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Comida real, buenos procesados y modas que pueden costar la salud mental: "Parece que si comes bien es que estás a dieta"

Comer de manera equilibrada y saludable.
Comer de manera equilibrada y saludable.
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Culpabilidad, miedo, inseguridad, distorsión de la imagen corporal o falta de autoestima por querer alcanzar los cánones de belleza impuestos. Estos son solo algunos de los aspectos que fomenta la denominada cultura de la dieta y que pueden derivar en el desarrollo de trastornos de la alimentación.

"El bienestar no tiene que ver solo con comer alimentos de calidad nutricional, tiene también que ver con no rumiar 24 horas al día sobre los alimentos de calidad nutricional y que eso no gobierne tu vida y todas tus decisiones", expone en redes sociales la psicóloga sanitaria especializada en problemas de conducta alimentaria, Denisa Praje. 

Los movimientos que fomentan estilos de vida más saludables en torno a la alimentación han aumentado en los últimos años, sobre todo en redes sociales, y cada vez vemos más mensajes bajo el paraguas de comer de manera real y saludable. Pero, ¿qué es realmente la comida real?

¿Comer real es sinónimo de dieta?

"La nutrición se ha convertido en una moda. Como nutricionista, pienso que las redes sociales ahora mismo saturan. Buscan ver quién va a sacar la próxima dieta maravillosa, a ver qué producto nuevo sacan… Cualquier cosa parece que se va a viralizar", explica a 20minutos la dietista-nutricionista, Beatriz Cerdán, especializada en nutrición clínica y patologías digestivas. 

Comer real, asegura, no es más que "consumir los alimentos de toda la vida, las lentejas, la fruta o las verduras". "Productos que no están procesados, esto es, consumir la propia materia prima", añade. 

"Parece que si comes bien o te estás cuidando, es que estás a dieta, y no es así".

Sin embargo, "parece que si comes bien o te estás cuidando, es que estás a dieta, y no es así", asegura. Y aquí es donde entraría en juego la criminalización y la obsesión por comer sano. "Esto depende de cada persona y podríamos entrar en riesgo de desarrollar trastornos de la conducta alimentaria (TCA)", asegura. 

"Seguimos viviendo en cultura de dieta y habrá muchas cosas en las que seguiremos equivocándonos". Este es uno de los mensajes de la nutricionista Victoria Lozada, la persona que hay detrás de la popular cuenta @nutritionisthenewblack en Instagram. "Yo también creía que 'dieta' y 'ejercicio' eran todo lo que había en nutrición. Y qué equivocada estaba", destaca en una de sus últimas publicaciones.  "Yo también decía 'eres lo que comes', como si no existieran factores genéticos, ambientales, sociales e individuales que influyen en la salud", añade.

Los peligros para la salud mental

¿Y cuáles son los riegos?. "Aparecen comentarios del estilo 'me tengo que cuidar', pero sales un día fuera y dices 'por un día no pasa nada'. Al final puede acabar generando mucha sensación de culpa", advierte Beatriz Cerdán, autora de la cuenta @lavidacomonutricionista en Instagram. De tal manera que, aunque comer sano es fundamental, puede derivar en una mala relación con la alimentación. 

"El peso se asocia mucho a un estado de bienestar y de salud, cuando no es así".

Entonces, surgen pensamientos del tipo "si no como estos productos concretos, no lo estoy haciendo bien, voy a engordar", con efectos perjudiciales para la salud mental, por el nivel de presión y por el riesgo de desarrollar un TCA.

"Al final vivimos en una sociedad en la que nos criticamos mucho. El peso se asocia mucho a un estado de bienestar y de salud, cuando no es así", enfatiza Beatriz. "Determinadas conductas y mensajes que se transmiten son contradictorios, y la alimentación pasa a un segundo plano". 

Una de las consecuencias es la autoexigencia. "Es un factor de riesgo para muchas patologías. Me obsesiono tanto por comer bien, por comer productos reales, que si un día me como un donut me siento mal y no ceno, por ejemplo. Hay que buscar este equilibrio porque un donut también puede ser saludable a nivel mental, para darte placer", añade la especialista.

¿Existen los buenos procesados?

¿Y qué hay del debate en torno a los productos procesados? "Son muy interesantes, pero hay que personalizar. Un producto puede ser saludable para una persona, pero puede sentar mal a otra porque es intolerante a la fructosa, por ejemplo", indica Beatriz.

La alimentación, señala la especialista, no es ninguna moda. "Lo que le funcione a una persona, no le va a funcionar a otra, y tiene que ser personalizada". A nivel general, sin casos concretos de patologías u otros problemas, "sí hay procesados saludables, como un bote de garbanzos, como el gazpacho, la quinoa o las verduras congeladas". La experta destaca que "sí hay procesados que están bien, pero hay que saber identificarlos".

Además, recalca, hay que tener en cuenta múltiples factores que influyen en nuestra alimentación, como el económico o el padecer una patología digestiva, por ejemplo. "Al final no es tan sencillo como decir es sano o no, es bueno o malo. Hay que personalizar. Se pueden dar muchos consejos sobre nutrición, pero se pueden malinterpretar, y por redes sociales no se puede establecer una pauta nutricional personalizada para cada persona y su situación".

Asimismo, hay que contemplar el conjunto de la dieta. "Si te alimentas con un producto sano, pero el resto no lo es. No podemos evaluar que una alimentación sea sana o no por un producto procesado porque hay que mirar todo el conjunto".

"No tenemos una educación nutricional y nadie nos ha enseñado a comer".

¿Y cuáles son los mitos más extendidos?

Existen multitud de mitos en torno a la nutrición. "Como que los hidratos por la noche engordan, que hay que comer cinco veces al día, que el desayuno es la comida más importante del día o que el plátano engorda". El principal problema radica, según la experta, en que "no tenemos una educación nutricional y nadie nos ha enseñado a comer".

A esta circunstancia se suma, apunta, el intrusismo en el mundo de la nutrición. "Muchas veces se aprovechan de las situaciones personales de las personas, de la falta de autoestima, por ejemplo, para aplicar dietas que empeoran la salud del paciente".

"Además de su función nutricional, los alimentos tienen una función emocional, como el placer o la calma".

"Nuestra alimentación es más que nutrirnos. Muchas veces quieres mejorar tu alimentación, pero no eres consciente de que tienes barreras emocionales que no te lo permiten". De tal manera que para mantener una relación saludable con la comida es esencial la educación nutricional acompañada, en muchos casos, de terapia psicológica.

"Hay que ver la parte psicológica y de dónde viene todo este problema con la alimentación. Quizá tu madre ha tenido una obsesión con el peso y te lo ha transmitido, pero eso se trabaja con psicología", apunta. La clave está en "no presionar y enseñar a comer disfrutando, sin olvidar que la comida también es un placer".

"Comer sano es fundamental. Pero, además de su función nutricional, los alimentos tienen una función emocional, como el placer o la calma. Y esto es importante. No mirar desde la culpabilidad, sino también cómo los alimentos son mucho más que nutrientes", concluye.

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