Coches de hidrógeno: ventajas y desventajas
Hyundai fue la primera marca que matriculó un coche de hidrógeno en España. Pixabay

La preocupación por el medio ambiente y el deseo de las empresas automovilísticas de crecer y ser competitivas en un nuevo tipo de mercado ha hecho crecer la inversión en combustibles y formatos de transporte sostenibles durante los últimos años, una inversión que ha dado lugar a vehículos como el coche eléctrico o el de hidrógeno.

El primero de ellos es impulsado por uno o varios motores eléctricos a través de energía cinética, que se almacena en baterías que se pueden recargar. El segundo, en cambio, no requiere recarga a través de enchufe.

El funcionamiento de este tipo de coches se hace a través de pila de combustible de hidrógeno, mediante un proceso electroquímico que se da al mezclar hidrógeno y oxígeno. De esta relación nacen tanto energía, que se emplea para mover el motor; como agua, que se expulsa en forma de vapor, por lo que genera cero emisiones contaminantes. El hidrógeno es uno de los gases que más abundan en la atmósfera, y se ha probado  con éxito un prototipo a escala de coche de hidrógeno que genera y almacena el gas de forma segura. Entonces, ¿por qué no es la primera opción frente al coche eléctrico?

Hace más de 10 años, 20 minutos ya 'se subió' al coche de hidrógeno, aunque el primer coche de hidrógeno matriculado en España no llegó hasta 2018 de la mano de Hyundai Nexo. Sin embargo, en 2019 todavía no se ha popularizado su uso. ¿Por qué? La principal razón es que para llevar a cabo el proceso electroquímico el hidrógeno debe estar en estado puro, por lo que requiere un tratamiento previo durante el que sí se generan emisiones contaminantes, ya que se emplean combustibles fósiles. Además, el motor de este tipo de coches, al menos por el momento, requiere una mayor inversión, puesto que la pila de combustible necesita espacio dentro del vehículo y suele estar fabricada con platino o similares.

Eso sí, no todo son desventajas. Los coches de hidrógeno tienen una mayor autonomía respecto a los eléctricos, ya no solo porque soporten más kilómetros por recarga, sino porque el tiempo que requiere el proceso de alimentación de combustible del vehículo es similar al de un coche de diésel o gasolina, por lo que tarda mucho menos en cargarse que uno eléctrico.