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¿Qué es la rabia? Estos son sus síntomas, sus causas y su tratamiento

Un síntoma característico de la rabia, en los perros y otras especies, es la salivación profusa.
Un síntoma característico de la rabia, en los perros y otras especies, es la salivación profusa.
chefjancris / WIKIMEDIA COMMONS

Aunque los avances de la medicina han permitido que en los países desarrollados la rabia en humanos tenga una incidencia anecdótica y, por tanto, no esté muy presente en nuestro imaginario colectivo, en otras zonas del mundo sigue siendo una enfermedad devastadora y de consecuencias muy graves.

¿Qué es la rabia? ¿Cuáles son sus causas?

La rabia es una enfermedad infecciosa causada por un virus de la familia Rhabdoviridae y que afecta al ser humano y a multitud de otras especies de mamíferos, muchas de ellas muy cercanas a las personas. Ataca el sistema nervioso central, provocando una encefalitis que resulta mortal en prácticamente el 100% de los casos.

Se transmite a través de la saliva de los animales infectados, que tiene que entrar en contacto directo con heridas o mucosas. En al menos un caso, además, se ha documentado el contagio por trasplante de tejidos pertenecientes a un donante no diagnosticado.

En los países desarrollados, sus principales vectores son animales salvajes como murciélagos, zorros, coyotes, mapaches o hurones entre otros, y se encuentra prácticamente erradicada entre los animales domésticos y el ganado. Sin embargo, esto no ocurre así en países en vías de desarrollo, donde los perros y gatos callejeros son la principal vía de contagio a las personas. Por ello, y teniendo en cuenta que los animales afectados a menudo se muestran especialmente agresivos, es recomendable vacunarse contra la rabia antes de viajar a estas zonas.

Una vez que se ha producido la infección (lo que no es lo mismo que la mordedura del vector) la mortalidad alcanza casi el 100%, con sólo siete excepciones documentadas en la historia.

¿Cuáles son sus síntomas?

Tras la incubación de la enfermedad, el paciente entra en una frase marcada por una sintomatología inespecífica, similar a la de la gripe. Algunos de los signos en este periodo incluyen fiebre, cefalea, malestar, mialgias (dolor), fatiga, anorexia, náuseas, vómitos, dolor de garganta, tos, y parestesia (hormigueos, adormecimiento...) y fasciculaciones (pequeños espasmos subcutáneos) en la zona de la inoculación.

Después, comienza una fase de encefalitis aguda, con síntomas como excitación, agitación, confusión, alucinaciones, agresividad, modificaciones del pensamiento, espasmos musculares, meningismo (síntomas similares a los de la meningitis pero sin que se produzca esta patología), opistótonos (curvatura del cuerpo hacia atrás por contracciones musculares incontrolables), convulsiones, parálisis locales, hiperestesia, fotofobia, fonofobia, fiebre alta, midriasis (dilatación de las pupilas), lagrimeo, sialorrea (salivación excesiva), diaforesis, hipotensión postural, debilidad muscular, hiperreflexia y parálisis de las cuerdas vocales.

Este cuadro progresa a una encefalitis rábica, característica de la enfermedad, con manifestaciones como visión doble, parálisis facial, pérdida de visión, dificultad para tragar, hidrofobia (contracción violenta al tragar líquidos), priapismo (erección persistente) y eyaculaciones espontáneas, y finalmente coma, apnea y muerte.

¿Cómo se trata?

La única manera de tratar la rabia es intentar impedir la infección inmediatamente, para lo cual es preciso el lavado concienzudo de la herida, la aplicación de inmunoglobulina antirrábica humana y la administración de vacunas antirrábicas. Es conveniente evitar la sutura cuando sea posible, ya que el virus es anaeróbico y por tanto las condiciones de bajo oxígeno (como una herida suturada) aceleran su replicación.

De hecho, es común que se apliquen estos protocolos ante cualquier mordedura de animal salvaje, incluso si se desconoce si padecía la rabia, como medida de precaución debido a la gravedad de la enfermedad.

Si esto no consigue detener la infección, y aparecen síntomas tras el tiempo de incubación, la muerte del paciente es prácticamente segura. En estos casos, la estrategia suele pasar por paliar los síntomas e inducir el coma cuando aparecen los primeros signos neurológicos y esperar que el sistema inmune del paciente venza por sí sólo la enfermedad, lo que ha ocurrido en sólo en siete casos desde que hay registros.

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