechazan este concepto y lo ven erróneo.

Para el psicólogo José Ramón Ubieto, profesor colaborador de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, emplear este término hace que parezca que "todos somos iguales" y no es así. "Cada uno tienen una vivencia distinta y depende de muchos aspectos. Esto afecta a personas de todas las edades y cada uno tiene sus motivos para no salir. Ponerle este nombre parece que los hemos entendido, como con el coronavirus. Le hemos puesto Covid y parece que ya lo entendemos pero en realidad no lo sabemos todo", valora. Él considera que "cabaña es un mal nombre" porque se refiere a alguien que se ha recluido voluntariamente mientras que nosotros "estamos confinados por fuerza mayor".

"Ya empezamos a hablar de desescalada pero hay mucha gente que tiene mucho miedo a salir a la calle"

Mientras Ovidio Peñalver, psicólogo sanitario y psicoterapeuta, explica que ya "hubo algunos autores que hablaron del síndrome de la cabaña" y que se han estudiado casos de personas que estaban bastante tiempo aisladas como por ejemplo, "gente que ha sido secuestrada". "Usamos este concepto ahora porque ya empezamos a hablar de desescalada pero hay mucha gente que tiene mucho miedo a salir a la calle", zanja. Defiende que este término hace referencia al hecho de que "la gente se ha acostumbrado a estar en su cueva y no salir de ahí".

Las experiencias de Marisa, Pilar y María

Marisa, 61 años y con viarias enfermedades previas-tiene hipertensión, tuvo un ictus hace unos años-, vive en Cartagena con su hermana Pilar y las dos lo pasan mal cuando tienen que salir a la calle. "Mis hijas nos hacen la compra o sino la pedimos por internet y cuando nos lo traen, les pedimos que la dejen en la puerta de casa", explica y asegura que no iría a un supermercado "ni de coña". Marisa dice que no piensa pesar la calle hasta que esto no pase de verdad. Vive "metida en la jaula", aunque admite que a veces le da por salir porque vive en un zona lejos del centro y no hay tantas casas, pero lo que más miedo le da es andar por las zonas comunes de la urbanización. "Hasta la basura la tiene que tirar mi hermana", comenta. 

"Cada vez que salgo a tirar la basura, vuelvo descompuesta a casa"

Su hermana Pilar de 63 años y prejubilada afirma que cada vez que sale a tirar la basura "vuelve descompuesta" a casa. "A veces acumulo dos bolsas y cuando sé que me toca bajarlo, esa noche lo paso fatal pensando en ello. Y cada vez que salgo a tirar la basura, vuelvo descompuesto a casa", añade. Ellas tienen una perra y dice que no la sacan porque la tienen que lavar bien y les da pena. "Le hemos puesto un pañal", lamentan. Pilar cree que hay una sobreinformación sobre este tema, pero las informaciones no son claras. "Por ejemplo, el otro día leí que hay un pequeño porcentaje de gente que se contagia en el hogar. Esto produce mucho miedo", relata.

"Aunque pudiera, no saldría de casa"

"Llevamos muchos tiempo aquí encerradas, ya tenemos una rutina y nos da mucho miedo salir. Mientras no haya una vacuna, no creo que podamos hacer una vida normal", subraya. "Nos hemos organizado bien en casa: hacemos los pedido por internet, practicamos deporte en casa, etc". Y añade que "esta es la sexta semana y para salir acojonada, prefiere quedarse en casa porque es peligroso para la gente de su edad". "Aunque pudiera, no saldría de casa", matiza. Por su parte, su hermana Marisa asegura que ella sufrió agorafobia en el pasado y que siente que le va a pasar lo mismo cuando estemos en la fase de movilidad general.

"Las primeras veces que fue a comprar salí del súper llorando"

Otro caso distinto es el de María, una veinteañera que vive sola en Madrid por estudios pero sus padres residen en Almería. La joven no quiso volver a su casa porque sus padres son "población de riesgo": tienen más de 60 años y enfermedades previas. María lo pasa "muy mal" cuando baja la basura y también la acumula como hacen Marisa y Pilar. Pero ella sí que va al supermercado y se plantea salir a correr. "Las primeras veces que fue a comprar salí del súper llorando. La sensación fue terrible, sentí mucha ansiedad y no podía respirar", cuenta. A María le agobia ver mucha gente en la calle y les cuesta pasar al lado de la gente: "Es una sensación rara", manifiesta.

¿Quiénes son los más afectados y por qué?

Lejos del debate de cómo llamar a este fenómeno es importante hacer hincapié en que este problema afecta a gente de diferentes edades y cada uno con una vivencia subjetiva del asunto. Sin embargo, afecta sobre todo a personas mayores, algunos adolescentes y niños pequeños y personas hipocondríacas.

¿Vas a salir a la calle cuando lo permitan las autoridades o te quedarás en casa por miedo al contagio?

La gente mayor no ve claro salir porque piensa que se pueden contagiar, que pueden caerse y tener algún problema del cual no poder recuperase bien. "Tiene que ver con la sensación de estigma a los más vulnerables. Aquellas que por ser personas mayores están identificadas como los que más se mueren por el coronavirus y por tanto parece que están más cerca", añade el profesor Ubieto. 

Añade que también están las adolescentes. Por ejemplo, una chica de 14 años le "decía que no quería salir porque había salido un momento a comprar y le molestaba tener que separarse con tanta distancia como si fuera una apestada y que la gente le mire". Todo esto le molestaba porque los adolescentes son muy sensibles a la mirada. "Para ellos es una salida encorsetada porque no se puede salir como siempre: hay que conservar la distancia, usar mascarilla en algunos cosas y no se puede tocar ni saludar", explica el autor de Bullying: Una falsa salida para los adolescentes. A los adolescentes les costará salir porque a ellos les gusta estar fuera de la mirada y por eso escogen sitios como parques donde nadie les ve, esquinas, sitios oscuros donde pueden tener una intimidad y privacidad. "Ahora la policía está en todas partes. Se sienten observados, esa mirada que nos observa a algunas personas les es un poco insoportable", resalta

"Los niños imaginan al coronavirus como un monstruo"

Luego están los niños, que ya pueden salir desde el pasado 26 de abril a dar un paseo acompañados de un adultos durante una hora.No todos los niños recibieron con alegría esta noticia y algunos se han negado a salir. Entre los pequeños hay algunos que tienen miedo "porque piensan que el coronavirus es alguien que está por ahí dando vueltas" o un "monstruo". Además, a ellos les gusta salir con sus reglas: ir a los parques y jugar con sus amigos y esto para algunos es un decepción porque tienen que estar cogidos de la mano de sus padres.

Por último, están las personas hipocondríacas y es que estos colectivos ya de antes si les duele la tripa creen que tiene un cáncer de estómago, si se le duerme una pierna creen que es parálisis o si alguien les cuenta su enfermedad, piensan que la padecen. Ahora y en situaciones como estas aumenta esa paranoia.

Lo cierto es que temores tenemos todos y están relacionados con el hecho de que han muerto más de 24.000 personas y la incertidumbre sobre lo que pasará. "No hay fecha para esta pesadilla", dice el psicólogo José Ramón Ubieto. No es un secuestro no es un terremoto, que sabemos cuándo empiezan y cuándo terminan.  

Recomendaciones: desde evitar la infoxicación a acudir a un especialista

Ovidio Peñalver, el autor de Emociones Colectivas, considera que es importante evitar llegar al límite del pánico. Asegura que nos va a costar volver a la "vida frenética" que teníamos antes y por ello, es importante adoptar unas "conductas de evitación". Para prevenir, aconseja que lo primero que hay que hacer es "informarse bien" y evitar la "infoxicación". Hay que saber bien dónde, cuándo y cómo se producirá el desconfinamiento y hacerlo acudiendo a fuentes fiables y oficiales. 

También recomienda hacer "ejercicios de respiración" para relajarse y actividades como el body scanner , que consiste en imaginar el cuerpo como un escáner y pensar en sus detalles. Esta técnica ayuda para centrarse en el "aquí y el ahora". O buscar alguien de confianza que te ayude y así empezar a salir poco a poco e ir perdiendo el miedo.

En situaciones más graves, Peñalver sugiere buscar el apoyo de un profesional que acompañe a la persona para volver a la normalidad. Se trata de casos extremos en los que se empieza a tener un fobia social que puede provocar "agorafobia"-el miedo a estar en espacios abiertos-, una situación que recomienda prevenir. Por eso, el psicoterapeuta llama a las autoridades sanitarias y los colegios de psicólogos de que informen de que estas situaciones existen y poner teléfono de asesoramiento para los que lo necesiten.

"Cuanto más prolongamos el confinamiento, más difícil va a ser volver"

En el caso de los niños, el profesor Umbieto dice que ha hablado con varias familias sobre este tema y lo que les ha recomendado es que "les obliguen" a salir a la calle empleando distintas estrategias. "He hablado con una señora que vive sola con un niño y él no quiere. Le aconsejé que he le diga que ella necesita salir y le gustaría que el niño le acompañe para sentirse mejor", explicaEl psicólogo dice que obligarlos en el sentido de que "el miedo se vence reconociendo el territorio". "Es tan simple como salir porque cuando hay miedo se tiene que poner límite. Hay que sacarlos, cumpliendo las normas higiénicas y de distancia, claro. Cuanto más prolongamos el confinamiento, más difícil va a ser volver", concluye.

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