El programa con el que Jaime de Armiñán escandalizó a España en 1967 y que puedes ver gratis

Acosado por la censura franquista y emitido de tapadillo, 'Historia de la frivolidad' ganó premios internacionales y quedó como un hito de la TV.
Narciso Ibáñez Serrador, Irene Gutiérrez Caba y Jaime de Armiñán en el rodaje de 'Historia de la frivolidad'.
Narciso Ibáñez Serrador, Irene Gutiérrez Caba y Jaime de Armiñán en el rodaje de 'Historia de la frivolidad'.
TVE
Narciso Ibáñez Serrador, Irene Gutiérrez Caba y Jaime de Armiñán en el rodaje de 'Historia de la frivolidad'.

La muerte de Jaime de Armiñán no solo nos ha privado de uno de nuestros directores más reivindicables, dos veces nominado al Oscar y con una filmografía siempre digna de ser revisada. También ha supuesto el adiós de un pionero de la televisión en España, responsable de series que ampliaron las convenciones del medio cuando este apenas balbuceaba en nuestro país. 

Entre la producción televisiva de Armiñán, sin embargo, brilla con luz propia un espacio que se emitió solo una vez, escandalizando a un país entero, para después llevarse premios internacionales por su originalidad y atrevimiento. En ese especial, que se tituló Historia de la frivolidad (1967), trabajaron tanto el director y guionista como Narciso Ibáñez Serrador, además de actores y actrices tan ilustres como Agustín González, Irene Gutiérrez Caba y Fernando Rey.

Una maniobra de propaganda que salió al revés

En 1967, con la dictadura pugnando desesperadamente por mejorar su reputación de cara al extranjero (y a sus divisas), a TVE se le ocurrió producir un especial que sirviera como prueba del llamado 'aperturismo' del régimen. Algo que, por supuesto, no implicaría la inclusión de temas sociales o políticos, sino más bien el abordaje de contenidos tirando a picantes. 

Algunos dicen que detrás de aquella idea estaba Jesús Aparicio Bernal, por entonces director del ente público, y otros que el futuro presidente del gobierno Adolfo Suárez, secundado por Juan José Rosón. Partiese de quien partiese la idea, no obstante, está quedó en manos de dos profesionales que ya gozaban de un merecido prestigio. 

Mientras que Ibáñez Serrador había triunfado ya como director gracias a Historias para no dormir, Armiñán contaba con un currículum brillante como dramaturgo y guionista, firmando los libretos de series como Las doce caras de Eva y Galería de maridos. 

Sin embargo, las autoridades del régimen no contaban con que 'Chicho' y Jaime de Armiñán aprovecharían el encargo para tentar los límites de su permisividad. Algo que quedó de manifiesto cuando ambos propusieron como título nada menos que Historia de la censura, algo que fue vetado de inmediato. 

Rebautizado como Historia de la frivolidad, el programa recibió luz verde para rodarse... pero no para emitirse. Tratándose de un producto cuyo fin era la propaganda, el plan de TVE era proyectarlo exclusivamente en festivales internacionales, salvaguardando al público nacional de sus pecaminosas imágenes. 

Un striptease medieval y un censor revolucionado

Creyéndose a salvo de represalias, 'Chicho' y Armiñán echaron el resto. Como indicaba su título, Historia de la frivolidad contaría la historia de la sicalipsis en el arte a través de los ojos de una liga de damas puritanas (encabezadas por una formidable Irene Gutiérrez Caba) a las que no cuesta identificar como una caricatura de los censores franquistas.

El espacio, con números musicales a cargo de Augusto Algueró, incluyó viajes a la prehistoria (mediante un pase de modelos para señoras trogloditas), la Edad Media (el inolvidable striptease de Iran Heory, que se despoja de su armadura y acaba ardiendo en la hoguera) y la Inglaterra isabelina, entre otras épocas. 

El final de este viaje tiene lugar en el futuro, con Gutiérrez Caba aplaudiendo la extinción de la humanidad y su reemplazo por robots: "¡Como no tenéis... de nada, de nada podréis hacer!", exclama alegremente la señora ante una pareja de entes cibernéticos. Los cuales se apresuran a llevarle la contraria, probando que ciertas cosas no admiten enmienda. 

Hoy en día, muchos sketches del especial resultan subidamente machistas, aunque en ellos también hallamos mucha retranca en torno a los roles de género y el doble rasero aplicado a hombres y mujeres por parte de la moral y las buenas costumbres. Sin embargo, los señores de la tijera no estaban para captar estas sutilezas. 

Resultó que, para poder competir en el Festival de Montecarlo, Historia de la frivolidad tenía que emitirse al menos una vez. Algo que provocó un terremoto cuando Francisco Gil Muñoz, censor oficial de TVE, amenazó con dimitir si el programa salía en antena. 

Amenazas, tijeretazos y una avalancha de premios

De manera cien por cien española, esta situación se resolvió volcando todas las culpas sobre la parte más vulnerable. Es decir, sobre Armiñán e Ibáñez Serrador, quienes primero tuvieron que aguantar una mastodóntica bronca de Adolfo Suárez ("¡Si llegamos a estar en la Edad Media, nos quema!", recordaba Armiñán) y después presenciaron cómo Juan José Rosón suprimía, a tijeretazo limpio, algunas de las escenas más incómodas. 

Para colmo, TVE se libró de aquel programa tan escandaloso emitiéndolo pasada la medianoche, una vez finalizada su programación oficial, y con una locutora previniendo de que lo que venía a continuación era "no apto para todos los públicos". 

A pesar de tanto disgusto, Historia de la frivolidad se hinchó a ganar premios en el extranjero. Además de los galardones obtenidos en certámenes como Montecarlo y Montreux, el programa se llevó un trofeo de nada menos que la Liga Católica Internacional, de la que formaba parte el padre dominico (y colaborador de TVE) Luis Fierro. 

Hoy en día, Historia de la frivolidad puede verse gratis en el servicio a la carta de RTVE. Lo cual permite apreciarlo como una simpática reliquia... y también preguntarse cómo su sentido del humor y ese erotismo paródico y casi inocente pudieron causar tamaño escándalo. Las dictaduras, ya se sabe, no destacan por su capacidad para entender los chistes. 

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Redactor 'Cinemanía'

Estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Sus textos se publican en la revista Cinemanía desde 2005. Ha sido miembro fundador de Canino, web dedicada a la cultura popular, y redactor en el diario ADN, además de colaborador en medios como Mondo Sonoro, Neo2 y On Madrid-El País.

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