Pescadería
Un hombre comprando en la pescadería. PIXABAY

¿Quién concibe la Navidad sin polvorones, figuritas de mazapán o tabletas de turrón de todos los sabores habidos y por haber? Estas fechas no solo están marcadas por la ilusión de la magia (sobre todo para los más pequeños) o por los añorados reencuentros familiares: la comida también tiene un papel protagonista.

Las tradiciones más antiguas dictan que hay que comer asados en las cenas familiares: el cochinillo, la pularda, el pavo, el cordero, el besugo... Pero a partir del siglo XX entró en este club un alimento sin el que hoy en día se pueden concebir estas reuniones: el marisco.

Según explica el blog El comidista, esta costumbre de comer marisco se remonta a una ley religiosa cristiana que preparaba espiritual y físicamente a la gente para el período de Adviento. Esta imponía que el día 24 de diciembre se debía realizar una sola comida para mortificar el cuerpo. Después de la Misa del Gallo, la gente podía hacer otra pequeña comida ligera, en la que estaba presente el pescado, el marisco y los platos vegetales.

Esta humilde tradición, con el paso del tiempo se ha convertido en sinónimo de derroche, pues el marisco en esta franja del calendario no es que sea precisamente barato. Habitualmente su precio se establece en función de varios factores: el lugar donde ha sido cogido, el tiempo que transcurre desde su captura (que hace que esté más o menos fresco), los controles de calidad a los que tiene que ser sometido (sobre todo si se come crudo, como es el caso de las ostras) o el duro trabajo que desempeñan los mariscadores.

Teniendo en cuenta estos factores... ¿qué se puede hacer para no tener que renunciar a este manjar tradicional por culpa de su precio? Es bien sabido que, a todas las variables mencionadas anteriormente, se añade otra en las fechas clave. Los vendedores aprovechan el aumento de demanda y elevan sus precios, en ocasiones desorbitadamente.

Por eso, un sencillo -pero efectivo- truco es adelantarse a este fenómeno y comprar los langostinos, percebes, necoras, etc., el lunes anterior a la semana de Nochebuena, según los datos dados a conocer por Cuponation.es, que ha analizado que el año pasado los precios más elevados se produjeron los días 13, 20, 21, 22 y 23 de diciembre. Se pueden conservar en el congelador hasta la cena de Nochebuena y... ¡voila! Habrás hecho un buen regalo navideño a tu bolsillo.