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La desconocida historia del turrón: de alimento prohibido a moneda de cambio durante la Guerra Civil

Turrón.
Turrón.
Imagen de Anastasia Makarevich en Pixabay.

Las estanterías de los supermercados comienzan a llenarse de tabletas de turrón y las tiendas que fabrican este manjar de manera artesanal ponen sus máquinas a funcionar porque comienza el rock and roll. 

Con la Navidad a la vuelta de la esquina como quien dicen, el turrón va tomando el protagonismo que se merece en estas fechas. Polvorones, mazapanes, peladillas, roscón de Reyes... aunque sean muchos los dulces que vuelven a relucir sobre las mesas de Navidad, ninguno tan clásico como el turrón. 

SI hablamos de turrones, necesariamente hablamos del municipio alicantino de Jijona, que cuenta con Denominación de Origen propia. La batalla del turrón se disputa en la costa valenciana donde, el turrón duro de Alicante se mide con el turrón blando de Jijona, siendo los dos máximos ganadores de la Navidad, por muchas versiones nuevas que aparezcan de ese postre.

El turrón de Jijona no es más que el resultado de la crisis de la miel de romero que el país sufrió en el siglo XVIII por la que, para compensar la falta de miel a la hora de elaborar el turrón, comenzó a añadirse azúcar de Callosa d’en Sarrià, un municipio cercano a Jijona. 

A pesar de ser la agricultura la actividad de la zona en la época, con el paso de los años la producción y venta de turrón comenzó a ganar importancia. En aquella época, la producción de turrón se concentraba en las casas particulares y se trataba de una producción familiar hasta que en el siglo XIX comenzaron los grandes viajes de turrón a Barcelona y Madrid. 

Un alimento prohibido fuera de la Navidad

Sin duda la popularidad del turrón de la costa valenciana iba creciendo en todo el país, lo que no sentó demasiado bien a algunos. Los pasteleros madrileños se quejaron de que los productos de esta tierra estaban haciendo competencia desleal a sus productos, por lo que a principios del siglo XIX, Carlos IV prohibió la venta de turrón antes y después de la Navidad, lo que reforzó que este alimento se convirtiese en un producto típico de estas fechas. 

Por este motivo, los maestros turroneros elaboraban su producto y, desde Navidad hasta pasado el día de Reyes, lo vendían por lo largo y ancho de la península transportado en la caja pastelera, un baúl de madera forrado de zinc por dentro, que servía de aislante.

Cuando los medios de transporte de combustión sustituyeron a los arrastrados por la fuerza animal se hizo mucho más fácil vender los productos elaborados de una manera más reciente, y es por eso que, en estas fechas, se crearon otros tipos de turrón más delicados como el turrón de yema quemada. 

Pasado el tiempo, después del día de Reyes se vendía el excedente de turrón que había sobrado de la Navidad en romerías, pero no fue hasta principios del siglo XX que comenzaron a crearse las primeras fábricas de turrón, aunque los pequeños talleres artesanales de familia se conservan con los años.  

Un manjar en tiempos de guerra

Los comienzos del siglo XX fueron una etapa agitada en el país, aunque la popularidad que había alcanzado este postre no había guerra que lo parase. Tal era el valor de este dulce que durante la Guerra Civil era muy común viajar de Jijona a Alicante -y viceversa- para cambiar turrón por pescado

A finales del siglo XX el turrón de Jijona en el primer dulce de ámbito comunitario en conseguir la denominación: Indicación Geográfica Protegida por la UE.

Con el paso de los años la elaboración de este producto centenario a penas ha cambiado, especialmente en las pequeñas fábricas donde se produce de una manera artesanal y aunque se han sucedido infinidades de variantes, el turrón duro de Alicante y el turrón blando de Jijona siguen siendo los más populares y más vendidos. 

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