Arroz blanco
Arroz blanco cocido GTRES

El arroz es probablemente uno de los platos más recurrentes en nuestra cocina. Arroz blanco para acompañar, risotto, paella o arroces con cosas para no enfadar a nadie... Incluso para convertir una ensalada en plato único nos va perfecto. Pero el arroz tiene mucho almidón y al soltarlo puede acabar siendo demasiado pastoso y apelmazado, y no siempre ese lo que queremos.

Para conseguir una arroz blanco perfecto, que quede suelto y en su punto, tenemos que tener en cuenta algunos pasos muy simples pero que a veces se nos olvidan. Así que toma nota.

En realidad todo es bastante sencillo: controlar tiempo, agua y cocción, y también elegir la variedad más adeciada para la receta que estemos preparando.

Elegir el grano

Hay muchos tipos de arroz y es iportante tenerlo en cuenta a la hora de cocinar. Los arroces redondos van bien para platos como paella o risotto, pero como tienen más cantidad de almidón que el largo es más fácil que se pase y quede pastoso. Para hacer arroz blanco hervido podemos usar cualquier variedad, pero con el grano largo tendremos algo más de margen para conseguir que quede suelto.

La cantidad

Si hacemos cantidad en exceso sin calcular bien el agua que hace falta es más fácil que acabemos con una olla llena de arroz blanco pastoso. Lo ideal es calcular cuantas personas somos y añadir 100 gramos de arroz para cada una. Podemos usar otros 100 gramos por si alguien quiere repetir.

No remover

El truco principal es no remover. A no ser que queramos hacer un risotto o un arroz meloso, es muy importante no remover el arroz. Cada vez que damos unas vueltas con la cuchara, el grano suelta almidón volviéndose más cremoso. Si queremos un arroz blanco suelto tenemos que dejarlo tranquilo después de echarlo a la cazuela. Estoy se aplica también para arroces secos como la paella.

Usar la tapa

Para hervir arroz en la cazuela deberíamos dejar siempre la tapa puesta. Si no la usamos o la levantamos a menudo alargamos el proceso de cocción y será mucho más difícil conseguir el punto perfecto. Así que la tapa solo la levantaremos para condimentar o añadir ingredientes.

A fuego suave

Aunque tengamos prisa y la costumbre de pensar que es un plato que podemos preparar en un momento, es un error cocinar el arroz a fuego fuerte. El fuego tiene que ser bajo. Cuando el agua rompa a hervir y echemos el arroz, podemos subirlo un poco para que recupere su ebullición, pero lo ideal es bajarlo de nuevo para que el agua no se evapore demasiado rápido.

El tiempo justo

Parece básico pero, al igual que pasa con la pasta, el tiempo de cocción hay que respetarlo. Cada tipo de arroz tiene unas características, por eso lo más fácil es seguir las indicaciones del fabricante. Además, hay que tener en cuenta que el arroz sigue cociéndose un poco por el propio calor residual, por eso es importante sacarlo del fuego a tiempo, escurrir el agua y dejarlo reposar unos minutos.

Lavar con agua fría si se ha pasado

Si no hemos podido evitar que el arroz se nos haya pasado, un truco clásico es ponerlo en un escurridor y bañarlo con agua fría. Esto hace que el proceso de cocción pare y no se siga cocinando por el calor residual. Es verdad que no es muy aconsejable porque pierde sabor, así que mejor lo reservaremos para casos de emergencia.