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El MERS, el predecesor más mortífero de la covid-19

MERS, coronavirus
MERS, coronavirus
NIAID - Archivo

La actual pandemia no es el primer brote importante causado por un coronavirus. Antes de ella, el mundo conoció los efectos de esta familia de virus por el SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo) y el MERS (Síndrome Respiratorio de Oriente Medio).

¿Qué es el MERS?

El MERS es la enfermedad que causa el virus MERS-CoV, perteneciente al género de los betacoronavirus. Se trata de una enfermedad con alto potencial epidémico y que afecta a murciélagos, camellos y seres humanos.

Se descubrió en 2012, año en el que provocó un grave brote circunscrito principalmente a la Península Arábiga, pero con algunos casos detectados en Jordania, Qatar, Reino Unido, Francia, Alemania, Emiratos Árabes Unidos y Túnez.

En años posteriores, se han detectado algunos casos en otras áreas del mundo, incluyendo Estados Unidos y España, si bien en su totalidad de carácter anecdótico.

Por lo que se conoce, el MERS-CoV es menos contagioso que el SARS-CoV-2; la mayoría de las infecciones en humanos se contraen por contacto con animales. A pesar de eso, se sabe que la transmisión entre personas es posible; con todo, la mayoría de instancias se enmarcan en el entorno sanitario.

¿Cuáles son sus síntomas?

El MERS-CoV puede provocar varios cuadros diferentes. Por un lado, parte de los infectados son completamente asintomáticos; por otro, puede causar desde síntomas respiratorios leves (fiebre, tos) hasta enfermedades respiratorias severas y mortales como neumonía. En instancias raras, también aparecen síntomas gastrointestinales, como diarrea.

En total, se ha estimado que el virus tiene una mortalidad muy alta, del 35%. Sin embargo, se cree que la cifra exagera la realidad, ya que es probable que muchos casos asintomáticos o leves no puedan ser detectados por los sistemas de vigilancia actuales.

¿Cómo se trata?

Actualmente no existe ningún tratamiento específico para el MERS, por lo que la línea de actuación ante un caso se centra en el soporte del paciente según sus necesidades concretas (reposición de líquidos, reposo, ventilación mecánica...).

Tampoco existe una vacuna efectiva, así que la prevención se basa en la vigilancia epidemiológica constante y estrecha (ya que organismos como la OMS han advertido mucho sobre su potencial epidémico), el aislamiento estricto de los positivos y las medidas de higiene personales y colectivas.

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