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Dorada al horno: dos ingredientes que le van a dar mucho más sabor

El horno, acaso la mejor opción para hacer una dorada.
El horno, acaso la mejor opción para hacer una dorada.
PIXABAY

De un tiempo a esta parte, la dorada se ha convertido en un pescado popular, pero no hace tanto que era un producto caro. Tanto, como que hubo un empresario que se hizo de oro abriendo restaurantes dedicados sólo a servir dorada a la sal.

Esos peces eran grandes y salvajes, y sabían a gloria. Hoy, la dorada está en todas las pescaderías y a muy buen precio (entre 7 y 10 euros el kilo) porque ni son tan grandes ni tan sabrosas. Son doradas de acuicultura. Nada es perfecto.

Compremos una dorada salvaje o una "amaestrada", lo cierto es que su carne es deliciosa. Y para respetarla, como con tantos otros pescados, hacerla al horno es la mejor opción.

Con el horno hay que tener siempre cuidado de no pasarse. Un tiempo muy prolongado de cocinado dejará la carne de nuestra dorada hecha estopa. Y aunque todo depende de nuestro horno, y cada horno es un mundo, lo ideal es hacer cada kilo de pescado a 180 grados (o sea, flojito) durante unos 15 minutos.

Dorada
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©GTRESONLINE

Si respetamos los tiempos y las potencias, el horno se basta y se sobra para que nuestra dorada quede sabrosa. Pero hay ingredientes que le pueden dar mucho más sabor. Nos hemos fijado en dos.

Una guindilla

Es verdad que la española no es una tradición gastronómica muy picante, pero las guindillas y cayenas se utilizan desde siempre. Eso sí, al contrario que mexicanos o hindúes, lo hacemos con moderación.

Con moderación o sin ella, una guindilla puede alegrar nuestra dorada al horno. Cuando coloquemos nuestro pescado en la bandeja del horno, lo habremos sazonado, puede que hayamos dispuesto ajos o cebolla en el fondo... en este punto una guindilla entera o bien rota en el mortero va a mejorar el resultado.

Hierbas aromáticas

La sal y el aceite de oliva siempre dan un gran resultado, pero nuestra dorada al horno nos quedará mucho más rica si utilizamos hierbas aromáticas.

Por ejemplo, el hinojo. Usaremos las semillas enteras, que tienen un sabor parecido al anís. Van a dar un sabor delicioso a la dorada. También el tomillo, que mezclado con la sal, es otra posibilidad estupenda.

En cualquier caso, hagamos un esfuerzo y busquemos hierbas frescas, nada de botecitos de supermercado. El parecido entre una cosa y la otra es como la de un huevo a una castaña. Nuestro paladar y nuestro olfato lo van a notar... y agradecer.

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