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Secretos de La Santina de Covadonga, el tesoro más querido de Asturias

La Santina de Covadonga tiene en torno a 50 mantos de diversos colores.
La Santina de Covadonga tiene en torno a 50 mantos de diversos colores.
Ivan Vieito Garcia

En muchos lugares de Asturias historia y religión van de la mano. El símbolo más representativo de esta unión es La Santina de Covadonga, un icono asturiano y español que encierra apasionantes secretos.

Agnósticos y creyentes, todos acuden a visitarla en la Santa Cueva, ubicada en el corazón del monte Auseva, refugio del rey Pelayo ante la amenaza sarracena. Y Ella, allí, en su versión medieval y sedente, viendo los tiempos pasar.

Agnósticos y creyentes acuden a visitar a La Santina en su morada de la Santa Cueva, en el corazón del monte Auseva

La imagen actual no es ante la que oraba el rey Pelayo en el siglo VIII, ni la que en el siglo XIV esculpieron los monjes del monasterio de San Juan de la Hoz de Cillaperlata (Burgos) y cuya copia se encuentra aún allí. La talla actual es obsequio del Cabildo de la Catedral de Oviedo tras el incendio que en 1777 arrasó la capilla ubicada en la oquedad.

Imagen-relicario de madera

De estilo gótico-renacentista y datada en el siglo XVI, esta escultura es una imagen-relicario de madera, de 70 centímetros de altura y cuya parte posterior está preparada para acoger algún símbolo sagrado. Su rostro es dulce y sus manos oferentes. Originariamente no llevaba Niño, añadido al convertirse en la nueva Virgen de Covadonga. En su mano derecha lleva una rosa de plata sobredorada, símbolo de la pureza.

La imagen sin vestir es una talla policromada que luce un conjunto de color azul, salpicado de flores rojas y unas botas negras. Su melena, castaña, cae sobre su espalda.

A la Virgen de Covadonga se la reviste a partir del reinado de Isabel II, cuando esta le regaló su primer manto y rostrillo en seda nácar y bordados en oro. También su nieto, el rey Alfonso XIII, le obsequió uno, espectacular, en verde esmeralda. Así, cada diez días y según el tiempo litúrgico y meteorológico, las religiosas encargadas de ello le cambian el manto, ya que La Santina tiene en torno a cincuenta, de diversos colores.

La Santa Cueva de Covadonga sirvió de refugio al rey Pelayo ante la amenaza sarracena.
La Santa Cueva de Covadonga sirvió de refugio al rey Pelayo ante la amenaza sarracena.
Getty Images/iStockphoto

La Batalla de Covadonga

Ya en 1918 y con motivo del 1.200 aniversario de la Batalla de Covadonga se llevan a cabo, con la presencia de los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia, dos grandes celebraciones: la coronación canónica de la Virgen de Covadonga (fue una de las primeras imágenes marianas de España en serlo) y la proclamación del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga.

La Virgen se merecía, pues, lucir una imponente corona como la que diseñó para la ocasión el sacerdote experto en orfebrería Félix Granda. Para su realización contó con los donativos aportados por muchos asturianos. Platino, oro, zafiros, rubíes y brillantes componen esta obra de arte de valor incalculable. La corona del Niño, por su parte, está inspirada en las del reino carolingio.

Pasadizo interior de la Santa Cueva.
Pasadizo interior de la Santa Cueva.
Ivan Vieito Garcia

La Santina de Covadonga también sufrió numerosas vicisitudes, como su “rapto” en plena Guerra Civil, que se interpretó como un intento de salvarla entre tanta destrucción. Tras la guerra, La Santina fue recuperada y retornó a la cueva en 1939 con inmensa emoción para los asturianos. Por ello, la visita a La Santina de Covadonga es imprescindible para comprender la historia de Asturias y de España.

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