La otra cara de las videollamadas: por qué sufre más la voz con el teletrabajo

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Tirachardz / Freepik

El 16 de abril se celebra el Día Mundial de la Voz, una fecha para concienciar de la importancia que una buena salud vocal tiene para nuestra comunicación. Y es que, nuestras cuerdas vocales tampoco se libran, y están sufriendo más de la cuenta a consecuencia de la pandemia y el teletrabajo.

Teresa Yerro, Logopeda especializada en voz hablada y cantada y miembro del Grupo de Trabajo de Voz del Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad de Madrid (CPLCM), nos explica por qué ocurre esto y qué podemos hacer para cuidar la voz en tiempos de teletrabajo y pandemia.

Un cambio de paradigma en la comunicación

La voz es uno de los instrumentos más importantes a la hora de comunicarnos, pero no el único. De hecho, hay estudios que apunta a que la comunicación no verbal es igual o más importante, “el psicólogo Albert Mehrabian en un famoso estudio aludía al poder del lenguaje corporal. Le daba una importancia del 55% frente a la voz del 38% y el 7% a las palabras”, asegura Teresa Yerro. Porcentajes aparte, lo cierto que, con la pandemia y particularmente el teletrabajo y las videollamadas han cambiado este paradigma, y la voz es casi el único instrumento del que disponemos para comunicarnos, “han cambiado los códigos de nuestra comunicación y esa comunicación no verbal existe, pero muy reducida, somos un busto parlante y a veces, según cómo algunos coloquen la cámara, ni eso. Ahora la voz y, sobre todo, la entonación, toman un poder excesivo que sobrecarga al emisor”.

Más tensión en la voz

Como consecuencia de este cambio de código, al que además no hemos tenido tiempo de adaptarnos, nuestra voz sufre. “Una persona se comunicaba con unos códigos inconscientes, como el acercamiento o separación con el interlocutor, el movimiento corporal, pequeños contactos, miradas directas, etc., y esos códigos ya no están, se siente que falta algo… y ante ese miedo se tensa la voz y se fuerza la musculatura. Y es que, las sensaciones de no saber si tu comunicación ha llegado produce miedos asociados, como puede ser no asumirse en la imagen de pantalla y tener una voz temblorosa, con una respiración muy alta, sequedad bucal excesiva, carraspeo…”, algo muy parecido a lo que llamamos miedo escénico.

Además, según cuenta Teresa Yerro, nuestra forma de hablar también cambia cuando hay tecnología de por medio, “solemos hablar de una manera más fingida, porque por un lado a la vez que ves al otro, te ves a ti mismo y hay un doble feed-back que en la comunicación normal no existe. La pantalla aumenta tus errores comunicativos. Por ejemplo, si tienes poco sentido del ritmo, puedes aburrir muy pronto o si no articulas bien también, en este caso el propio canal de comunicación puede generar interferencias y no ayudar a prolongar la atención”, asegura.

Entre las profesiones que más riesgo tienen de padecer problemas en las cuerdas vocales, están los profesores, “han modificado el contenido de sus clases para hacerlas más dinámicas, pero su voz y su respiración necesitan también un nuevo entrenamiento. Deben saber cómo articular más claro, con ritmo, con un tono aclarado porque un mal micrófono con voces muy graves puede recortar sus armónicos, saber hacer entonaciones adecuadas, cambios para sorprender para que en el alumnado no decaiga la atención etc.”.

"Si esa persona tiene muchas sesiones y además no está en un ambiente adecuado, puede llegar a tener lesiones en sus cuerdas vocales"

Emociones, descanso, alimentación… todo influye

Videollamadas y teletrabajo aparte, la situación vivida por la pandemia también afecta de otras maneras de las cuerdas vocales. Por un lado, el estado emocional o anímico, pues las cuerdas vocales son especialmente susceptibles a las emociones, “una persona triste, sin motivación, tiene menos armas para disimular. La tensión se va a manifestar en una respiración alta, sensación de ahogo, sequedad y voz temblorosa o gallosa. Si esa persona tiene muchas sesiones y además no está en un ambiente adecuado, hay algo de ruido de fondo, con una postura adelantada hacia la pantalla… puede llegar a tener lesiones en sus cuerdas vocales”. 

Por otro, también influye mucho en la voz  la alimentación, alterada en muchas ocasiones debido a la pandemia, “las malas digestiones si tomamos comidas pesadas, puede dar lugar a reflujo, un ácido nocivo para las cuerdas. También si cenamos tarde, ya que el posicionamiento horizontal favorece la subida del reflujo y por la mañana puedes levantarte con una voz sin timbre y con muchas flemas”. 

Por último, no descansar lo suficiente favorece la aparición de problemas en la voz, pues “dormir es lo que más favorece al aparato fonatorio, ayuda a bajar la inflamación de las cuerdas y es el momento en el que la musculatura vocal y la respiración se relajan y puede ayudar a curar lesiones”, apunta Yerro.

Cómo prevenimos estos problemas

En el momento en el que detectemos algún problema en nuestra voz, como “ver que al final del día estás muy cansado y que tu voz con el sueño no logra recuperarse, si realizas pequeños cambios de entonación o cuesta mantener una conversación prolongada”, lo recomendable es acudir a un otorrino para que nos examine y a un logopeda si necesitamos rehabilitación. Pero para no llegar a tener que hacerlo y prevenir estos problemas, Teresa Yerro nos da algunos consejos mientras teletrabajamos:

•Realizar pausas entre sesiones de al menos 10 minutos. Se puede aprovechar para levantarse, movilizar hombros, cuello, estirar la columna…

•Beber agua o infusiones con asiduidad en pequeños sorbos, como dos litros diarios.

•Hacer ejercicios de calentamiento vocal antes de empezar la jornada laboral, como hacer sonidos de sirenas con suavidad en un tono normal.

•Articular con claridad.

Posicionarse a una altura la pantalla para que el contacto ocular sea claro y con buena iluminación. Buscar encuadres que no sean solo la cara, sino que enfoquen por lo menos el pecho. Esto te permitirá no inclinar el cuerpo hacia delante y ser más natural.

El sitio debe ser silencioso y sin distracciones.

No gritar ni elevar el tono más de lo habitual. Para ello, asegúrate de que tienes un buen micrófono. Recuerda que el receptor puede subir o bajar el volumen de su ordenador y que por mucho que intentemos forzar el volumen, la otra persona lo puede modificar. 

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