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Los niños vacunados son clave para aspirar a la inmunidad de rebaño

Una sanitaria vacuna a un niño en un colegio de Córdoba.
Una sanitaria vacuna a un niño en un colegio de Córdoba.
EP

La inmunidad de rebaño en una población se da cuando suficientes miembros de la misma están inmunizados (sea a través de vacunas o por haber pasado la enfermedad) contra una enfermedad determinada como para proteger de ella a quienes no pueden estar inmunizados (por diversas razones). Como todos sabemos, este es un objetivo vital en la lucha contra la pandemia de coronavirus.

Tal y como explicaba en una entrevista a 20Minutos el epidemiólogo Joan Caylà, miembro de la Sociedad Española de Epidemiología y presidente de la Fundació UITB (Unitat d'investigació en tuberculosis a Barcelona), el porcentaje de la población que tiene que estar inmunizado para alcanzar la inmunidad de rebaño se calcula en base, principalmente, a la tasa de reproducción (R) del virus, y se expresa sobre el total de la población. 

Es vital vacunar a los niños pequeños

El experto estima que, en la actualidad, para lograr la inmunidad de rebaño frente a la covid es necesario que esté inmunizado un 95% de la población (en momentos anteriores de la pandemia se estimó en un 70%, antes de que aparecieran variantes más contagiosas que la original). Para Sanidad, es algo más bajo: un 90%. Sea como sea, es fácil entender que, dado que los niños menores de 12 años (que es el grupo que resta por vacunar en la actualidad) suponen un 11% de la población, será necesario vacunar a al menos parte de ellos para alcanzar la inmunidad de rebaño.

Y es que no se trata sólo de ese 1% de la población que haría falta para completar a la totalidad de los adultos vacunados (según el cálculo más bajo; según el de Caylà, haría falta vacunar al menos a más de la mitad de los menores de 12 años). Hay un buen número de adultos que, por un diversas causas, no han podido desarrollar la inmunidad: personas con problemas inmunológicos, personas que sencillamente no desarrollan las defensas incluso habiéndose vacunado y, por desgracia, personas que reniegan de la evidencia científica y rechazan voluntariamente vacunarse, poniéndose en peligro a sí mismos y, lo que es más grave, a todo su entorno.

Por supuesto, la vacunación para los menores de 12 años debe seguir las mismas pautas bioéticas que la vacunación en los adultos, incluyendo los mismos requisitos de seguridad en el desarrollo de los sueros.

Más allá de la inmunidad de rebaño

Con todo, el mayor argumento en favor de la vacunación de los menores de doce años no está en alcanzar la inmunidad de rebaño (algo que, de todas formas, puede resultar muy muy complicado, ya que se sabe que las hasta ahora disponibles no otorgan protección suficiente para frenar la transmisión del virus, y la inmunidad que generan no es indefinida). Está en la protección que otorgan, de manera individual, al propio menor.

Porque lo que sí se sabe es que las vacunas reducen drásticamente los casos de enfermedad grave y las muertes por la enfermedad, algo que se extiende de por sí a los niños a pesar de que este grupo de edad es de forma natural más resistente a la covid.

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