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Los científicos consiguen restaurar momentáneamente la actividad de un ojo humano tras la muerte

Un ojo humano.
Un ojo humano.
UNSPLASH

Los mecanismos que subyacen al inevitable proceso de la muerte siguen siendo, en buena medida, uno de los grandes misterios de la ciencia. Por ello, son muchos los investigadores que dedican su tiempo y esfuerzo a arrojar luz sobre algunas de las incógnitas que persisten.

Una chispa de vida

Este era el caso de un grupo de científicos estadounidenses que han logrado devolver, momentáneamente, una chispa de vida a células moribundas del ojo humano.

El objetivo del trabajo era entender mejor el modo en el que las células sucumben a la falta de oxígeno, para lo cual los autores del experimento (cuyos resultados se han publicado en la revista científica Nature) se encontraban midiendo la actividad de grupos de células retinales en ratones y en humanos inmediatamente después de su muerte.

Sorprendentemente, encontraron que, realizando pequeños cambios en el entorno del tejido (más concretamente, aportando a las células oxigenación y una serie de nutrientes), lograban reactivar la habilidad de las células para comunicarse, incluso horas después de que se hubiera producido su 'deceso'.

Concretamente, al estimularlas con luz, las retinas muertas emitían un tipo específico de señal eléctrica conocida como ondas B. Este fenómeno se observa en las retinas vivas, y es indicativo de la comunicación entre las diversas capas de células maculares que nos permiten ver.

Recuperar funciones cerebrales perdidas

Se trata de la primera vez que se observa este comportamiento en ojos de donantes fallecidos, y ha llevado incluso a que algunos expertos cuestionen la naturaleza irreversible de la muerte en el sistema nervioso central.

Y es que, en condiciones normales, y pese a que es posible salvar una serie de órganos para dedicarlos a trasplantes, tras el cese de la circulación la actividad del sistema nervioso central para de manera demasiado abrupta como para lograr ninguna forma de recuperación a largo plazo.

Con todo, la realidad es algo más compleja. No todos los tipos de neuronas se apagan al mismo tiempo, y diferentes regiones y tipos de células poseen diferentes mecanismos de supervivencia.

La resurrección, aún así, sigue siendo un logro distante e improbable. En cambio, los investigadores creen que este hallazgo podría allanar el camino para aprender cómo los diferentes tejidos del sistema nervioso responden a la falta de oxígeno, lo que a su vez podría ayudar a encontrar el modo de recuperar funciones cerebrales perdidas.

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