‘Falcon y el Soldado de Invierno 1x03’: Zemo lo devora todo y hace que nos preguntemos adónde va esto

La incorporación de Daniel Brühl (seguida de otra aparición sorpresa) atiborra la serie.
Daniel Brühl en 'Falcon y el Soldado de Invierno'
Daniel Brühl en 'Falcon y el Soldado de Invierno'

[ESTE ARTÍCULO CONTIENE SPOILERS DE FALCON Y EL SOLDADO DE INVIERNO]

A diferencia de Bruja Escarlata y Visión, Falcon y el Soldado de Invierno va a constar solo de seis episodios. Lo que en un primer momento parecería razonable (sus tráilers no insinuaban un misterio tan complejo como el que desarrollaría la primera serie de Marvel para Disney+) empezó a tambalearse una vez estrenado el piloto, donde el guion se tomaba todo el tiempo del mundo para resituar a Bucky Barnes (Sebastian Stan) y Sam Wilson (Anthony Mackie) en este escenario post-Lapso y post-Vengadores: Endgame, con ambos teniendo que aprender a lidiar con el legado de su amigo común, Steve Rogers (Chris Evans). Pero claro, todo cambió en el segundo. Y el tercero ha mantenido su línea.

¿Cuál es esta línea? Pues un ritmo atropelladísimo, asaltado por continuas exposiciones y adiciones de personajes. En el segundo episodio, luego de que la serie hubiera mantenido al Falcon y el Soldado de Invierno titulares separados durante casi una hora, Sam y Bucky se reencontraban sin ninguna ceremonia, saliendo disparados a Budapest para aclarar el misterio que esconden los Sin Banderas. Resultaba algo anticlimático, y tampoco ayudaba en esto el errático desarrollo de la investigación, aparentemente a punto de estallar por los aires en el momento que Bucky resolvía que solo el Barón Helmut Zemo (Daniel Brühl) podía ayudarles a averiguar de donde había salido el suero de supersoldado que alentaba a esta organización insurgente.

Efectivamente el tercer episodio de Falcon y el Soldado de Invierno es la fiesta de Zemo. Y, lindando el ecuador de la serie, también es una constatación de que esta tiene múltiples problemas. Unos que, quizá, no van a solucionarse solo con que Sam asuma su destino y acepte el escudo.

Bienvenidos a Madripoor

El capítulo se titula Poker Broker en inglés y Tráfico de influencias en español, siendo este muy apropiado para describir la confusión de alianzas improvisadas y cuasitraiciones que se suceden a lo largo de sus ajustados cincuenta minutos. Antes de que irrumpa el título de la serie, Bucky ya ha sacado a Zemo de la prisión pese a las reticencias de Sam, a través de un aparatoso flashback donde empezamos intuir las ganas que tenía Brühl de retomar a su personaje luego de Capitán América: Civil War. Como si fuera Hannibal Lecter, Zemo se muestra educado con nuestros héroes al tiempo que se confirma como un maestro de la manipulación. Uno que dispone de todos los medios a su alcance.

Lo de Barón no es un mero apodo molón; Zemo está podrido de dinero sokoviano, y cuenta tanto con un mayordomo como con un jet privado al que Sam y Bucky se suben sin pensarlo dos veces. Se sucede entonces la única escena más o menos tranquila (y bien escrita) del episodio, donde Zemo les plantea a nuestros protagonistas la validez de símbolos como aquél en el que se ha convertido el Capitán América. El Barón perdió a su familia por culpa de los Vengadores, y sabe muy bien lo destructivo que puede ofrecerse cualquier tipo de ser extraordinario si cuenta con el apoyo de la gente. La comparativa que traza entonces con Cráneo Rojo (y, de forma subtextual, con Hitler) proyecta a Falcon y el Soldado de Invierno a una agradecida escala de grises, que además se complementa con los actos del nuevo Capitán.

Por el momento los protagonistas les llevan bastante ventaja
Por el momento los protagonistas les llevan bastante ventaja

John Walker (Wyatt Russell) no aparece mucho en Tráfico de influencias, y de hecho su presencia se limita a una breve escena tras un paréntesis publicitario del Consejo de Repatriación Global (no tan sugerente como los anuncios que asaltaban Bruja Escarlata y Visión, pero sí muy bien planteado). Esas “agallas” de las que presumía Walker en el anterior episodio apuntan a ser una menor resistencia al uso de la violencia para conseguir sus fines, que en los últimos compases del episodio motivará que Bucky planee robarle el escudo. El desarrollo del episodio no nos permite, por lo demás, valorar cómo de en serio va el personaje de Stan.

Daniel Brühl, disfrutando de lo lindo con su personaje, les lleva en su jet a Madripoor, una isla ficticia de Indonesia de holgada presencia en los cómics de Marvel. Se trata de una zona donde el crimen y la corrupción campan a sus anchas, convertida en refugio para criminales y exiliados políticos, que Falcon y el Soldado de Invierno nos muestra como una ciudad asaeteada por las luces de neón. En Madripoor se encuentra el cuartel general, teóricamente, del misterioso Agente de Poder que estaría relacionado con el grupo Sin Banderas que investigan los protagonistas.

Bienvenidos a Madripoor
Bienvenidos a Madripoor

Nuestros personajes no pueden entrar en la ciudad así como así o, mejor dicho, no puede hacerlo Sam con sus pintas de Vengador. De forma que Zemo le convence de hacerse pasar por un criminal apodado el “Tigre Sonriente”, que exige que Sam se enfunde una indumentaria de lo más chillona. Falcon no se contiene la comparación más evidente: parece "un chulo", y eso es bastante significativo porque se trata de la primera pista de que la prostitución existe en el mundo de Marvel. Madripoor se anuncia entonces como un lugar mucho más edgy de lo que parecía, y nos preparamos para observar otras instantáneas de vida urbana no recomendada para menores de 13 años.

Tristemente, dichas sacudidas de la calificación por edades se limitan a esto y a algún puñetazo posterior más sangriento de la cuenta; una vez los personajes se internan en la ciudad encontramos una mezcla poco inspirada entre los bajos fondos de Coruscant o el planeta-casino de Los últimos Jedi, donde lo más perturbador que hace Sam es beberse un licor de sospechoso aspecto procedente de una serpiente abierta en canal. La gastronomía de Madripoor nos recuerda entonces a la vista en el palacio de Pankot de Indiana Jones y el templo maldito, con Sam teniendo una reacción parecida a la de Willie (Kate Capshaw) al experimentar con los manjares autóctonos.

En cualquier caso, nuestros protagonistas no han venido a Madripoor a hacer turismo, sino a encontrarse con una prestigiosa criminal que podría ponerles sobre la pista del suero: Selby, interpretada por Imelda Corcoran. La reunión, sin embargo, no sale como estaba previsto por culpa de un descuido de Sam.

Sebastian Stan y Anthony Mackie
Sebastian Stan y Anthony Mackie

Reunión de viejos amigos

Es lícito preguntárselo, ¿qué clase de militar con años de experiencia es Sam, que es capaz de irse de infiltración con su móvil personal encendido y plenamente operativo? Es recomendable mantener la suspensión de incredulidad frente a cualquier ficción que nos echemos a la cara, pero también inevitable fruncir el ceño cuando tras todo un capítulo ausente volvemos a tener noticia de Sarah (Adepero Oduye), la hermana de Sam, en estas delicadas circunstancias. La escena, además, está ejecutada torpemente, de modo que nunca llega a transmitir suspense o hilaridad (porque claro, hay equívocos ridículos): solo una desagradable extrañeza.

Sam no logra disimular y mete a sus compañeros en un grave aprieto, del que logran salir con vida gracias al asesinato providencial de Selby. En su huida son perseguidos por los sicarios de la líder criminal, al tiempo que estos van siendo aniquilados por una mano misteriosa y Zemo musita “parece que tenemos un ángel de la guarda”. Segundos después, sin tiempo a que ningún misterio se materialice, nos topamos con Sharon Carter (Emily VanCamp). Nieta de Peggy Carter (Hayley Atwell), ex-agente de S.H.I.E.LD. y ex-interés-amoroso-que-no-llegó-a-cuajar de Steve. ¿Por qué se encuentra en Madripoor?

Sharon Carter está de vuelta
Sharon Carter está de vuelta

Pues porque en Capitán América: Civil War quiso ayudar a su amado robando el escudo de las manos del gobierno, y esto le salió caro. Tal y como ya se mencionó en el segundo episodio, Sharon ha caído en desgracia, y ahora malvive como puede en esta ciudad criminal. Sam y Bucky le animan a aliarse con ellos y se comprometen a limpiar su nombre una vez consigan detener a los Sin Banderas, con la condición de que les descubra el paradero de Wilfred Nagel (Olli Haaskivi): científico que, según Shelby, ha estado en contacto con el supersuero que hace de los Sin Banderas un enemigo tan intimidante.

Sharon acepta velozmente y tiene lugar la escena más desconcertante del episodio, cuando tanto Zemo como sus colegas Vengadores se pegan la fiesta padre en Madripoor. Mientras la agente Carter investiga, un montaje a ritmo de techno nos muestra a Sam, Bucky y Zemo en una discoteca especialmente atestada de la ciudad; Zemo parece estar en su elemento (Brühl tiene todo el estilazo, hay que decir), pero ni Sam ni Bucky parecen muy cómodos. Al menos tardan poco en irse con la música a otra parte: Sharon reaparece y les dice que ya sabe dónde está Nagel.

Los Sin Banderas
Los Sin Banderas

No hay tiempo para preguntarse qué ha aportado esta escena más allá de comprobar que Sam y Bucky son más de irse de cañas, porque los cuatro han de irse disparados a un astillero donde se oculta este científico. A Sam, Bucky y Zemo no les cuesta mucho encontrarlo mientras Sharon espera fuera, y Nagel les cuenta bajo coacción que en todos estos años nunca dejó de trabajar en el suero del supersoldado, por mucho que H.Y.D.R.A. cayera. El científico revela que llegó a desarrollar 20 viales de suero, lo que daría pie a un ejército de supersoldados y pondría la paz mundial en una situación delicada.

El astillero se llena entonces de cazarrecompensas. Mientras Sharon lucha contra ellos con gran habilidad, Zemo liquida a Nagel porque sí y desaparece de escena, dando la sensación de que acaba de traicionar a los protagonistas una vez ha descubierto lo que quería saber. Pero no pasa eso del todo: Zemo se enfunda una máscara y se une al combate con el mismo estilazo con el que bailaba techno, para poco después encontrar un coche entre los almacenes del pueblo y ofrecer que sus aliados se monten en él para desplazarse a la siguiente localización. Sharon se despide de ellos, con una actitud que podría insinuar que oculta algo o solo que el guion va demasiado rápido y nos ha sumido en un estado de paranoia.

Zemo luce uniforme de trabajo
Zemo luce uniforme de trabajo

Y más viejos amigos aún

Cualquiera diría que ya hemos tenido suficientes giros para un único capítulo, pero aún quedan varios minutos para profundizar (con fortuna desigual) en la psique de Karli Morgenthau (Erin Kellyman), líder de los Sin Banderas que se halla en conflicto con el citado Agente de Poder y busca enfrentarse a él con la alianza de Donya Madani (o algo así, a estas alturas el namedropping nos ha desbordado). Más allá de lo complejo de sus motivaciones, no cabe duda de que el guion de Malcolm Spellman quiere que empaticemos con Morgenthau y no la consideremos una villana sin más; es lícito esperar de hecho que ella acabe ayudando a los protagonistas contra una amenaza mayor.

Entretanto las pesquisas de Sam, Bucky y Zemo les conducen a Riga, Letonia, donde el Soldado de Invierno se distancia momentáneamente del grupo para reunirse con alguien en un callejón. Ese alguien es Ayo (Florence Kasumba), miembro de las Dora Milaje de Wakanda a quien ya hemos visto en Civil War, Vengadores: Infinity War y Black Panther. Ayo afirma que “está ahí por Zemo”, dando la sensación de que el gobierno de Wakanda aún no ha olvidado que el personaje de Brühl asesinó a T’Chaka (John Kani), anterior monarca del país.

Imagen final del episodio
Imagen final del episodio

Sabemos asimismo que Bucky tiene una relación muy estrecha con Wakanda, puesto que además de ser acusado inicialmente del citado asesinato acabó refugiándose tras sus muros bajo la protección personal de T’Challa (Chadwick Boseman), el nuevo rey. En el primer capítulo, de hecho, Bucky llegaba a decirle a la psicóloga que su estancia en Wakanda había supuesto el único periodo de su nueva vida donde se había sentido en paz, por lo que es evidente que el Soldado de Invierno ha tenido tiempo de hacer contactos. Y que, quizá, ha prometido entregar a Zemo a cambio de algo.

Tráfico de influencias concluye con este cliffhanger, y no lo hace con demasiado interés debido a lo mucho que el episodio se ha esforzado hasta ahora por sumir al espectador en un ingrato hastío. Tras un distendido primer episodio Falcon y el Soldado de Invierno ha pisado el turbo, obligándose no solo a ser un ortopédico encadenado de revelaciones de dudosa enjundia sino también a sacrificar las dinámicas entre personajes que tan valiosas parecían durante sus primeros compases. ¿Cómo ha evolucionado la relación entre Bucky y Sam desde su reencuentro? ¿Cómo ha seguido Bucky enfrentándose al mundo? ¿Ha empezado a divisar Sam el heroísmo que hace falta para portar el escudo?

Anthony Mackie, Emily VanCamp y Sebastian Stan
Anthony Mackie, Emily VanCamp y Sebastian Stan

Son preguntas que sin duda Falcon y el Soldado de Invierno se hace, pero en sus dos últimos capítulos no ha ofrecido espacio para encontrar una respuesta. No ayuda, desde luego, que cada quince minutos tengamos que lidiar con un personaje nuevo, pero sobre todo no ayuda que el desarrollo de la serie sea tan sumamente errático, en una huida hacia adelante que no aburre (pasan demasiadas cosas) pero tampoco cala. Es como si Falcon y el Soldado de Invierno ofreciera una versión extendida del decepcionante último episodio de Bruja Escarlata y Visión, con escenas de acción algo más convincentes pero constreñidas por un montaje que deja entrever constantemente sus costuras.

Hay que pensar, claro, que aún quedan tres capítulos más. Pero mucho tiene que mejorar la cosa para desactivar la sensación de que a Disney le vino estupendamente que Falcon y el Soldado de Invierno no inaugurara sus series de Marvel, como estuvo planeado en un principio. Si esta hubiera sido la primera muestra de lo que podía hacer la división televisiva y no Bruja Escarlata y Visión, es probable que nos hubiéramos dejado llevar por el escepticismo y la despacháramos rápidamente como un producto derivativo y soso, que es lo que está siendo por ahora Falcon y el Soldado de Invierno. Abrigos de Daniel Brühl aparte.

Mostrar comentarios

Códigos Descuento