Joven comiendo una hamburguesa
La mala alimentación genera obesidad y ésta puede acabar en diabetes. FLICKR/tony.evans

La predisposición genética a la obesidad existe pero nuestro nivel de formación y educación la puede modular. Según un estudio del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn), las personas sin estudios universitarios tienen más predisposición genética a ser obesos, o de otro modo, personas con estudios universitarios tienen menos predisposición genética a sufrir obesidad.

Para los expertos de este centro de investigación español, cuyo estudio ha sido publicado en la revista Nutrition, Metabolism & Cardiovascular Diseases, éste es un ejemplo de cómo el ambiente "modula el riesgo genético a desarrollar enfermedades".

Universitarios con riesgo de engordar tienen más armas para luchar contra sus genesEl gen que se ha sido objeto de estudio en este trabajo ha sido el FTO, que ha sido analizado en tres tipos de sujetos de diferentes perfiles médico-sociales y de edades diferentes. Al observarlos, dicen los autores, se ha concluido que la educación universitaria "modula la relación del polimorfismo de este gen con el índice de masa corporal y el riesgo de sobrepeso en la población mediterránea española".

El estudio ha sido dirigido por la doctora Dolores Corella, que asegura que "la predisposición genética a ser obeso se contrarresta por el nivel de estudios de grado superior". Además, observa que este riesgo también se incrementa "por estilos de vida menos saludables".

Durante el trabajo realizado en la Universidad de Valencia, el equipo de investigación dirigido por la doctora Corella ha observado que los portadores de este gen "tienen mayor peso que las personas que no poseen en su genoma dicha mutación, confirmando así los efectos del riesgo genético". No obstante, los estudiantes universitarios con el FTO no presentaron aumento de peso ni riesgo de obesidad.

Hábitos saludables contra el gen FTO

En cambio, los alumnos de enseñanza primaria y secundaria poseedores de este genoma, éstos si que confirmaron tener sobrepeso y un riesgo de obesidad latente. Esto, según Corella, vendría a confirmar que las personas con estudios de grado superior con mayor susceptibilidad genética a engordar "tienen más herramientas para luchar contra esta predisposición de los genes".

Se trata del primer gen que se ha asociado a la obesidad. De hecho, las personas que portan dos copias del mismo pesan, de media, tres kilos más que los que no lo tienen. La explicación a este efecto, la han encontrado los investigadores en el hecho de que actúa inhibiendo la sensación de saciedad.

Sin embargo, Corella insiste en que esta situación se puede revertir mediante hábitos saludables "que apuntan tanto a una dieta sana y equilibrada, a la práctica de ejercicio físico, como a unos ritmos circadianos que aseguren un correcto balance energético". Para ello, la experta considera que lo único que se precisa es "una educación alimentaria y nutricional".