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La hipernatremia, una consecuencia extrema de la deshidratación y del exceso de sal

Aunque este consejo aplica para todo el año, es especialmente útil en verano. La fatiga puede venir por la deshidratación, por lo que conviene beber agua a menudo.
La hipernatremia suele ser consecuencia de la deshidratación
Pixabay/congerdesign

Es muy conocido que los seres humanos necesitamos tener unos niveles determinados de ciertos minerales en nuestro organismo para que el cuerpo pueda funcionar correctamente. Cuando se alteran estas cantidades, por arriba o por abajo, puede haber graves consecuencias para la salud.

¿Qué es la hipernatremia?

El sodio es uno de estos minerales imprescindibles para muchas funciones corporales. Su defecto se conoce como hiponatremia y su exceso como hipernatremia, y ambas condiciones resultan peligrosas para la salud.

Hay que señalar que la hipernatremia no suele deberse a que estemos aportando demasiado sodio al cuerpo (aunque puede ocurrir, por ejemplo, al beber agua salada para combatir la sed o ingiriendo cantidades exageradas de sal), sino más bien a un déficit de agua libre. En este caso, se trata de una consecuencia de la deshidratación.

Se trata de un problema relativamente común, pero con una elevada mortalidad especialmente en adultos mayores.

¿Cuáles son sus síntomas?

Los primeros síntomas de la hipernatremia pueden ser muy sutiles, por lo que puede resultar difícil detectar el problema hasta que es tarde (especialmente, en personas que por cualquier motivo no pueden comunicar su malestar o que no perciben sus propios signos).

Así, inicialmente la hipernatremia produce sed, letargo, debilidad, irritabilidad y edema (acumulación de líquido fuera de las células). En cambio, cuando la elevación en el nivel de sodio se torna más grave, el paciente puede sufrir convulsiones y coma. En este punto, la patología puede llegar a ser letal, por lo que se considera una urgencia médica.

¿Cómo se trata?

El abordaje de la hipernatremia consiste en devolver el cuerpo a su estado isotónico (estado en el que hay la misma cantidad de sodio fuera y dentro de las células), lo que se logra aportando líquidos al paciente. Sin embargo, esto puede resultar más complicado de lo que parece.

El cuerpo tiende a ajustarse a la hipernatremia, por lo que rehidratar a la persona afectada demasiado rápido puede llevar a que se produzca acumulación de líquidos fuera de las células. En algunos órganos, como en el cerebro, esto puede ser muy peligroso.

Por ello, antes de comenzar con la aportación de líquidos, es importante averiguar la concentración de sodio que presenta y determinar el inicio del cuadro clínico, a fin de dosificar la hidratación de acuerdo con estos parámetros.

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