Vacunar a los monos: la estrategia de científicos en Brasil para evitar otra posible pandemia

  • El país ya detectó en el pasado brotes de fiebre amarilla, que salta de los monos a las personas a través de los mosquitos.
Imagen de un ejemplar de mono tamarino león dorado.
Imagen de un ejemplar de mono tamarino león dorado.
WIKIPEDIA

En Brasil, el segundo país más castigado por el coronavirus en el mundo -por detrás de EE UU-, los científicos llevan años tratando de evitar una pandemia mucho más letal que la del coronavirus con una estrategia sorprendente: vacunando a los monos. El objetivo es cortar de raíz posibles futuros brotes de fiebre amarilla, una enfermedad vírica que se contagia de los primates a los humanos a través de los mosquitos.

En concreto, los expertos han observado que esta enfermedad parece propagarse rápido entre los monos tamarinos león dorado, y de ahí a los humanos gracias a la gran cantidad de mosquitos que habitan los bosques de Brasil.

"Una forma de detener la propagación de la enfermedad es vacunar a los humanos y a los tamarinos" por igual, sostiene la investigadora de genética y primates de la Universidad de Río Mirela D'Arc, en declaraciones a la BBC.

Los investigadores apuntan a un factor fundamental que haría que el próximo brote de fiebre amarilla sea más mortal que los anteriores -el último se produjo en 2017-. La acción de los humanos sobre la selva, el hábitat de los primates, ha provocado una mayor cercanía entre ambas especies.

Además, la proximidad de las zonas urbanas a los bosques crea las condiciones óptimas para la aparición de una epidemia de mayor magnitud que las pasadas, lo que preocupa a los científicos.

A pesar de que existe una vacuna "muy eficaz", apunta D'Arc, no toda la población brasileña está inmunizada contra la fiebre amarilla, una vacuna que se suministra de forma gratuita, y en las ciudades más grandes del país la tasa de vacunación ronda el 50%.

Según ha explicado Carlos Ramón Ruiz-Miranda, biólogo conservacionista de la Universidad Estatal del Norte de Río de Janeiro, el brote anterior de 2017, que mermó considerablemente la población de tamarinos, les mostró que no solo los humanos podían ser vulnerables a una enfermedad.

Por ese motivo han comenzado también a vacunar a los tamarinos y en dos años planean vacunar a 500 ejemplares de estos monos.

"Si se vacuna a los monos, hay menos individuos portadores de la enfermedad", sostiene, Ruiz-Miranda. "Es una inmunidad de rebaño", agrega.

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