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Al menos 27 millones de personas podrían haber quedado con secuelas a largo plazo en el olfato y el gusto por la covid

La anosmia o pérdida de olfato es uno de los síntomas más característicos de la Covid-19, especialmente cuando la enfermedad no afecta de forma grave al paciente. Aunque las secuelas pueden ser persistentes y muy incómodas, perder el olfato también puede significar buenas noticias: está asociado a una mayor y más duradera respuesta inmunitaria.
La anosmia o pérdida de olfato es uno de los síntomas más característicos de la Covid-19, especialmente cuando la enfermedad no afecta de forma grave al paciente. Aunque las secuelas pueden ser persistentes y muy incómodas, perder el olfato también puede significar buenas noticias: está asociado a una mayor y más duradera respuesta inmunitaria.

Desde los primeros tiempos de la pandemia, se han ido registrando una serie de secuelas a largo plazo de la covid-19 que afectan a algunas personas. En conjunto, se denominan 'covid persistente' o 'covid larga' (por el inglés long covid) y tienen la prevalencia suficiente como para constituir un verdadero problema de salud pública.

El peso de la 'covid larga'

Así, una investigación publicada en la revista científica The BMJ ha intentado poner cifras a una de estas secuelas, los cambios permanentes (al menos, a largo plazo) en los sentidos del gusto y el olfato. Y, según los cálculos de estos autores, al menos 27 millones de personas en todo el mundo podrían padecerla.

Hay que tener en cuenta, además, que los cambios en cualquiera de estos sentidos impactan de manera muy significativa en el día a día de quienes los sufren. Por ello, argumentan, estas cifras suponen un peso considerable en la carga de la 'covid larga'.

Para llegar a estas cifras, los investigadores se han basado en 18 estudios observacionales previos, con los que han podido estimar la prevalencia de las pérdidas en el sentido del gusto y del olfato. Posteriormente, empleando una técnica matemática llamada modelado de cura, calcularon la probabilidad y el tiempo de recuperación.

Daño quimiosensorial

De esta manera, estimaron que las pérdidas en el olfato pueden persistir en un 5,6% de los pacientes, mientras que las pérdidas en el gusto lo hacen en un 4,4%. De hecho, a los 30 días después de la infección inicial, sólo el 74% de los pacientes habían recuperado el olfato y sólo el 79% el gusto.

Además, observaron que estas secuelas son más frecuentes en las mujeres, y que la congestión nasal y la severidad de las pérdidas sensoriales en las primeras etapas de la infección actúan como predictores de una peor recuperación.

Teniendo en cuenta que, a nivel global, hasta ahora se estiman más o menos 550 millones de casos de covid-19, al menos 27 millones de personas en todo el planeta podrían estar sufriendo esta consecuencia de la enfermedad.

Por ello, llaman a las autoridades sanitarias, a los legisladores y a quienes financian investigaciones que tengan en cuenta la extraordinaria importancia de una buena función quimiosensorial en la vida diaria de las personas, en base a eso asignar recursos a la investigación y el abordaje sanitario de esta cuestión.

Referencias

Tan B K J, Han R, Zhao J J, Tan N K W, Quah E S H, Tan C J et al. Prognosis and persistence of smell and taste dysfunction in patients with covid-19: meta-analysis with parametric cure modelling of recovery curves. BMJ 2022; 378 :e069503 doi:10.1136/bmj-2021-069503

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