Cómo desempañar los cristales del coche

<p>Una calle con retenciones por la lluvia, vista desde el interior de un coche con los cristales empapados.</p>
Una calle con retenciones por la lluvia, vista desde el interior de un coche con los cristales empapados.
JORGE PARÍS

Pocas cosas hay más molestas en carretera que un cristal empañado. Cuando el parabrisas se llena de vaho, la visibilidad al volante disminuye y, por tanto, también lo hace la seguridad. Y lo que es peor de esta situación es que, al final, dar con el truco justo para volver a recuperar la transparencia del cristal implica igualmente comprometer la atención que prestamos a la carretera al tratar de limpiar las ventanillas. 

Sin embargo, la solución para desempañar de una manera rápida las ventanillas del coche es mucho más sencilla (y segura) de lo que parece. El protagonista es el climatizador del vehículo, que, ayudado con un par de trucos extra, conseguirá dejar el cristal impoluto en cuestión de segundos. 

La mayoría de entidades relacionadas con el mundo de la automoción, como Mapfre, Carglass o el RACC coinciden en el método más infalible para desempañar los cristales: encender el climatizador y dirigirlo hacia la ventanilla o el parabrisas. Lo mejor será utilizar el aire caliente, pero el frío también eliminará el vaho (aunque le costará un poco más). 

Para potenciar el efecto del climatizador, lo mejor es combinarlo con el aire acondicionado, ya que este está preparado para eliminar la humedad del habitáculo que es, junto con la diferencia de temperatura, lo que provoca el vaho. 

Lo que no debes hacer

Para acabar de completar el proceso, o incluso evitar que se forme el vaho, se pueden abrir ligeramente las ventanillas, para neutralizar la diferencia de temperatura. También se aconseja encender la luneta térmica del cristal trasero y llevar los cristales siempre bien limpios. 

Por otro lado, lo que nunca hay que hacer es frotar el cristal con la mano o con un trapo. Primero, porque este gesto podría distraernos demasiado de la conducción y nos obliga a separar una mano del volante. Y, segundo, porque es contraproducente: se extenderá la suciedad del cristal y de las manos por la superficie, emborronándola aún más.

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