¿Cómo debemos protegernos frente a la exposición solar?

  • La concienciación entre la población de los efectos nocivos de la incorrecta exposición solar es cada vez mayor.
Una joven en una piscina se aplica protección solar con bronceador.
Una joven en una piscina se aplica protección solar con bronceador.
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Eva María se fue buscando el sol en la playa. Sabemos, por la canción, que con su maleta de piel y su bikini de rayas pero, ¿qué hay del fotoprotector? En las últimas décadas, la concienciación entre la población de los efectos nocivos de la incorrecta exposición solar es mayor, si bien todavía queda camino por hacer.

Eduardo López Bran, jefe del servicio de Dermatología del Hospital Clínico San Carlos y docente en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, explica dos grandes razones por las que protegernos, además de resolver la pregunta que muchos nos hacemos: ¿qué significa que una crema tenga un factor 50 y otra un 20?

¿Por qué es tan importante protegernos del sol?

En primer lugar, para evitar el fotoenvejecimiento, es decir, el envejecimiento añadido al programado genéticamente y que se acelera por un exceso de radiación solar sin la adecuada protección, manifestándose en la piel con manchas, arrugas o coloración menos saludable.

En segundo lugar, y quizá el factor más importante, es que una falta de protección conlleva quemaduras solares que van produciendo un daño actínico que, además de ser acumulativo, produce alteraciones en el ADN celular que pueden conllevar el desarrollo futuro de cáncer de piel.

¿La piel tiene memoria, como dicen?

Efectivamente, el daño solar o daño actínico provocado por la luz solar sin protección queda en nuestras células desde nuestra infancia. De ahí la importancia de la protección desde el inicio de la vida. La piel va acumulando el daño y no se regenera, se va sumando y puede acabar con manifestaciones como las que hemos comentado.

La importancia de la protección durante los primeros años de vida es tremenda, porque depende no del propio individuo, sino de las personas que lo cuidan.

No todas las personas responden igual a la exposición solar. ¿Qué son los denominados fototipos?

Los fototipos son la respuesta de los individuos a la luz solar en función del tipo y color de su piel, del color de cabello y de ojos. Indican la capacidad de defensa natural de la piel frente a la radiación y, por tanto, las posibilidades mayores o menores de quemarse.

Hay seis categorías y van desde el fototipo 1 hasta el fototipo 6. El primero lo integran personas que no tienen capacidad de generar pigmento ni sintetizar melanina, con ojos y pelo muy claros que no se broncean y se queman siempre.

En el medio estarían los países nórdicos con fototipo 2, con ojos, pelo y piel claras; los países centroeuropeos con fototipo 3 con pelo y ojo castaños y piel ya no tan clara, el fototipo 4 habitual en los países mediterráneos con cabellos morenos y piel que se broncea con más facilidad; el fototipo 5 personas de piel morena natural. Y en el último, el fototipo 6, se encuentran las personas de piel negra que tienen una protección natural muy elevada frente a la radiación solar.

Todos ellos necesitan protección solar. Incluido el fototipo 6. Lo que pasa es que, lógicamente, el tiempo que tardan en quemarse los fototipos 5 y 6 es mayor que los otros. Todos necesitan protección.

¿Qué significa el valor numérico del factor de protección solar (50, 30, 15…) de las cremas que adquirimos?

Esto siempre ha sido un problema y las diferentes escalas han generado confusión entre la población. Lo que indica el factor de protección es el incremento del tiempo en el que puedes estar expuesto al sol sin quemarte. Si tu piel, exponiéndose al sol, se quemaría en 10 minutos, con protección solar de factor 20 tardaría 20 veces más en quemarse, es decir, 200 minutos.

Tras una primera aplicación de la crema, ¿es necesario repetirla a lo largo de la exposición al sol?

La crema conviene reaplicarla cuando hay sudoración excesiva que pueda eliminarla o tras bañarse en el agua. También es conveniente reaplicarla cada tres o cuatro horas, porque la protección va bajando.

Lo importante es aplicar una cantidad suficiente de crema de manera uniforme sobre toda la superficie corporal antes de la exposición a la luz.

Otros consejos importantes son evitar las horas centrales del día y el uso, además de la protección química, de protección física como gorras o gafas.

¿Recomendaría utilizar diferentes factores de protección para diferentes zonas, por ejemplo, para la cara?

Yo no establecería normas de aplicar diferentes factores de protección por zonas anatómicas. Más que diferentes factores de protección, me preocupa más la cosmética del mismo, su textura y su presentación.

La cara es una zona delicada que, dependiendo de la cosmética del fotoprotector que usemos, puede favorecer el desarrollo de lesiones de acné, sobre todo en personas predispuestas. Hay muchos tipos de fotoprotector: gel, leche, crema, espray. Este último, a mi juicio, es el menos cómodo para la cara y, sin embargo, facilita la aplicación en el cuerpo.

Por otro lado, hay zonas fotoexpuestas que reciben radiación solar todo el año y ya tienen una protección: las manos, la cara, el escote.

¿Advierte un incremento sobre la concienciación de la importancia de la protección solar en los últimos años?

Sin duda alguna. La fuerte campaña de educación sociosanitaria llevada a cabo por los organismos científicos y los medios de comunicación ha hecho mella en la población y cada día está más concienciada.

Todavía queda mucho por hacer, seguimos viendo personas en las horas centrales del día tumbadas sin la adecuada protección, pero se ha recorrido un gran camino y hemos visto como mejora la concienciación de la población.

Eduardo López Bran es profesor de dermatología. Facultad de Medicina. Universidad Complutense de Madrid., Universidad Complutense de Madrid. 

María Milán García es investigadora del proyecto Comunicación Científica y Divulgación en la Transferencia del Conocimiento en la Universidad, Universidad Complutense de Madrid

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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