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Toxoplasmosis, la enfermedad grave en bebés recién nacidos que pueden transmitir los gatos

Los gatos son uno de los animales domésticos por excelencia.
Las heces de gato pueden transmitir la toxoplasmosis.
PIXABAY

Aunque normalmente tener una mascota es completamente seguro, sí que es cierto que existen algunos riesgos, por los que es importante cumplir con las indicaciones sanitarias y veterinarias. Así ocurre con la toxoplasmosis, una enfermedad que pueden transmitir los gatos.

¿Qué es la toxoplasmosis?

La toxoplasmosis es la infección por el parásito Toxoplasma gondii. En humanos, puede contraerse principalmente por exposición a las heces de gato infectadas, por comer carne mal cocida o por la transmisión de madre a hijo durante el embarazo.

Normalmente, las personas infectadas por toxoplasmosis no llegan a percibir nada, o en todo caso presentan un caso leve. Sin embargo, en raros casos, normalmente personas con el sistema inmune debilitado o bebés que la adquieren durante la gestación, sí que llega a producir complicaciones graves.

¿Cuáles son sus síntomas?

Así, en las personas que en condiciones normales desarrollan síntomas, estos son similares a los de la gripe (mialgia, fiebre, cefalea e inflamación de los ganglios linfáticos).

No obstante, en personas inmunodeprimidas, la toxoplasmosis llega a provocar síntomas como desorientación, pérdida de coordinación (ataxia), convulsiones, visión borrosa y problemas pulmonares similares a los que ocasiona la tuberculosis; incluso, este cuadro puede degenerar en complicaciones como encefalitis y muerte.

Por su parte, los bebés que nacen con toxoplasmosis congénita pueden mostrar signos como convulsiones, hepatomegalia, esplenomegalia, ictericia o infección ocular grave; también, en muchos casos, la enfermedad no se manifiesta al nacer y en cambio desarrollan complicaciones durante el crecimiento como pérdidas auditivas o visuales o discapacidad intelectual grave.

¿Cómo se trata?

Normalmente, no es necesario tratar la toxoplasmosis; en los cuadros agudos y leves, se pueden administrar medicamentos como pirimetamina o sulfadiazina, que actúan como antiparasitarios.

En las personas inmunodeprimidas, además de estos fármacos, se emplean ácido folínico y clindamicina.

Por último, la línea de actuación en las mujeres embarazadas depende de la etapa del embarazo en la que se detecte la infección. Así, al comienzo de la misma, el tratamiento con espiramicina reduce las probabilidades de que el bebé padezca secuelas neurológicas.

Pasada la semana 16, o si se detecta el parásito en el feto, se puede aplicar una terapia combinada con pirimetamina, sulfadiazina y ácido folínico.

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